Coronavirus, crisis, protestas y polarización: un cóctel explosivo en Israel

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Las protestas contra el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por la crisis económica y sus casos de corrupción, han generado enfrentamientos en las calles

entre sus detractores y extremistas de ultraderecha que lo defienden, profundizando un clima de polarización social que trae malos recuerdos en el país. Y la tensión se agudiza con un rebrote del coronavirus, que obligó a volver a imponer restricciones.

En Israel es habitual que las protestas de un grupo con una marcada orientación política estén acompañadas de otra con opiniones opuestas. Suelen llamarse traidores unos a otros, insultarse y provocarse, probando los límites del cordón policial que los separa, que generalmente suele evitar enfrentamientos violentos.

Esta dinámica resume, de alguna manera, la tensión social existente en el país desde hace décadas, que, con contadas y memorables excepciones, no suele estar acompañada de violencia física.

Manifestantes de derecha contra los de izquierda, religiosos contra seculares, grupos a favor o en contra de tal o cual causa o líder, los ejemplos sobran, la tensión se acumula y se descarga verbalmente, cara a cara o, últimamente, a través de las redes sociales.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enfrenta protestas diarias mientras la justicia lo juzga por corrupción. /REUTERS

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enfrenta protestas diarias mientras la justicia lo juzga por corrupción. /REUTERS

Sin embargo, el jueves de la semana pasada, durante una de las casi diarias protestas contra Netanyahu, activistas de ultraderecha, en su mayoría de La Familia, una facción de hinchas violentos del equipo de fútbol Beitar Jerusalén, salieron a recorrer las calles de la Ciudad Santa en busca de manifestantes, y golpearon e insultaron a varios.

Desde el gobierno, silencio absoluto. Ni una palabra.

El sábado pasado, día en el que tienen lugar las protestas más numerosas, los incidentes aumentaron: un hombre fue apuñalado en el sur en un enfrentamiento con activistas de derechas, arrojaron a un padre y un hijo gas pimienta desde un automóvil en la ciudad de Ramat Gan y numerosos manifestantes fueron golpeados en las calles de Jerusalén, uno de ellos por no responder a la pregunta: "¿A favor de Bibi o en contra de Bibi?", apodo del primer ministro.

Manifestantes contra el gobierno de Netanyahu protestan este sábado en un puende de Tel Aviv, en Israel. /AFP

Manifestantes contra el gobierno de Netanyahu protestan este sábado en un puende de Tel Aviv, en Israel. /AFP

Esa misma noche, Netanyahu había calificado a los manifestantes en su contra como "izquierdistas" y "anarquistas". Al día siguiente, nuevamente silencio, mientras políticos del centro y la izquierda ya reclamaban "democracia", "libertad de expresión", "derecho a protestar.

El pasado martes, la violencia se trasladó a Tel Aviv: otro grupo de ultras agresivos se infiltró en una protesta contra el ministro de Seguridad Pública, Amir Ohana, y se enfrentó a los manifestantes. Múltiples peleas, a puño limpio, con botellas y palos de madera, motivadas por ideología, en el corazón de la ciudad. La policía tardó en intervenir, hubo varias detenciones y al menos cinco heridos.

Catarata de reacciones

Entonces sí, la lluvia de reacciones no se hizo esperar y el primer ministro se refirió a los incidentes: "No hay lugar para la violencia, por ningún motivo", dijo en un mensaje a través de su cuenta de Facebook. Un texto que también aprovechó para denunciar lo que considera incitación contra su persona.

Yair Lapid, jefe de la oposición, subió el tono. Lo acusó de tener "sangre en las manos" y dijo que la forma en que había descrito a quienes se manifestaban contra él era "incitación" contra ellos que, advirtió, "está conduciendo a Israel a una guerra civil".

El sábado pasado, una multitud llenó la calle en Jerusalén para manifestarse contra el gobierno de Benjamin Netanyahu. /EFE

El sábado pasado, una multitud llenó la calle en Jerusalén para manifestarse contra el gobierno de Benjamin Netanyahu. /EFE

Ese mismo día, el presidente, Reuven Rivlin, considerado por muchos como la voz de la cordura de la derecha israelí, fue tajante y advirtió, en referencia a los incidentes violentos: "La muerte de un manifestante que acude a una protesta en Israel, o el asesinato de un primer ministro israelí, no son escenarios inimaginables", recordando a los ciudadanos el asesinato en 1995 del premier Isaac Rabin ​por un ultraderechista opuesto al proceso de paz con los palestinos.

En su columna en el periódico Yediot Aharonot, el analista Nahum Barnea reconoció su preocupación y recordó el asesinato de un manifestante contra la guerra en Líbano en 1983, producto del lanzamiento de una granada por parte de Yona Avrushmi, un activista de derechas. "A veces la historia se repite. No estoy preocupado por otro Yigal Amir -extremista que asesinó a Rabin-, estoy preocupado por otro Avrushmi, y estamos al borde", escribió.

Tras una nueva protesta este último jueves, con los grupos pro y anti Netanyahu separados por la Policía en distintas partes de Jerusalén, y con los ánimos inflamados tras nuevas denuncias del primer ministro el viernes por lo que considera incitación en su contra, la manifestación prevista para la noche de este sábado será el termómetro que permita medir la temperatura de la sociedad israelí, que está en aumento y con un pronóstico poco alentador.

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Restricciones por la pandemia

En medio de la tensión política, el Ministerio de Sanidad israelí informó el viernes que la cifra de muertos por la pandemia de coronavirus alcanzó los 509, y ya son 70.582 los casos confirmados, en una segunda oleada que azota con fuerza al país y que ha llevado al gobierno a imponer un cierre parcial durante los fines de semana.

Por segundo fin de semana consecutivo, todos los comercios no esenciales deberán cerrar a las cinco de la tarde y no podrán reabrir hasta el domingo por la mañana, en una medida que ha generado el rechazo de grupos de trabajadores, que amenazan con no atenerse a las restricciones.

El nuevo coordinador nacional para la pandemia, Ronni Gamzu, presentó esta semana el nuevo plan gubernamental para frenar la propagación de la enfermedad, que da más poder al Ejército y prevé aumentar el número de pruebas y controles para evitar la imposición de nuevas restricciones.

Por otra parte, el miércoles pasado se aprobó una paga única a casi todos los ciudadanos, en el marco de una serie de medidas económicas para mermar el impacto de la crisis en la sociedad, que registra niveles de desempleo superiores al 20%.

Miles de trabajadores llevan semanas manifestándose casi diariamente y exigen mayor apoyo económico de parte del gobierno, a quien acusan de haber gestionado la crisis de forma irresponsable.

Por Pablo Duer, agencia EFE