
Periodista: ¿Cómo encaró la adaptación?
Analía Fedra García: Busqué en el libro el potencial dramático y la hipótesis de representación. Siendo este un monólogo interior de una persona que tiene un efecto de extrañamiento, sentía que había en eso algo teatral. Extraje los núcleos más dramáticos donde encontraba que había una situación. Hice un primer boceto con Vanesa González, con quien trabajamos la dramaturgia, porque escucharlo no es lo mismo que leerlo. Y buscamos el arco dramático del personaje.
P.: ¿Hay temas en la obra que no estén en la novela y viceversa?
A.F.G.: Cuenta la historia de una chica de 16 años y el aborto. La obra no es ella en esos tiempos sino la mujer adulta en que se convirtió. Está el embarazo fruto del abuso, y desde la adulta se busca desentrañar ese pasado, con mecanismos de reconstrucción, trayendo el pasado al presente con efecto de distanciamiento. Organicé la adaptación en 13 escenas, como cuadros de situaciones, destellos, en la cocina, en el campo, yendo a la señora para abortar. Momentos que se van hilando porque un recuerdo trae al otro y a veces se imponen. Una dinámica entre lo que busca y lo que se le viene. No puse una palabra mía, todo es prosa de Sara Gallardo, con un lenguaje personal y específico.
P.: ¿Cómo encaró el trabajo de prueba y error con la actriz?
A.F. G.: Hicimos pruebas de lectura porque al ser literario una cosa es leer y otra decidir si había alguna imagen demasiado abstracta que evaluábamos si quedaba, o desde donde debía ser dicha. Pensamos en quien lo escuchara por primera vez, qué nos convenía para unir una situación con la otra. Cuando el personaje está en la peor situación parece no hacer nada y descarga su único confidente en la naturaleza. Hay una dinámica entre lo salvaje cuando se está en soledad en la naturaleza y lo familiar, acumulando como en un volcán. Trabamos los grados del distanciamiento y extrañamiento, cuando se ve una situación que uno vivió y eso resignifica la relación con el pasado. A veces un detalle cobra una importancia desmedida, aparece un sonido del pasado que abre una reminiscencia, buscamos un planteo sintético en una puesta acética y cruda al mismo tiempo.
P.: ¿Qué fue lo que más le atrajo de la novela de Gallardo para querer adaptarla?
A.F. G.: Me atrapó la mirada de una mujer sobre otra de una clase social opuesta. Sara era una aristócrata y narra como si hubiera ido al campo con estas mujeres de quienes habla. Pudo ponerse en la subjetiva sin juzgar ni idealizar. Nefer, la protagonista, es feroz y tiene muchas capas. El aborto aparece pero también hay algo de la resiliencia y cuánto se puede decir o no sobre algo vivido. Cómo se relaciona esa mujer con el trauma. También hay algo del cuerpo librado a la naturaleza, a diferencia de nuestro cotidiano de departamento. La conexión con la naturaleza como refugio. Hay también distintas visiones de mujeres posibles, y de hombres, que no están demonizados sino que acompañan, hay otros que no. Aparece algo de lo social en esta familia, la patrona como la madrina. Es una novela breve pero cada vez aparecen más cosas, también el amor adolescente y el abuso que llega justo en ese despertar sexual y lo que eso marca en la protagonista. Y a la vez ese amor le da fuerza para seguir ante el hachazo que le vino.
P.: Hay obras como “Rota”, “Jauría” o “Como una perra en un descampado” que abordan temas similares.
A.F. G.: Pero el tratamiento es muy distinto, es otro lenguaje actoral. Hay algo que todavía es tabú, más allá de que haya salido la ley del aborto. Porque desde nuestra mirada progre vemos algo pero una chica de Santiago o Tucumán que hoy dice quiero abortar se siente en un campo de batalla. Perdemos de vista cosas, está naturalizado que alguien borracho en un casamiento abuse, y la novela lo plantea en el 55 y resulta super actual. Textos de hace mucho son muy actuales, en su complejidad humana y porque no es todo tan fácil de atravesar.
P.: ¿Cómo es estrenar hoy en el teatro independiente?
A.F. G.: Cada vez más difícil porque desde la producción estamos en soledad y precarización. Tiene que haber mucha convicción personal en los proyectos y si bien siempre se remó, hoy siento que es el doble. Con la inflación todo cuesta más. En otros circuitos quizá haya más presupuesto pero en cultura se recorta. El capital humano lo tenemos pero sólo con eso no se llega. Por suerte hay mucha gente volviendo al teatro.