SANTA CLARA, Cuba. – Desde hace más de una semana, Delia María García ha tratado de comprar el gas licuado de las siete viviendas que “gestiona” como mensajera por cuenta propia en Santa Clara, pero solo ha logrado llenar dos de ellos en los puntos correspondientes tras someterse a varias horas de cola. Los cilindros restantes intentará adquirirlos en lo que queda de mes, de haber disponibilidad el día que le toca por turno.
“Generalmente el ciclo es cada 21 días, pero se ha extendido. A uno de los núcleos le tocaba hoy, y se acabó, así que me lo pasaron para la semana que viene”, explica la mandadera. Según han expuesto los canales oficiales, de recibirse en los puntos unos 100 cilindros, por ejemplo, 70 serían para la compra de la población y 30 para los mensajeros de bodegas.
Los apagones de más de ocho horas en Villa Clara han provocado que exista mayor demanda del gas licuado de petróleo (GLP) ante la ausencia de otros combustibles para cocinar, por lo que las instalaciones que lo despachan suelen amanecer repletas de clientes que permanecen allí por horas con la esperanza de que no se agote.
A todo ello se le suma una segunda fila de personas que acuden a los puntos para renovar sus contratos en el horario asignado. Desde hace unos 15 días la Empresa Comercializadora de Combustible (CUPET) informó que se realizaría el proceso de “actualización o recontratación del servicio de gas licuado en un horario que no afecte la venta”.
“Ayer casualmente tuve que ir al punto. Un día para anotarte, otro para llevar la balita y recoger si estás de suerte; otro día para renovar el contrato”, ilustró la usuaria Gretel Martínez en el grupo de Facebook “Santa Clara en Instantáneas”. Otros internautas hicieron alusión a que las colas son un tormento y que cuando no había apagones, “te podías dar el lujo de esperar por el gas, pero ya la gente no tiene con qué cocinar”.
En marzo pasado la emisora provincial CMHW informó que había disminuido en un 50 por ciento el suministro diario de gas licuado a Villa Clara, aunque recientemente el mismo medio indicó que los servicios se habían restablecido, pero que presentaban problemas con la transportación desde la refinería de Cienfuegos. Otra nota agrega que aproximadamente se comercializan entre 2.000 y 2.500 cilindros cada jornada en la provincia y que se habilitaría la aplicación Ticket como opción de compra en los 17 puntos.

Sin embargo, no todos los clientes alcanzan a llenar sus balas el día asignado y muchas veces les otorgan el turno para siete días posteriores. Un cilindro de GLP, rellenado de forma clandestina, alcanza el precio de 3.000 pesos en el mercado informal.
“Estuve ocho horas para comprar, pero llegó tarde y no alcancé”, precisa Estrella Moya, cliente del punto “La acelga” del consejo Centro. “Con los apagones y sin gas he tenido que echar mano del reverbero. Cuando viene la corriente trato de cocinar lo que más demora y caliento con eso, pero tampoco me puedo exceder porque gasta mucho alcohol, y bastante caro que está”.

Aunque más del 60% de los habitantes de Santa Clara usa el gas como combustible principal de cocción, la mayoría restante solo cuenta con equipos que funcionan con electricidad o tiene asignada una cuota de keroseno mediante la libreta de abastecimiento que apenas alcanza para cubrir la demanda en tiempos de cortes energéticos.
Ante la falta de “luz brillante”, como suelen llamar los cubanos a este carburante, muchas familias optan por usar “los petroleros”, fogones criollos fabricados para estos fines a principios de los 90. Por cada litro de petróleo se debe pagar más de 250 pesos. “Pero nadie te vende dos litros, tienes que comprar la lata de 20 que te cuesta más de 4.000 pesos y que se va en nada”, describe Yanet González, residente del reparto Virginia.

En las zonas rurales de la provincia la situación se torna aún más difícil, ya que existe menor acceso al gas o al keroseno comercializado “por la izquierda”. Además, existen núcleos que hace meses no reciben el combustible asignado por las bodegas, por lo que han comenzado a cocinar con leña seca o carbón de marabú, uno de los más rentables.
En marzo pasado, medios locales oficiales de Santa Clara anunciaron la venta de carbón vegetal por kilogramos de forma liberada, preludio de los largos apagones que estaban por sobrevenir en Villa Clara. Por su parte, los productores privados venden el carbón a aproximadamente 600 pesos el saco de 21 libras.

También en la periferia de Santa Clara se han hecho habituales los fogones de carbón dispuestos muchas veces en plena calle. No obstante, los residentes de zonas céntricas se hallan en desventaja en ese sentido, puesto que no está permitido plantar una hoguera en las vías públicas. “Cuando hay apagón ves el humo saliendo de los patios de las casas, continúa Yanet. “Nunca pensé tener que desempolvar mi fogoncito de carbón del período especial. Con ese les hervía la leche a mis hijos y ahora a mis nietos. La historia se repite”.
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Fuente Cubanet.org