
En un intento de apaciguar los reclamos, el Gobierno había eliminado el fin de semana el impuesto a los combustibles y decretó un aumento del 10% del sueldo mínimo, que subirá a 1.025 soles (u$s277) a partir del 1 de mayo.
Pero la central sindical CGTP, la principal del país, consideró insuficiente el aumento y llamó a sus afiliados a marchar mañana.
El fin del toque de queda fue recibido con vítores por centenares de manifestantes congregados cerca del edificio del Congreso y en otras partes de Lima, afirmando que le habían doblado la mano al presidente. “El presidente Castillo anuncia que se levanta la inamovilidad. ¡El pueblo lo hizo!”, tuiteó Alva.
Patrullas militares y policiales custodiaban este martes las semi vacías calles de Lima, haciendo cumplir el toque de queda diurno decretado por Castillo para contener las protestas por el alza de precios. La medida excepcional, que debía durar hasta la medianoche de ayer, fue repudiada por amplios sectores de la población, incluidos líderes de izquierda.
“Las medidas que se toman, como las que se tomaron no son para ir contra el pueblo, sino para resguardar la vida de los compatriotas”, expresó Castillo, quien enfrentó la primera protesta en los ocho meses de mandato que lleva.
Los comercios estaban cerrados, clases suspendidas y el transporte público era casi ausente en la capital y el vecino puerto del Callao, donde viven 10 millones de personas, casi un tercio de la población peruana. Los limeños fueron sorprendidos por la orden de inmovilización, anunciada hacia la medianoche del lunes por Castillo por televisión, ya que los disturbios de ese día habían sido focalizados y los más graves tuvieron lugar en provincias, donde se habían registrado por lo menos cuatro muertos.
“Se tenía información de fuente reservada que hoy se iban a producir actos vandálicos. Esa es la razón por la que hemos tomado esta medida”, justificó el ministro de Defensa, José Gavidia.
Resistencia
Con carteles “Fuera Castillo” y golpeando cacerolas, los manifestantes opositores se congregaron cerca del Congreso, en la céntrica plaza San Martín y otros puntos. La policía y los militares no impidieron las marchas de protesta, sino que se limitaron a bloquear los accesos que conducen a la sede del Congreso.
El toque de queda tampoco fue respetado en la mañana por muchos limeños, que acudieron a sus sitios de trabajo. El mayor problema era la falta de transporte público. Algunos turistas tenían dificultades para comprar alimentos en la ciudad, ya que todos los restaurantes y supermercados permanecían cerrados.
También coincidió con el 30º aniversario del autogolpe de Estado perpetrado por el ahora encarcelado expresidente Alberto Fujimori, el 5 de abril de 1992. La desaprobación a Castillo alcanza al 66%, según un sondeo de Ipsos de marzo.
Fuente Ambito





