
Diego Rinaldi: Es una comedia inspirada en lo que sucedió después de la caída del Muro, que dejó símbolos del otro lado y la gente salió a militar. Tiene que ver con aquellos años de pasión y militancia. Creo que el público se ve interpelado con esa pregunta por los sueños y el ideal de aquellos tiempos, además de una mirada concreta sobre una nueva revolución, un nuevo construir con sueños vigentes desde otro lugar. No lo asocio directamente con la lucha feminista pero hay algo de los personajes que vuelven a creer en la lucha y otros que dejaron sus ideales de lado porque se aburguesaron, o porque la vida los pasó por arriba.
Emilia Mazer: Me interesó porque es una comedia disparatada que toma con humor acontecimientos históricos que marcaron nuestras vidas. Mi personaje se ve enfrentado a tomar decisiones que imaginaba resueltas.
P.: ¿Cómo opera la comedia?
D.R.: Un padre de familia se va a retomar su revolución, que fue frustrada, mientras en Berlín estaban luchando. Pero cuando regresa, encuentra una realidad diferente de la que esperaba, creía que lo recibirían con bombos pero se equivocó. En ese choque que experimentan los personajes empieza a suceder el humor y la comedia que plantea Winer.
P.: ¿Qué otros temas toca la obra?
D.R.: Qué ocurre cuando alguien vuelve y uno de los dos queda detenido en el tiempo. Es una comedia sobre el amor cuando se transforma, sobre la amistad, las traiciones, se pregunta dónde quedaron aquellos sueños de juventud.
E.M.: La obra hace referencia a la época en que las ideologías formaban parte de una kermés de ilusiones, con aciertos y errores.
P.: Se estrenó hace diez años, ¿le añadieron cambios?
D.R.: Hay algunos cambios porque se plantea algo sobre los colectivos que hoy está muy presentes, entonces modificamos un planteo final que quedaba anacrónico a tono con el hoy. Si bien transcurre en una época determinada, en nuestra versión podría suceder en cualquier momento, habla del muro pero se puede adaptar a cualquier revolución.
P.: Resuena en algo a “Goodbye Lenin”, que hablaba de preservar a una madre en su ilusión de que el Muro no había caído.
E.M.: En algún lugar sí, mi personaje se ve trasladado a un momento de su vida que creía olvidado, con pensamientos, anhelos, sueños de su juventud que se reactualizan.
P.: ¿Cómo ven este momento de las artes escénicas?
D.R.: Veníamos castigados hace tiempo, no sólo por las múltiples plataformas que reducen el púbico de teatro sino porque no hay un nuevo espectador que se esté formando. Si bien hay cierto renacer pospandemia, no es habitual que los espectáculos duren muchos meses en cartel como nos pasa con “Radojka”, que lanzamos junto con “Brujas” ni bien volvió el teatro en 2020 y todavía continuamos. Hay que apuntar a formar público de teatro, tengo alumnos que estudian teatro pero les cuesta ir, parecería que quieren ser famosos o influencers para subir contenidos pero no se interesan por eso mismo que estudian. Hay que apuntar a la combinación de una actriz como Emilia a quien pueden conocer las señoras por las novelas y llevarla al off, lo que genera que públicos nuevos se acerquen, o llevar gente joven a la calle Corrientes, que está hermosa, iluminada, pero no lleva la afluencia deseada.
E.M.: Veo un resurgir de espectáculos y en mi caso me propongo recuperar ese tiempo detenido y triste que a todos nos tocó atravesar. Alguna gente más afectada que otra pero nadie quedó afuera de esta pandemia. Poder transitarla teatralmente y volver al teatro independiente es gratificante.





