Tras los pasos del "Carnicero de Lyon", el jerarca nazi que siguió torturando y matando en Bolivia

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En el corazón de la ciudad: entre hombres de negocios apresurados, enamorados que se besan en los bancos e indígenas con vestidos coloridos que venden mercadería, él se paseaba por el

Prado a menudo, de arriba a abajo. Se dice que a veces caminaba y charlaba a lo largo del paseo durante horas. Él, ese europeo blanco al que todos recuerdan como un caballero bien vestido y muy amigable —hasta hoy en día. Había vivido en Bolivia durante 32 años. La mayor parte de ese tiempo aquí en la ciudad de La Paz, en los Andes. A 3600 metros de altura. Tan cerca del cielo. Y aun así, incluso aquí, mandó a mucha gente al infierno.

Klaus Barbie, alias Klaus Altmann. El Carnicero de Lyon. El viejo nazi. No se sabe por dónde empezar con la historia de este monstruo alemán. Por ejemplo, ¿con el Barbie adolescente, aquel que impulsado por un gran celo religioso quería ser sacerdote? ¿Ese que recuerda sus últimos años con su padre tiránico y alcohólico en Tréveris como un "tiempo de terrible sufrimiento"? ¿O con el joven Barbie que amaba la puntualidad, el orden y la camaradería, y se unió a las Juventudes Hitlerianas en 1933? ¿O el Barbie que hizo carrera con los nazis? ¿Aquel que finalmente fue nombrado jefe de la Gestapo en la ciudad francesa de Lyon y asumió el mando en 1942 con las palabras: "He venido a matar"? ¿O el Barbie que pasó a llamarse Altmann y se convirtió en el hombre de las misiones especiales en Bolivia?

Un hombre con dos apellidos. Con dos vidas. La primera en Europa. La segunda en América del Sur.

"Le pidió a mi padre que me ‘prestara’ un rato, así lo formuló", recuerda Ricardo Ragendorfer. "Mi padre lo hizo, y me fui con Barbie a la tienda más próxima del pueblo, donde me compró dulces". Esta experiencia se remonta a unos 60 años. El hombre amistoso con los niños trabajaba para su padre. "Tanto mi padre como mi madre eran judíos que habían huido de los nazis", dice Ragendorfer, que tiene raíces austriacas. Bolivia fue uno de los pocos países que emitió visas para los judíos que huían de Europa. La joven familia vivía en Los Yungas, en la selva boliviana, no lejos de La Paz.

Segunda Guerra Mundial: Lyon es ocupada por los alemanes. El Obersturmführer de las SS Klaus Barbie es enviado allí en 1942. Su principal tarea: perseguir y exterminar a los judíos y a los combatientes de la resistencia francesa. Su especialidad: métodos de tortura brutales. Con alegría sádica, Barbie, el jefe de la Gestapo, interroga a los prisioneros. Miles de franceses y judíos son torturados o deportados hasta la muerte. Rápidamente se lo conoce como el "Carnicero de Lyon". Pero los aliados se acercan, y pronto Francia será liberada de los nazis. A tiempo, Barbie huye a Alemania en 1944. Vagando por el país devastado por la guerra, durante ese tiempo incluso es ascendido a SS-Hauptsturmführer. Finalmente, la guerra acaba en la primavera de 1945. Poco antes, Barbie se quita el uniforme de las SS y se esfuma. Para sobrevivir, vende cigarrillos y manteca en el mercado negro. Se forma una red clandestina de viejos nazis, que se ayudan entre sí. Las autoridades francesas buscan a Barbie. En los años siguientes, lo condenarán a muerte varias veces en su ausencia.

"Pues, el gerente del aserradero de mi padre era un alemán puntual", dice el calvo Ragendorfer, ahora un renombrado periodista en Argentina. "Yo tenía tres años, él a veces me cargaba en sus brazos o me tomaba de la mano". Poco después, la familia judía se mudó a Buenos Aires. El aserradero en la selva fue vendido. Ragendorfer todavía recuerda bien el momento, años más tarde, en el que su madre abrió un periódico, vio la foto del Carnicero de Lyon y dijo sorprendida: "¡Pero si es el gerente del aserradero!". "Mi padre se puso pálido", dice el hombre que ahora tiene 62 años. "Ahí me enteré de quién era en realidad el simpático tío Klaus".

La Ruta de las Ratas

La suerte de Barbie: en 1948, gracias a sus amigos nazis, se pone en contacto con el servicio secreto de EE.UU. en Augsburgo. Lo contratan. La misión del agente Barbie es proporcionar inteligencia para ayudar a combatir al enemigo encarnado en el comunismo. Los americanos saben que es buscado en Francia. Para 1951, ya les resulta demasiado arriesgado. No lo quieren en su nómina en caso de que sea descubierto. ¿Y ahora qué? ¿Qué se hace con un agente no deseado que sabe demasiado? Los americanos deciden ayudar a Barbie a escapar, a través de lo que llaman la Ruta de las Ratas. Bajo la protección de EE.UU. y con la ayuda de la Iglesia católica, muchos nazis buscados escaparon por esta ruta a América del Sur.

La cédula de la identidad con la que Barbie llegó a Bolivia./ Archivo

La cédula de la identidad con la que Barbie llegó a Bolivia./ Archivo

Barbie obtiene un nuevo pasaporte, una nueva identidad: Klaus Altmann. Con su esposa y sus dos hijos viaja a través de los Alpes hasta Roma. De allí a la ciudad portuaria de Génova. Luego, toma un barco directamente a Sudamérica. Finalmente, viaja por tierra desde Buenos Aires hasta Bolivia, su nuevo hogar.

Bolivia. Uno de los países más pobres de América del Sur. Hoy en día, muchas áreas siguen siendo muy rústicas, salvajes e intransitables. Suele ser un lugar caótico, donde las leyes pueden evadirse si se dispone de los contactos y el dinero necesarios.

Hace 70 años era aún más salvaje. Un país ideal para establecerse y permanecer sin ser descubierto. Eso fue algo que le resultó claro a Barbie de inmediato.

El hombre con dos apellidos, Klaus Barbie, alias Klaus Altmann, el Carnicero de Lyon que siguió matando desde Bolivia.

El hombre con dos apellidos, Klaus Barbie, alias Klaus Altmann, el Carnicero de Lyon que siguió matando desde Bolivia.

Después de una corta estadía en La Paz, Barbie se afinca los primeros años en Los Yungas, donde vive con su familia en una cabaña y trabaja como gerente de un aserradero. Más tarde escribirá sobre esta época: "Selva a lo largo y ancho, aislado del mundo, sin periódicos, sin radio, nada. Este era el lugar adecuado para que me recuperara de las dificultades de la guerra y la posguerra".

"Ah, Banzer, ese era un cerdo", dice el hombrecito delgado. Sacude la cabeza y apoya la cara en sus manos como un sufriente. José* fue un general en Bolivia durante la sangrienta dictadura militar del dictador de origen alemán Hugo Banzer (1971-78). Hoy José tiene 76 años, es jubilado y en este momento está borracho en un pequeño bar de La Paz. Es más de medianoche. "¿Me entiendes? ¡Un verdadero cerdo! Era un mentiroso, un cobarde. Me arrepiento mucho de haberlo apoyado en esos tiempos", dice José mientras bebe otra cerveza Corona. ¿Y Klaus Barbie? "Claro, yo lo conocía. Barbie trabajó estrechamente con Banzer".

Barbie no soporta más el aislamiento de la jungla, llena de mosquitos. Se muda a La Paz, donde tiene el Colegio Alemán para sus hijos y el Club Alemán para sí mismo. Un club, donde incluso después de la guerra —al menos hasta los años 60— los judíos son excluidos. Donde el discurso nazi y el saludo hitleriano son moneda corriente. No es de extrañar que alguien como Barbie sea bien recibido allí. Con el apoyo de viejos alemanes y hombres de negocios, rápidamente establece contactos con políticos y militares. Y pronto las sangrientas dictaduras asolarán el país, varias entre 1964 y 1982.

"Barbie llegó a Bolivia hecho un experto, ya había aprendido a torturar y matar en Europa", dice José con un lamento: "¡Ay!". Vuelve a cubrirse la cara con las manos. Parece estar quebrado. Sobre todo, parece alguien que no tiene la conciencia tranquila. "Barbie sabía más que nosotros, los bolivianos, así que él nos enseñó". José mira pensativo hacia el pequeño escenario del bar. Un cantante envejecido con un peinado al estilo de Elvis Presley canta canciones de los viejos tiempos. Cuando están en español, José se le une por momentos. Luego continúa: "Cuando Banzer recibía visitas de otros políticos, de empresarios, de periodistas, Barbie se paraba detrás de él, del otro lado de una pared, invisible para los invitados". Barbie inspeccionaba a la gente. Cuando se marchaban, le decía al dictador "a quién eliminar y a quién no". Ay, José sigue bebiendo cerveza.

Unos días después, José negará todo lo que dijo esa noche en el pequeño bar. Y no será el único que se retracte. Además, casi todos los que hablan de Barbie insisten en no ser mencionados por su nombre.

La Paz, la ciudad andina con forma de caldera y una población de unos 800.000 habitantes.

La Paz, la ciudad andina con forma de caldera y una población de unos 800.000 habitantes.

La Paz, la ciudad andina con forma de caldera y una población de unos 800.000 habitantes. Con innumerables casas pequeñas y sencillas construidas en las laderas empinadas. Una ciudad que parece grande, pero no lo es. La gente se conoce. Eso tiene que ver con los diferentes grupos culturales que se mueven en mundos paralelos. Los grupos indígenas viven principalmente en las laderas. Las clases más ricas tienden a vivir en el centro y la Zona Sur de la ciudad. En este reducido mundo de políticos, militares, de gente formada, en su mayoría blancos, en su mayoría ricos, todo el mundo se conoce. Por eso nadie quiere saber demasiado, nadie quiere ser considerado un traidor, nadie quiere ser vulnerable.

La captura del Che Guevara

Cuando la situación se torna brutal en Bolivia, Barbie, alias Altmann, siempre tiene las manos metidas. Se involucra en los preparativos de golpes, en la eliminación de opositores al régimen, en la tortura y el asesinato, en el tráfico de armas. Incluso ayuda a organizar la captura del Che Guevara en Bolivia. Asesora a las Fuerzas Armadas bolivianas en la emboscada al Che, en la cual lo asesinan por orden de la CIA en 1967. El poder y la influencia de Barbie es considerable. Tiene libre acceso al Palacio Presidencial. En 1980 incluso recibe un rango militar honorario para un extranjero en Bolivia: teniente coronel. Ese año tiene lugar el último golpe militar en el país andino. El general Luis García Meza establece una narcodictadura —como se la llamará después—, pues los militares ganan fortunas con el tráfico de cocaína. García Meza lleva millones de dólares a Suiza. Barbie participa en la violencia masiva y el tráfico de drogas.

Foto tomada en 1967, en Vallegrande, Bolivia, muestra el cuerpo de Ernesto Che Guevara. / Archivo

Foto tomada en 1967, en Vallegrande, Bolivia, muestra el cuerpo de Ernesto Che Guevara. / Archivo

"Barbie era mi amigo". En esos tiempos, se reunía con él regularmente, dice Aziz*, quien habrá tenido unos 20 años en los años 80. Con Barbie, tomaba café en el centro de la ciudad o caminaba por el Paseo del Prado. Aziz es un hombre delgado y canoso. Su mirada es insistente, con facetas oscuras. Está sentado en un café de la Zona Sur. Casado con una mujer muy rica de la clase alta boliviana, Aziz toma un sorbo de expreso, piensa en algo, en realidad prefiere no hablar más de Barbie. Sin embargo, dice de repente: "Bueno, Barbie y yo, hablamos de los judíos. Soy palestino". Lanza una mirada significativa, espera un rato. "¿O usted cree en serio que hubo seis millones de judíos asesinados durante el nacionalsocialismo?". Pone la cifra en duda. Cuando Aziz habla, la ira brilla en sus ojos. "Nunca he podido visitar la casa de mi familia en Jerusalén. No tengo acceso, los judíos viven allí ahora".

Aunque Barbie haga negocios con judíos en Bolivia, su aversión a ellos nunca cambia. Y, como el destino quiso, es una pareja judía la que finalmente lo desenmascara. Beate y Serge Klarsfeld reconocen al viejo nazi en una foto tomada en una reunión con empresarios en el lago Titicaca. La pareja franco-alemana se asegura de que esta revelación llegue a los medios: en Bolivia, en Francia, en Alemania, en todas partes. Al principio Barbie tiene suerte, porque los militares en Bolivia le dan protección y no lo entregan. Pero cuando retorna la democracia, a Barbie comienza a llegarle la hora. En 1983, en una acción nocturna, el hombre de 69 años es puesto en un avión por orden de los nuevos políticos y entregado a Francia.

"Mi tío era alemán. Me contó cómo Barbie —cuando estaba borracho— tocó el piano en el Club Alemán y cantó en francés", dice Ramón**. Es una mañana soleada en La Paz, el elegante empresario está desayunando en un restaurante de la Zona Sur. En realidad, está ahí porque hoy va a mostrar el VW Escarabajo de Barbie. Lo dejó estacionado a la vuelta. "Barbie solía fingir que no sabía ni una palabra de francés. Si se lo preguntabas al pasar después de una noche de fiesta, no sabía nada de nada". El primo de Ramón* también era amigo del viejo nazi. El militar fue incluso la mano derecha de Barbie durante un tiempo. Justo después de la última dictadura, hallaron al primo en su finca acribillado a balazos. "Venganza tomada".

El VW Escarabajo amarillo de Klaus Barbie.

El VW Escarabajo amarillo de Klaus Barbie.

Ramón* pertenece a una familia que lleva generaciones en La Paz. Cuando termina su opulento desayuno, muestra el Escarabajo con el que Barbie paseaba por las calles de la ciudad andina. El auto solía ser blanco, Ramón* lo pintó de amarillo. "Lo alquilo a menudo, para publicidad o para bodas", dice el hombre corpulento de cincuenta y tantos años. "Es que es el único Escarabajo descapotable de Bolivia". Más aún: "Un museo de Lyon quiso comprármelo". Pero Ramón* no quería venderlo. ¿Está orgulloso de este auto histórico? "No, no puedo estar orgulloso de tener el auto de un criminal", dice mientras agita las manos y añade: "Tengo muchos amigos judíos".

No obstante, Ramón* se complace en informar que tiene los papeles originales del vehículo y el permiso de conducir de Barbie. Ramón* conoció al viejo nazi en 1980, solo brevemente. Cuando compró el Escarabajo, Barbie —que entonces tenía 66 años— tuvo que estar presente para firmar los papeles. En la escribanía. "Parecía un viejo frágil, apenas dijo una palabra, evitó al público", dice Ramón*. "Probablemente ya tenía un presentimiento de lo que iba a tener que enfrentar".

El auto de Barbie es el único Escarabajo descapotable de Bolivia. Ahora se alquila.

El auto de Barbie es el único Escarabajo descapotable de Bolivia. Ahora se alquila.

Barbie será juzgado en Lyon. En 37 días de juicio. Las víctimas cuentan lo que les hizo el antiguo jefe de la Gestapo. Barbie está ausente en muchos días del proceso. Cuando está presente, se lo ve taciturno, silencioso. Normalmente se limita a repetir su frase estándar: "No tengo nada que decir". Los crímenes resumidos: durante los 21 meses que Barbie estuvo al frente de la Gestapo en Lyon, hubo 14 311 arrestos, 7591 deportaciones y 4342 ejecuciones en la ciudad. Sin embargo, Barbie se hizo conocido en todo el mundo por la deportación de 44 niños judíos de entre 3 y 13 años. Los pequeños franceses, belgas, alemanes, austriacos, un polaco, se escondieron en un hogar de niños en un pueblo cerca de Lyon. Barbie los recogió y los envió a morir en las cámaras de gas de Auschwitz. En 1987 Barbie fue sentenciado a cadena perpetua. Nunca muestra remordimiento. Por el contrario, encuentra su encarcelamiento injusto y se llama a sí mismo "un pobre diablo". Muere de cáncer en 1991 a la edad de 77 años, en prisión.

Lo que queda son los testimonios de los combatientes de la resistencia francesa y de los judíos que sobrevivieron: "Barbie es un animal salvaje. Me interrogó durante 19 días seguidos. Me torturó. Cuando se cansó, se quedó a mirar cómo sus matones me torturaban". O: "Barbie fue muy, muy cruel. Me golpeaba como si no percibiera que yo existía. Sus ojos, normalmente brillantes pero errantes como un fuego fatuo, se ponían totalmente negros. Estaba loco. Disfrutaba torturar a la gente". O: "A Barbie le gustaba dispararles a los judíos en la nuca con una pistola. Los ponía en lo alto de una escalera. Si daban un salto mortal perfecto por las escaleras debido a la fuerza del disparo, él estaba feliz". O un periodista de la revista alemana Der Spiegel, que informaba sobre los crímenes de Barbie en ese momento, que resumió "escenas espantosas": "Mujeres desnudas golpeadas hasta quedar inconscientes y luego abusadas sexualmente por perros, sacerdotes católicos torturados por Barbie con descargas eléctricas, colgados de los pies hasta que la sangre les salía de la boca, la nariz y los oídos, niños a los que golpeaba y mataba de hambre día tras día".

Bolivia. Barbie, alias Altmann. Salió del país hace 37 años. A veces los recuerdos de la gente de La Paz parecen muy frescos, como si Barbie aún estuviera allí. El simpático tío Klaus, al que le gustaba dar caramelos a los niños. El señor Altmann, que siempre paseaba por el centro de la ciudad bien vestido e intercambiaba ideas con los demás —cuyos ojos centelleaban cuando tenía rienda suelta para torturar a puerta cerrada. También en Bolivia.

Por Camilla Landbø (*)

* Los nombres son conocidos​

(*) La autora es periodista suiza. Durante siete años escribió desde Buenos Aires sobre temas políticos y sociales de América del Sur. Después de eso, trabajó durante unos dos años en La Paz, Bolivia.