"No los vas a ver más": los varones violentos siempre son malos padres

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"Separación difícil", dicen erróneamente los medios italianos. La noticia es que un varón de 45 años, enojado porque no admitía que su esposa hubiera querido separarse, se llevó a sus dos

hijos de vacaciones y los mató. Después se suicidó, pero antes se ocupó de dejarle algunos mensajes a su ex, la madre de los hijos qué él mató: “No los vas a ver más”.

Mario Bressi se llamaba él. Los medios de Italia están desde el fin de semana tratando de reconstruir qué fue lo que pasó en estos días para que este hombre terminara asfixiando y estrangulando a sus gemelos de 12 años. El enfoque -además de los detalles morbosos del asunto- es errado. Lo que pasó este fin de semana es el desenlace de una historia violenta de una sociedad machista.

Matar a los hijos por venganza es algo posible entre los varones violentos. Mario Bressi no fue la excepción. La Asociación Civil La Casa del Encuentro, que lleva las estadísticas de femicidios en Argentina desde 2008, los tiene registrados como "femicidios vinculados" (personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer, que fueron asesinadas por el femicida con el objeto de castigar y destruir psíquicamente a la mujer a quien consideran de su propiedad). En la última década hubo más de 300 femicidios vinculados en Argentina.

La historia local que más se le parece a la italiana es la de Juan Romero, que a comienzos de 2015 sentó a sus mellizos de 7 años en el auto para conducir en contramano a gran velocidad y chocar contra un camión cerca de Concordia, Entre Ríos. Unos de los chicos murió. El otro logró sobrevivir. Romero quería castigarla a ella, y castigó a todos.

Un varón violento nunca es un buen padre. Un varón que maltrata a sus hijos, les pega, los insulta, los agrede, los abusa, es un pésimo padre, es un padre violento que no debería estar cerca de esos niños. Pero si no hace nada de todo esto y sí golpea, insulta, maltrata a la esposa, a la madre de esos niños, también es un varón violento que no debería estar cerca de esos niños. La violencia no sólo debe ser física y directa para que sea violencia. 

Los hijos se identifican con los padres. Un padre violento es un modelo de varón que va a ser violento con sus parejas, con sus hijos. Una madre violentada, sometida y golpeada es otro modelo complejo de superar. Ser testigos de los golpes, de los maltratos y hostigamientos en una forma de violencia para estos hijos que crecen y se crían con estos modelos.

No sorprende lo de Italia, porque así actúan los varones violentos en sociedades y culturas machistas y patriarcales que naturalizan estas relaciones. Lo que pasó en Italia no es una separación difícil. Las separaciones siempre son difíciles. Hay angustia, tristeza, pero las personas son libres y tienen derecho a tener vidas libres de violencia. El concepto "mía o de nadie" no es una muestra de amor, tampoco los celos. Las mujeres no son cosas que deben tener dueño. 

Las mujeres no son de nadie. Los hijos tampoco. Los niños no son objetos sino sujetos de derecho. Y su derecho es a vivir una vida libre de violencia. Los padres violentos no tienen derecho a vivir cerca de estos niños, ni siquiera porque son sus hijos.

Aún hay jueces que proponen revinculaciones con padres abusadores. Aún hay jueces que avalan la teoría del Síndrome de Alienación Parental para desestimar las denuncias de las madres protectoras y dejar que los abusadores sigan ejerciendo sus violencias. Aún hay jueces que permiten la crianza compartida a padres que tienen denuncias de violencia contra sus parejas. Falta perspectiva de género en la justicia.

Creer que un varón puede ser un mal marido pero un gran padre es una contradicción, y una trampa, para miles de madres, niñas y niños.

Un varón puede dejar de ser violento. La violencia se aprende. Es cultural. Dicen los especialistas que estas conductas pueden comenzar a cambiarse cuando empiezan a ser problematizadas, y que hay herramientas para deconstruirse. Muchos varones vienen de padres violentos. Es posible romper con esa identificación. Lo que debe hacer la sociedad es no permitir más esos modelos que refuerzan el machismo. Es la única manera de terminar con la violencia.