
El famoso juego literario de los surrealistas, consistente en que varias personas lanzan palabras al azar formando textos pseudopoéticos, es muy divertido por un rato, pero no tanto como para sostener durante 90 minutos. Del mismo modo, una búsqueda de narrativa avant garde puede resultar interesante, u original, si la duración es la del típico corto de estudiante de cine con pretensiones de qualité, pero lo exquisito se va volviendo insoportable a medida que la incoherencia se torna evidente en este primer opus dramático de la documentalista Lucía Vassallo.





