
“Los cineastas rusos no pueden pretender que todo va bien y que no tienen nada que reprocharse”, afirmó, “en momentos en que los cineastas ucranianos se ven forzados a dejar de hacer películas porque tienen que huir, salvar su vida o tomar las armas”.
Sobre la presencia en la competición del filme “La mujer de Chaikovski”, consideró que su director, Kirill Serebrennikov, “no es un opositor, en absoluto” y recordó que “toda su carrera ha sido financiada con el dinero del gobierno ruso”.
El Festival de Cannes decidió no recibir delegaciones oficiales rusas ni a profesionales rusos que defienden la línea del Kremlin sobre la invasión de Ucrania.
Pero, como otros grandes eventos culturales mundiales, su delegado general Thierry Frémaux defendió el lunes ante la prensa la idea de recibir a disidentes rusos: “Hay rusos artistas, periodistas, que se fueron de Rusia. Kirill Serebrennikov es un hombre que consideró que si no se iba de Rusia se convertía en cómplice de esta guerra”.
El cineasta ruso, también director de teatro, vive actualmente en Berlín. A finales de abril, declaró a la AFP que se fue de su país por una cuestión de “conciencia”.
Frémaux precisó el lunes que se había pedido un “boicot total” pero “no las autoridades ucranianas sino los ultras, gente que es muy radical”.
“Es una posición que puedo entender (…) porque son gente que está bajo las bombas”, declaró.
Andriy Khalpakhchi, director del festival internacional del filme de Kiev Molodist, dijo el jueves que, a su juicio, no existen “rusos buenos” en este momento.
En su opinión, Serebrennikov “tendría que haber tomado él mismo la decisión de no participar en el Festival de Cannes”.





