Angela Merkel, la líder que se tornó imprescindible para una Europa que busca renacer tras el golpe del coronavirus

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Pocas veces hizo tanta falta Angela. En la Unión Europea de hoy es el único líder, y prácticamente en el mundo. El solitario punto de referencia como estadista.

Acaba de demostrarlo y le piden con razón que no concrete el retiro que anunció para el año entrante. Que se quede y acepte un nuevo mandato, porque hace más falta que nunca. Angela Merkel, además y principalmente, no sostiene ya la línea de la austeridad que enarboló Alemania durante la crisis de 2008, que tanto daño hizo a los países del sur de Europa por la demanda de feroces ajustes.

El reciente anuncio de un paquete común de rescate entre Berlín y París, para hacer frente a la crisis que dejará la pandemia de coronavirus​, desborda lo que implican en una primera mirada los 500 mil millones de euros de ayuda para la recuperación a fondo perdido. Toda esa acción se trata nada menos que de la restauración del eje franco-alemán, de la posguerra que dio vida al primera capítulo de la integración con la comunidad del Carbón y del Acero.

Tras reunirse, en una conferencia de prensa días atrás, Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron lanzaron lo que es claramente una iniciativa bilateral para poner orden y dar una dirección hacia el futuro a una Unión desconcertada por la tragedia de la pandemia, que ha castigado duramente al continente europeo. La propuesta se erige con vigor frente a la presión de los cuatro disidentes, Austria, Suecia, Dinamarca y Países Bajos, opuestos a esa necesaria mano abierta. 

Alemania y Francia han tomado la iniciativa, recuperando plenamente su liderazgo bicéfalo que se remonta a la fundación de la Unión Europea en la Roma de 1957. Italia es el tercer país de aquel momento histórico. Los restantes de aquella mesa eran Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Pero los reales “padres” de esa Europa fundacional, cuando se multiplicaban los líderes con visión histórica, fueron el alemán Konrad Adenauer, los franceses Jean Monnet y Robert Schuman y el italiano Alcide de Gasperi. Un espejo que está dejando de ser borroso y en el cual parece mirarse la nueva realidad que ha desnudado la enfermedad actual y su consecuencia de devastación económica asociada.

Angela Merkel, en una videoconferencia con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, este lunes. /DPA

Angela Merkel, en una videoconferencia con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, este lunes. /DPA

Monnet, en sus anales de esa enorme iniciativa, señalaba que “nuestro enfoque partía de creaciones limitadas que instituyeran solidaridades de hecho”. Solidaridad para una visión cosmopolita. Con ese antecedente, esta breve memoria que traemos aquí revela que otra vez los tres grandes protagonistas de la Europa unida vuelven a tomarse de las manos en el compromiso de dar un futuro a la Unión de 446 millones de habitantes que hoy representan 27 países.

El episodio demuestra, asimismo, otra vez que en los grandes momentos la comunidad europea no existe sin el entendimiento entre Berlín y París. La circunstancia excepcional revivió al máximo el liderazgo talentoso e inteligente de Merkel, que había anunciado hace tiempo que no presentará en 2021 su candidatura a un quinto mandato como diputada, que la obliga al retiro como jefa del gobierno. Pero pocas veces hizo tanta falta Angela. Esta dirigente política compleja nacida en 1954, presidenta del conservador partido Unión Demócrata Cristiana desde 2000, fue la primera mujer que en 2005 asumió la jefatura del gobierno federal desde que nació el Estado alemán en 1870, y también la primer mandataria originaria de la extinta República Democrática Alemana.

Cambio de rumbo

Con su declaración común con Macron, a quien, de paso, ha trasfundido nueva vida política, la líder alemana abandonó definitivamente la línea que comparten los duros países del norte, encabezados por Holanda, Austria y los escandinavos, que aceptan solo acudir a las graves dificultades de los países del sur con préstamos condicionados y basta. 

Las naciones con más dificultades reclaman un plan de recuperación europea integrado al balance la unión, es decir de todos, que parta de esos 500 mil millones de euros a erogar en subsidios a fondo perdido y no de préstamos que apretarían aún más la soga en el cuello financiero. Es el primer paso de fondos que se calcula crecerán hasta 1,5 billones de euros por la extensión propuesta del presupuesto de la UE y que avala Merkel.

Berlín comenzó a reabrir sus bares y restaurantes la semana pasada, bajo fuertes restricciones, luego de varias semanas de confinamiento. /AFP

Berlín comenzó a reabrir sus bares y restaurantes la semana pasada, bajo fuertes restricciones, luego de varias semanas de confinamiento. /AFP

La gran batalla para sobrevivir la combate Italia en estos momentos por los apremios trágicos de la pandemia o la reapertura de la vida social y las actividades productivas para recuperar la normalidad perdida y superar la crisis económica. Aunque derrotar al coronavirus tiene la prioridad absoluta, aquí y ahora la salvación de la Italia potencia europea, su vida democrática con un buen nivel de vida, se lucha a nivel europeo. De aquel paquete, son cien mil millones de euros la parte que debe llegar desde Bruselas a Roma sin obligación de ser pagado con las condiciones de un préstamo clásico. Ese movimiento representa una inyección formidable de recursos para afrontar una crisis económica sin precedentes destinada a hundir en un diez por ciento la riqueza nacional italiana este año.

Un militar italiano, desinfecta la entrada de una iglesia en Castel di Leva, cerca de Roma, mientras comienza de a poco a levantarse la cuarentena en Italia. /AFP

Un militar italiano, desinfecta la entrada de una iglesia en Castel di Leva, cerca de Roma, mientras comienza de a poco a levantarse la cuarentena en Italia. /AFP

El fondo de recuperación

Merkel y Macron han tomado en sus manos las riendas de la discusión sobre el Fondo de Recuperación como instrumento económico europeo para afrontar la crisis. Los Estados del sur en gran dificultad, sobre todo Italia y España, pretenden “hacer una deuda común”. El viernes próximo la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, deberá elevar su propuesta, que naturalmente seguirá la línea del fondo de 500 mil millones, que pueda ser “ulteriormente mejorado”, como piden las naciones en dificultad.

La línea rígida encabezada por Holanda y Austria, es animada por países de altos ingresos y escasas poblaciones. Alemania, Francia, e Italia junto con España, la otra nación duramente golpeada por esta pesadilla, en cambio forman una línea maciza. De los 446 millones de habitantes de los 27 países, los germanos suman 83 millones, Francia 64 millones, Italia 60 millones y España 47. Reúnen así a la mayoría de los habitantes del bloque. Su voluntad es hegemónica, también por el volumen de su presencia económica. Los cuatro aportan más al balance de la Unión Europea de lo que reciben del organismo comunitario.

La fortaleza política está también de su parte, desde que Merkel hizo propios los objetivos del “Frent del Sur”. La figura de la única líder europea con estatura de estadista está reforzada por su pueblo: el 70% de los alemanes, según un sondeo, quieren que renuncie al retiro y continúe como jefa del gobierno tras las elecciones del año próximo. Angela y sus ministros económicos han lanzado lo que en Europa llaman “bazookas”, aportando más de un billón de euros en apoyo de las industrias y los ingresos de las trabajadores, incluyendo medio millón de euros en favor de los municipios alemanes en dificultad por la pandemia y los serios problemas económicos.

Estas “bazookas”, acumuladas gracias a las gigantescas reservas financieras del Estado alemán, otro mérito de Merkel, en su largo recorrido al frente del poder central alemán, permiten afrontar el drama de la pandemia y sus consecuencias. Un diseño que facilita también reescribir la estrategia en la Unión Europea, recuperar el eje estratégico con Francia e incorporar a Italia y España al frente común que arrastrará sin dudas a la gran mayoría de los 27 países europeos. Tanto talento vale un elogio a la italiana: ¡Un grande capolavoro, brava Angela!”

Roma, corresponsal