
Carlos, de 73 años, que reemplaza cada vez más a su madre en actos oficiales, no llegó en carroza, como es habitual, sino en un Rolls Royce oficial con techo transparente, acompañado por su esposa Camila.
Tampoco vistió la tradicional capa de armiño sino un uniforme militar con innumerables condecoraciones, ni llevó la pesada corona ornada con piedras preciosas que presidió la sesión sobre un cojín ante el espacio vacío dejado por el trono ausente de la soberana.
El príncipe de Gales se sentó al lado, en un trono menor que ya ha ocupado en otras ocasiones junto a su madre. Acompañado por Camila y su hijo mayor, Guillermo, de 39 años, número dos en la línea sucesoria, leyó el discurso preparado por el Gobierno de Boris Johnson con la misma voz monótona, solemne y aplicada de la reina, ante los diputados y los lores reunidos en la cámara alta del Parlamento.
Todo este boato, que incluyó la llegada de la corona y los centros en una procesión real, las fanfarrias y los heraldos con sus cargados trajes ceremoniales, demuestra que “la reina sigue al mando”, en palabras del diario Daily Mail. Pero “no se equivoquen, es un momento histórico para la corona”, subrayó.
La salud de Isabel II es motivo de preocupación desde que los médicos le ordenaron guardar reposo en octubre y estuvo una noche hospitalizada para someterse a “pruebas” médicas nunca precisadas.
Fuente Ambito





