Morir al nacer: cuando el sueño del "parto respetado" se convierte en pesadilla

Sociedad
Lectura

Ahora Teresa se ve mejor. De a poco siente que recupera parte de lo que fue antes de aquel abril de 2017. Rubia, alta, volvió a su peso habitual hace cinco

meses, tras un año de dieta estricta y entrenamiento personalizado. Había subido 15 kilos por la menopausia. Con 41 años, Teresa Falcone debería tener su útero, sus ovarios y a su hija Chavela pero en su parto lo perdió todo. Un año después de aquel día, en una sola operación, le quitaron cinco hernias abdominales de las siete que tenía, le reubicaron el ombligo y le colocaron dos mallas de poliéster especial para cerrar la separación de 11 centímetros que le quedó en el abdomen tras 44 horas de trabajo de parto​. Después de aquel 20 de abril de 2017, Teresa sufrió estrés pos traumático, se deprimió, renunció a su trabajo, se divorció y se arrepintió tanto por confiar en el obstetra que le había prometido un parto respetado.

A principios de 2016, Teresa coordinaba la gerencia general de Catastro de ARBA y criaba a su hija de tres años junto a su marido, Matías Guidobaldi. Ella es arquitecta, él es kinesiólogo y en ese entonces querían tener tres hijos. Teresa tuvo miedo de la violencia obstétrica luego de que una amiga perdiera el útero por la mala praxis de un ginecólogo intervencionista. Por eso, cuando quedó embarazada buscó profesionales que hicieran parto respetado en La Plata. Le hablaron de un obstetra que alentaba a las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su embarazo. Le interesó y fue a verlo a la casa donde atendía, en la esquina de 12 y 38. Cuando Fernando Daverio la recibió, Teresa se encontró con un obstetra que apenas pasaba los 40, no usaba guardapolvo, sonreía y la escuchaba atento.

“Sentí que hablaba con un amigo”, recuerda. Tiempo después supo que ese consultorio no estaba habilitado por el Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires, pero aquella tarde, lo único que supo Teresa era que había encontrado al obstetra que deseaba.

Teresa Falcone y Matías Guidobaldi. Perdieron a su hija Chavela en el parto. Foto: Mauricio Nievas

Teresa Falcone y Matías Guidobaldi. Perdieron a su hija Chavela en el parto. Foto: Mauricio Nievas

Fernando Daverio nació en Bahía Blanca y desde niño, recuerda, ya cuestionaba todo. En 1994 comenzó sus estudios en la facultad de Medicina de la Universidad de La Plata y renegó de su formación. Cursó la residencia en Ginecología y Obstetricia en el Hospital Gutiérrez y se graduó en el 2003. Asegura que durante esa experiencia vio a los médicos intervenir sin motivos: hacían tactos, rompían bolsas, aceleraban partos. Para él las cosas eran diferentes: las embarazadas estaban sanas y había que dejar de tratarlas como enfermas. Al terminar su residencia, Daverio viajó a Jujuy para estudiar los partos en las comunidades originarias: mujeres que parían con una partera y no mucho más. Sintió que encontró lo que buscaba. Desde entonces se dedicó a los partos domiciliarios. Comenzó con el mayor de sus tres hijos. Su esposa, Bárbara Pestaña Guido, comparte su filosofía: es partera, compañera de equipo y también está siendo investigada. Para el 2013, Daverio aseguraba haber asistido más de 50 partos domiciliarios.

En el 2014 creó Gestando entre Pares, una propuesta de atención con talleres de los que participan unas 10 embarazadas con fecha de parto para el mismo mes. El contexto no podía ser mejor: la lucha por la igualdad de derechos y la disputa por la autonomía sobre los cuerpos comenzaban a movilizar a un vasto colectivo de mujeres. Su apellido comenzó a resonar. Lo invitaban a conferencias y a debates. Se había convertido en el obstetra del momento.

El grupo de abril

Hay mujeres que pueden elegir cómo será su parto. Hay mujeres que no. El último informe del Observatorio de Violencia Obstétrica de la organización Las Casildas indicó que a 7 de cada 10 embarazadas les rompieron la bolsa artificialmente, a 6 de cada 10 se les practicó sin motivo el corte en la vagina conocido como episiotomía y a 4 de cada 10 se les prohibió estar acompañadas durante el parto.

Hay mujeres que eligieron a Daverio y parieron sin problemas. “Tuve el parto más hermoso del mundo con Fernando y su equipo”, “lo amo, podría tener un club de fans”, son algunos de sus comentarios en las redes sociales. Hay mujeres que eligieron a Daverio y tuvieron complicaciones que terminaron con daños irreparables y denuncias ante la Justicia.

Teresa había sufrido presión alta durante su primer embarazo. Dos años después perdió el segundo a los cinco meses de gestación. Esos antecedentes y sus 38 años hacían que su tercer embarazo fuera de alto riesgo, pero dijo que su obstetra nunca se lo advirtió. El martes 18 de abril, Teresa empezó con contracciones aisladas y avisó al equipo. Le recomendaron baños de inmersión y vida normal. Ellos le iban a indicar cuando fuera el momento de ir al sanatorio. A las 5 de la madrugada del miércoles rompió bolsa. Una partera la visitó por la noche, le hizo un tacto, le dijo que había que esperar y se fue. Al mediodía del jueves Teresa llevaba dos días sin dormir y sintió que las contracciones habían desaparecido pero el dolor no. Se asustó. Llamó a Daverio, que la citó recién para las 18, pero a las 16 Teresa no podía más: “Pedí que llamaran a la ambulancia porque sentí que me moría, quería ir ya para el sanatorio”. Su marido avisó al equipo pero en lugar de autorizar el traslado le dijeron que se quedara en su casa: a las 17 se presentaron Daverio, una partera y otro obstetra. Querían hacer un parto domiciliario. Teresa y su marido insistieron con ir al sanatorio para sentirse más seguros. 

Teresa llevaba más de 36 horas con la bolsa rota cuando por fin la llevaron, en su propio auto, a la Clínica de la Comunidad de Ensenada. Allí se reencontró con su obstetra.

“Daverio me decía que era una lástima, que si pujaba un poco más iba a tener el parto vaginal que tanto había soñado” recuerda. Le hicieron cesárea y el desenlace fue trágico. Teresa había sufrido desprendimiento de placenta. Su beba se quedó sin oxígeno. La hemorragia interna le infiltró el útero. A las pocas horas de nacer, Chavela falleció. A Teresa, de urgencia, le extirparon el útero y los ovarios, todavía sanos. Dos años y cinco meses después, la pericia evidenció que Teresa había sufrido rotura prematura de bolsa y que ante ese cuadro el obstetra debe disponer internación, seguimiento constante y si el bebé no nace después de 12 horas, hacer una cesárea.

El 17 de abril de este año, el fiscal Fernando Padovan, al frente de la Fiscalía 12, solicitó el procesamiento de Daverio y su equipo por homicidio culposo y lesiones culposas, tras considerar que hubo “vigilancia negligente del trabajo de parto” y un “grave error de diagnóstico” en la extirpación de los ovarios de Teresa. “El comportamiento de los imputados generó un riesgo no permitido, contrario al deber que se les exige”, destaca Padovan y resalta que Daverio y su equipo “tuvieron una posición de dominio de la situación y podrían haber evitado el resultado”. Además, el fiscal aclara: “Si bien durante el ‘parto respetado’ la mujer tiene derecho a evitar las prácticas invasivas, eso no desplaza la obligación de los médicos de garantizar la salud de la madre y de la persona por nacer”.

Cuando se lo consultó a Fernando Daverio por las acusaciones, prefirió no responder.

Los delitos que se le imputan contemplan penas de uno a cinco años de cárcel e inhabilitación de hasta 10 años para ejercer la Medicina. El próximo 18 de junio, deberá presentarse a declarar.

El grupo de mayo

El lunes 24 de abril de 2017, el equipo completo de Gestando entre Pares, con excepción de su líder, reunió al grupo que tenía fecha para mayo. Las parteras les explicaron a las doce embarazadas que Daverio había sufrido “un episodio fatal” con una madre de abril y que se encontraba en shock, por eso no iba a atender sus partos ni podía derivarlas con otro médico. “Nadie trabaja como nosotros” fue toda la explicación. Luego de buscar durante tres días, las doce mujeres encontraron una obstetra y una partera dispuestas a terminar el trabajo. A la semana, una embarazada perdió a su bebé por muerte súbita. A otra le diagnosticaron diabetes gestacional. A pesar de que el control para detectar esa enfermedad se hace en la semana 24, a ella nadie se lo había mencionado.

“Había estudios que determinaban riesgos y ellos no te los informaban. Siempre te repetían ‘Mamá sana, bebé sano, cero riesgo’. Por un lado hablaban de empoderamiento y por el otro intervenían sobre mi decisión de si quiero hacerme un estudio o no”, reflexiona Eva Basterra, de 40 años, cantante, empleada administrativa y madre del grupo de mayo. Dos semanas después del "abandono", las mujeres se enteraron de que el equipo había vuelto a trabajar. Al finalizar el año escribieron un manifiesto donde contaron cómo Gestando entre Pares les había arrebatado el parto que anhelaban. Lo publican en sus redes cada 24 de abril. Lo titularon “Nadie trabaja como nosotros”.

El grupo de Julio

María José Suarez y Fernando Cipollone buscaron su primer hijo cuando terminaron de estudiar y de construir su casa en Berisso. María José tiene 37 años y es artista plástica. Fernando, de 40, es luthier y tiene un local de instrumentos. En noviembre de 2016 ella quedó embarazada. Tenía miedos de primeriza y recordaba que su mejor amiga también los había tenido y logró superarlos con Daverio. Desde un principio, la experiencia de María José fue distinta a la de su amiga. La tarde en que escuchó a las mujeres que ya habían parido, se asustó. Una de ellas contó, divertida y orgullosa, que Daverio había llegado tarde a su casa y que parió sola.

María José Suarez y Fernando Cipollone. Su hija Nina nació con graves problemas de salud. Foto: Mauricio Nievas

María José Suarez y Fernando Cipollone. Su hija Nina nació con graves problemas de salud. Foto: Mauricio Nievas

“¡Por favor a mí no me dejen sola!”, suplicó María José. Para ella, además, la sala de neonatología cerca era una prioridad, por eso optó por el parto en institución. Un mes antes de entrar en fecha, María José se enteró que debía pagar $ 22.000 de honorarios, a pesar de tener obra social. Hoy, un parto con Gestando entre Pares sale $ 60.000 en domicilio y $ 75.000 en institución, seis veces más de lo que pagan las obras sociales a sus obstetras. 

El precio del parto no fue el único cambio repentino para María José: el lugar donde iba a tener a su hija, Nina, no era la clínica donde había parido su amiga sino otra “un poquito más rústica”, según le describió una partera. Cuando María José vio la habitación de la Clínica de la Comunidad entendió a qué se refería: un espacio de tres metros por dos con una cama desvencijada, un sillón de cuerina negra, paredes blanco y bermellón gastado. Reservarla, en el 2017, insumía $7.000 de los $22.000 que costaba el parto.

La Clínica de la Comunidad es el único sanatorio de la región que tiene acuerdo con Fernando Daverio. Su presidente es Juan Manuel de Rosa, quien tiempo atrás fue dirigente de Quebracho y médico personal de Hebe de Bonafini. En el 2009, De Rosa estuvo preso por robo calificado y asociación ilícita por el asalto al Centro Oncológico de Excelencia de La Plata, del que se llevaron 16 equipos de diálisis, y por el robo de dos desfibriladores del Hospital de Gonnet, hallados en su clínica.

“Mamá sana, bebé sano, cero riesgo”

Desde hace dos años María José participa en un grupo de Facebook para embarazadas que buscan obstetras en La Plata. Quiere alertar a las que consultan por el equipo de Daverio. La regla del grupo es que cada mujer hable desde su propia experiencia y sin juzgar las ajenas; entonces ella cuenta lo que le pasó: llegó a Gestando entre Pares buscando quitarse los miedos y en su parto vio cómo se cumplían todos. Nina tenía un desarrollo normal hasta que el 9 de junio una ecografía mostró un crecimiento menor al promedio. La ecógrafa recomendó un nuevo control y una ecografía doppler -para detectar problemas de oxigenación- en un lapso de quince días. María José envió las imágenes al grupo de Whatsapp y una partera contestó: “Hola Majo bella ¡buenísimo! Están re bien”. Cuando llevó los estudios al consultorio, escuchó lo mismo. Se quedó tranquila hasta que el 9 de julio entró en fecha y Nina no nacía. Pidió cita con Daverio. El la revisó, le dijo que estaba todo bien y le prescribió una eco doppler para el 18 de julio.

La tarde del viernes 14 María José sintió las primeras contracciones y avisó al grupo de WhatsApp. Seis horas después, la partera le respondió que aguardara en casa. Hacia la noche del sábado las contracciones aumentaron. A la una de la madrugada del domingo, María José llamó a la partera: “Por tu voz, me doy cuenta que todavía te falta”, recuerda que le diagnosticó. Para las 4 sentía contracciones cada vez más frecuentes y dolorosas y no quiso esperar más. Llegó con su esposo a la clínica al mismo tiempo que la partera. En la habitación, María José sentía que Nina iba a nacer y trataba de retenerla. Fue al baño y Nina nació. En ese instante entraron la partera, el obstetra y el pediatra, que puso a la bebé en el pecho de su madre sin notar que no respiraba. Intentó reanimarla en el piso durante unos minutos y luego la llevó a la sala de Neonatología, donde -según la denuncia- nadie sabía de la inminencia de un parto. En la neo le hicieron maniobras de reanimación de avanzada, con drogas, hasta que volvió la frecuencia cardíaca y convulsionó. Nina estuvo 27 minutos sin oxígeno.

Dos años después, en la investigación que lleva adelante la UFI 12 por el delito de mala praxis, la neonatóloga que reanimó a la beba declaró que Daverio nunca informaba a la neo sobre sus partos: “Solo avisaban cuando había complicaciones y ya con los bebés en la guardia”. También declaró que Nina no fue la última: “Hubo otro caso de un bebé que nació en un domicilio y lo trajeron en un auto el pediatra y Daverio. El bebé estuvo gravísimo”. Después de eso, la neonatóloga renunció.

También renunciaron dos coordinadores del área tras quedar “muy sensibilizados” por los sucesos de Chavela y de Nina, según declaró uno de ellos en la causa.

Cuando se le consultó al presidente de la clínica acerca de la presunta incomunicación entre el equipo de Daverio y la neo, De Rosa respondió: "No estoy al tanto de los pormenores de la denuncia porque nunca se me notificó, no hay causa contra la Clínica de la Comunidad". Con respecto al vínculo del obstetra con la institución que dirige, De Rosa afirmó que "Daverio, al igual que otros 50 colegas, es externo a la clínica, simplemente interna a sus pacientes y las atiende".

Nina era una bebé sana de una mamá sana pero después de sufrir asfixia durante el parto tiene parálisis cerebral, microcefalia, epilepsia refractaria, ve poco, escucha poco, no controla su cuello y no deglute. Daverio nunca le explicó a María José y a su esposo por qué a Nina le faltó oxígeno durante el parto. El abogado de la familia, Alfredo Gascón, denuncia que el equipo desoyó el alerta de la ecografía que mostraba el retraso de desarrollo: “Debieron disponer un seguimiento más frecuente y exhaustivo. Se llevó a María José al extremo de un parto natural, absolutamente contraindicado para estos casos”.

Además, el abogado agrega que, según los testigos, existe al menos otro caso: “Un bebé fue llevado de urgencia a la Clínica de Ensenada después de un parto domiciliario y luego derivado a un centro de mayor complejidad”. La causa se encuentra en etapa de instrucción y, según el fiscal Fernando Padovan, la investigación “avanza fuertemente”.

En el grupo de Facebook para embarazadas que buscan obstetras en La Plata en el que participa María José y en otras redes sociales, al menos otras quince madres relatan experiencias de dolor y miedo con Gestando entre Pares. Mientras espera que se haga Justicia, María José sigue alertando a todas las mujeres que consultan por Daverio: “Te va a decir que el parto es tuyo, que vos podés, que no tengas miedo y cuando más lo necesites, te va a dejar sola”.

Especial para Clarín