Por Daniel Romero
Buenos Aires-27 de febrero de 2025-Total News Agency (TNA)- La trágica muerte de Kim Gómez, una niña de siete años asesinada durante un robo llevado a cabo por dos delincuentes de 14 y 17 años, ha puesto nuevamente en el centro de la escena la preocupante situación de la inseguridad en la provincia de Buenos Aires. En este contexto, el exministro de Seguridad, a nivel nacional y luego provincial, Sergio Berni, ha hecho declaraciones que no solo critican, acertadamente, la actual gestión del ministro Javier Alonso, sino que también ponen el foco sobre su propio desempeño cuando estuvo en el cargo.
Berni, quien ocupó el cargo de ministro de Seguridad en la provincia durante la gestión de Axel Kicillof, ha señalado que la situación delictiva en el territorio bonaerense es resultado de “una gran negligencia” del sistema judicial. En particular, apuntó contra la jueza juvenil Carmen Ibarra, quien, según su relato, dejó en libertad al ladrón de 17 años a pesar de haber sido detenido previamente en circunstancias similares, cuando en realidad la principal responsable fue la fiscal Sabrina Cladera y el propio Kicillof.
Sin embargo, es importante recordar que durante su gestión, las cifras de delincuencia y narcotráfico no solo se mantuvieron, sino que se incrementaron de manera alarmante, lo que cuestiona su capacidad para implementar soluciones efectivas.
En un intento por desmarcarse de la situación actual, Berni afirmó que en un plazo de seis meses podría erradicar la inseguridad en la provincia. “No estamos en el Cartel de Sinaloa”, insistió, minimizando la complejidad del problema de la narcocriminalidad. Sin embargo, sus promesas anteriores han sido desmentidas por la realidad, que ha demostrado un aumento sostenido en la violencia, narcotráfico y el crimen durante sus gestiones.
Además, policías memoriosos ensombrecen a Berni respecto al narcotráfico, incluso a nivel nacional, durante su tiempo como ministro. Estos, recuerdan operaciones junto al exjefe de policía Roncaglia respeto a narcotraficante apodado “Mi Sangre”. Estas acusaciones, junto a su implicación en la investigación por el asesinato del fiscal Alberto Nisman, no lo dejan bien parado, habla de su cinismo y complica aún más su credibilidad y la de su discurso actual.
En cuanto a Javier Alonso, el actual ministro de Seguridad, Berni lo criticó por no abordar la inseguridad de manera integral, sugiriendo que el ministerio debería tener un rol más activo y coordinado. “Buenos Aires tiene un ministerio de la Policía, y no de Seguridad”, afirmó, insinuando que la falta de una estrategia clara es parte del problema, con lo cual parece estar describiendo sus gestiones. Por ello, su propio historial no le otorga autoridad moral para cuestionar la gestión actual, aunque sea un dislate total, dado que su tiempo en el cargo estuvo marcado por un aumento en la violencia y el narcotráfico.
Berni también destacó la necesidad de que todos los actores del sistema judicial asuman su responsabilidad en la lucha contra el delito. “Llamen a Carmen Ibarra”, ejemplificó, sugiriendo que la solución radica en una mayor colaboración entre las distintas instituciones. Sin embargo, su insistencia en que la educación y la intervención temprana son claves para evitar que los jóvenes ingresen en el sistema delictivo parece ignorar la realidad de su propia gestión, que no logró implementar políticas efectivas en este sentido.
La sociedad espera acciones concretas y no más promesas vacías que solo contribuyen a la desconfianza en las instituciones encargadas de proteger a los ciudadanos. La situación de la seguridad en Buenos Aires requiere un enfoque integral que contemple no sólo la represión del delito, sino también la prevención y la rehabilitación, áreas en las que tanto Berni como Alonso han mostrado serias deficiencias. La falta de campañas contra las drogas, durante décadas, habla claramente las intenciones. Estas contrastan de manera significativa con las que se si se hacen por politicas de genero y otras sandeces, o por ejemplo las exitosas contra el cigarrillo, que al parecer es mas peligroso que la cocaína.
La inseguridad en la provincia de Buenos Aires es un problema multifacético que no puede resolverse con discursos simplistas ni promesas de corta duración. La ciudadanía exige un compromiso real y efectivo por parte de quienes tienen la responsabilidad de garantizar su seguridad, y los antecedentes de los actuales y anteriores funcionarios en el área de seguridad generan dudas sobre su capacidad para llevar a cabo dicha tarea. La responsabilidad recae no solo en los ministros, sino también en un sistema judicial que debe ser fortalecido para enfrentar los desafíos que plantea la delincuencia, al ser fuertes consumidores de drogas y a su vez dealers que se embarcan en diferentes tipos de delitos, sumando al descontrol, policías, fiscales y jueces “complacientes”.