
A lo largo de cuatro cuadras sobre Florida entre Corrientes y Córdoba, diferentes performers, bailarines y músicos en vivo fusionarán lo presencial con lo digital, invitando al espectador a escanear un código QR, y la recomendación de contar con auriculares para completar la experiencia. En esos audios se contará al público que esa peatonal fue sede de hitos para las artes escénicas: el nacimiento del teatro argentino de la mano de los hermanos Podestá y Juan Moreira, el movimiento cultural del Instituto Di Tella y la llegada del teatro del absurdo a la Argentina, a partir de “Esperando a Godot”, junto a la emergencia de artistas como Griselda Gambaro y Eduardo Pavlovsky. Y en Galerías Pacífico habrá otra experiencia individual sonora para conocer historias en torno a la mítica galería. Como se lee, son más las experiencias y performances multidisciplinarias que lo teatral a la vieja usanza.
En este sentido consultamos al director del FIBA, Federico Irázabal, quien dijo a este diario: “El festival busca ampliar el espectro y tener espacio para el teatro más tradicional relacionado con el texto, la actuación, la composición de los personajes, hasta proyectos que estén muy atravesados por tecnología. El festival se está realizando en contexto pandémico con lo que intentamos hipotetizar de qué modo continúa la relación que tuvo la escena con la tecnología en 2020 y 21. Hay proyectos vinculados con la inteligencia artificial, la realidad ampliada y nos preguntamos en qué medida hay ahí algo de lo escénico. Cuando hay protagonismo audiovisual absoluto aparece la discusión de si es teatro, danza o no lo es. La relación de la tecnología con la escena tiene milenios, pero en pandemia fue el único refugio posible, generó un enorme debate en el mundo y más en Argentina. La inquietud radicaba en si esos proyectos mediatizados y digitalizados eran o no teatro. ¿Quién dice que el cuerpo es y cuando se lo mediatiza deja de ser un cuerpo? Quien recorra mucho el festival verá que si hay algo de lo que se habla es del cuerpo. Su ausencia, su falta, su dolor, su deterioro, en línea con la amenaza del virus que atravesamos en estos dos últimos años. Y es a la vez un proyecto de vida hacia adelante”.
Hasta el 6 de marzo se podrán ver 35 proyectos, con más de 1500 artistas en escena, en 42 sedes de la ciudad, lo que abarca salas y espacios culturales, lugares no convencionales y al aire libre. Se realizará además el “Fibita”, con espectáculos para la familia, en tanto el foco volverá a estar puesto en las temáticas vinculadas con la perspectiva de género, las políticas de diversidad e inclusión, la comunicación sustentable y el cuidado del ambiente.
Del menú internacional, puede destacarse “El porvenir”, de Clément Bondu, sobre los refugiados en Europa, en Dumont 4040; “Real heroes”, de Mauro Lamanna y Juan Pablo Aguilera, espectáculo de realidad virtual inmersivo cuyo punto de encuentro es el Centro Cultural Recoleta; “Her body as words”, de Peggy Baker, instalación sonora y fílmica sobre la identidad femenina, en el Met; “Ceci est une rencontré”, de Marthe Krummenacher, una experiencia de danza, música e improvisación mediante artistas que no se conocen, en la UNA; entre otros. De los proyectos nacionales coproducidos para estrenar en este marco destacamos: “Soy teatro”, de Gaby Blanco, intervención en la que un actor que trabaja de delivery descubre lo que pasa afuera como hecho teatral. Se recorren locales del barrio de Once donde presentan obras breves. “¿Una y mil?” de Sebastián Suñé y Jimena del Pozo Peñalva se presenta en el Cultural San Martín en tanto habrá una nueva versión “Openhouse” de Daniel Veronese en el Sarmiento.
De las obras locales invitadas a presentarse en el festival destacamos “Luz Testigo” de Javier Daulte en Espacio Callejón, “Como una perra en un descampado” dirigida por Corina Fiorillo en El extranjero; “Fuck me” de Marina Otero en el 25 de mayo y “Chicos de Varsovia”, dirigida por Denis Smith en el Cultural San Martín.





