La historia de Lady Fierros: cambió el puesto de CEO en una multinacional por el taller mecánico de su papá

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Simone de Beauvoir nos enseñó que la independencia de las mujeres comienza con la billetera. Y algo de eso tuvo siempre en su cabeza Alejandra Hartman, licenciada en Administración, cursos en

el exterior, carrera en compañías grandes como Quick-food en Argentina, Campbell Soup en EE.UU. hasta que llegó a ser CEO de la cadena de óptica holandesa Gran Visión.

Un día se preguntó qué nos pasa a las mujeres, “que no sabemos cambiar una rueda ni entender qué nos dice el mecánico cuando se rompe el auto”.

Para ella esos conocimientos básicos son parte de la independencia que nos enseñó Beauvoir. Y abandonó su cargo ejecutivo para estudiar mecánica y transformarse en la lady de los fierros.

Por cierto, esas inquietudes no fueron las de una recién llegada al mundo de los talleres mecánicos.

Nieta de inmigrantes que llegaron a Entre Ríos, el abuelo se dedicó a la construcción de tractores y su padre emigró a Buenos Aires para dedicarse con el taller Motorica, que cumplió 55 años en Villa Devoto, al arreglo de motores, chapa y pintura.

Fue quien armó el Siam que luce como emblema en la Universidad Di Tella. Y actualmente, con 80 años, sigue al mando.

Alejandra estudió mecánica en carrera acelerada de dos años de duración y con sus conocimientos de marketing apuntaló al taller familiar con una clientela desconocida: las mujeres.

En la Argentina solo el 30% de las licencias de conducir pertenecen a mujeres y pese a que en EE.UU, llegan al 50%, aquí el género femenino no traspasa la frontera del taller, tan necesario en un país con 16 millones vehículos circulando y una antigüedad promedio de ese parque automotor de 15 años.

Cuando hay problemas con el auto se recurre al hombre más cercano. “En parte porque las mujeres no entendemos, creemos que nos engañan con los presupuestos. Y lo mismo ocurre a la hora de elegir un usado”, asegura Hartman.

Como Lady Fierro, Alejandra se propuso acortar esa gran distancia. “Los miedos vienen en muchos casos por falta de conocimiento y la mejor manera para combatirlo es con información”, dice quien observó cómo su propio padre aprendió los nuevos sistemas de autos que vienen sin el carburador y debe guiarse a través de un sistema interconectado. Un scanner ayuda ahora a los mecánicos a encontrar la falla.

En su exposición en las redes sociales, Lady Fierros es atacada muchas veces con “un anda a lavar los platos”.

Los mayores halagos provienen de las camioneras que son pocas, aunque ya representan el 5% de los que circulan por las rutas. ¿Vendrá de esas nuevas afiliadas la renovación en el sindicato de los Moyano?.

Con 47 años, Hartman parece estar en reinvención constante. Ahora se propuso enseñar mecánica a través de juegos. Y está segura que podrá detectar futuros genios femeninos para la industria automotriz. Los necesita en medio de la transformación que parece imponer la pandemia.

En esa ese sector hay muchas mujeres con aportes inmensos. Dorothy Levitt inventó el espejo retrovisor, Florence Lawrence triunfó en Hollywood y su pasión por el motor la llevó a desarrollar el motor intermitente en 1914.

A Margaret Wilcox le debemos la calefacción y a Mary Anderson, el limpiaparabrisas. June McCarrol pensó en la línea divisoria que permitiría circular a cada vehículo por su carril. Sophie Opel fue la primera mujer fabricante de automóviles de 1895. Y Bertha Benz esposa de Carl Benz, la primera mujer en conducir un vehículo a motor. Se ha recorrido un largo camino.