
Hay en la sala una serie de obras que a primera vista recuerdan las pinturas blanco sobre blanco de Malevich, un hito en la historia de la vanguardia rusa. En 1915, con el famoso “Cuadrado negro sobre fondo blanco”, “un ícono desnudo enmarcado”, la “sustancia absoluta”. Malevich fundó el suprematismo que implica: la supremacía de la pura sensibilidad expresada a través de la abstracción geométrica. Un año más tarde, en 1916, Malevich pintó un cuadrado blanco sobre otro cuadrado también blanco y alcanzó el grado cero de la abstracción.
El arte de Maccari es un producto propio, aunque cercano al “espíritu puro” del suprematismo. La gran diferencia son los altos y bajo relieves que ostentan los cuadros; volúmenes, en ocasiones apenas perceptibles, que dibujan curvas, contracurvas y geometrías con las líneas de sombra. Nada es demasiado explícito, los contornos precisos se esfuman en algunos cuadros y en otros están notoriamente definidos. Las escalinatas ascendentes de la obra “Sine Die” (1982) son franjas luminosas y bajo un labrado campo rectangular, los peldaños descendentes están configurados por líneas de sombra. Cuesta trabajo definir si estas obras son pinturas o esculturas, los límites son imprecisos y bien pueden denominarse cuadros, objetos o estructuras.
Hay una obra cuyos dibujos invitan a evocar el símbolo del infinito, pero está en posición vertical. El color blanco es el símbolo del infinito y Maccari va en busca del “espíritu puro”. Además, presenta sus obras blancas sobre marcos negros, acaso con la intención de invertir el planteo de Malevich, el negro sobre blanco. El teórico Julio Payró elogió las obras “honrosamente meditadas” de una exhibición de Maccari en la galería Van Riel (1968). Payró observó que, sin renunciar al siglo XX, sus piezas blancas poseen el carácter espiritual de los egipcios y el idealismo griego. Recordó entonces “la belleza abstracta del Antiguo Imperio y también las estelas funerarias del siglo de Pericles”. Finalmente le habló directamente al artista, le aconsejó que se preparara para no ser interpretado ni apreciado. “Solamente espíritus afines al suyo podrán valorar sus ideas”, concluyó.
Los curadores, Jorge Cordonet y Ana Raviña, cierran su texto explicando el término “Incomplitud” que, creado y utilizado por el artista, le brinda título a la muestra. Ambos señalan “la búsqueda incansable hacia lo inacabado”, que Maccari definía como “una posibilidad de encontrar algo más, una nueva presencia ausente”. La muestra guarda secretos. La palabra “incompletitud” puede provenir de los teoremas de Gödel y uno de ellos plantea los límites de lo que el razonamiento matemático puede demostrar. El arte comparte la misma dificultad de arribar a conclusiones precisas. Maccari es hermético pero en la muestra hay indicios, pistas para investigar.
La retrospectiva incluye más de 80 obras y cubre toda la trayectoria del artista, incluso unos delicados paisajes y las tintas con los rostros de la tortura, el horror y la muerte de la Argentina de los años 70.





