Madrid, 19 de noviembre de 2025 – Total News Agency-TNA-La Comunidad de Madrid decidió avanzar en un enfrentamiento judicial directo contra el Gobierno central al presentar un recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Supremo contra el Real Decreto de Universidades aprobado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Según fuentes autonómicas, la decisión se tomó al considerar que la norma estatal vulnera la seguridad jurídica, invade competencias exclusivas de las comunidades autónomas y fue elaborada sin mecanismos mínimos de negociación, transparencia o consenso institucional.
El Consejo de Gobierno madrileño tenía previsto recibir este miércoles un informe de la Abogacía General regional detallando los pasos legales emprendidos contra un decreto que, a juicio del Ejecutivo autonómico, excede el marco constitucional y limita de manera injustificada tanto la libertad de empresa como la posibilidad de creación de nuevos centros educativos, derechos expresamente reconocidos en la Constitución Española. La ofensiva jurídica se enmarca en la creciente tensión competencial entre el Gobierno central y algunas regiones gobernadas por la oposición, que consideran que las últimas normas emanadas desde Moncloa introducen restricciones impropias en áreas que tradicionalmente se rigen por criterios autonómicos.
Entre los argumentos centrales del recurso, Madrid sostiene que el artículo 27 de la Constitución reconoce a las comunidades la capacidad de desarrollo y aplicación de las leyes educativas en todos sus niveles, mientras que el Estado solo está habilitado para fijar aspectos básicos. Sin embargo, el Gobierno regional estima que el decreto va mucho más allá de ese marco, imponiendo requisitos y condicionamientos que dejan escaso margen regulatorio a las autonomías. En ese sentido, destacan la exigencia de que las universidades cuenten con un mínimo de 4.500 estudiantes, cifra que consideran arbitraria y que, según la Comunidad, “no responde en absoluto a un criterio real de calidad académica”. Este umbral, sostienen, podría obligar al cierre o reestructuración de centros más pequeños, algunos de ellos especializados o con un reconocido prestigio en áreas de investigación específicas.
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ya había anticipado su firme oposición al decreto durante las semanas previas, al denunciar que la tramitación del proyecto se realizó con opacidad y sin consulta pública previa. Desde el Gobierno regional reprochan además que el Ministerio de Universidades no haya convocado mesas técnicas ni reuniones bilaterales con las comunidades afectadas, vulnerando —según su interpretación— los principios de cooperación institucional y participación efectiva en el diseño normativo. Este conflicto, que vuelve a poner en discusión los límites del Estado autonómico, se suma a otras discrepancias surgidas en los últimos meses en torno a normativas educativas, sanitarias y de financiación.
El Ejecutivo madrileño defiende que su propio marco regulatorio para la creación y supervisión de universidades establece controles “muy rigurosos” destinados a garantizar la excelencia académica, la viabilidad de los proyectos y la coherencia con el sistema universitario regional. Además, la Consejería de Educación trabaja en una nueva Ley de Enseñanzas Superiores, Universidades y Ciencia que, de acuerdo con las mismas fuentes, incorporará mejoras sin menoscabar las competencias regionales ni interferir en la autonomía universitaria. Este futuro marco normativo busca modernizar los procedimientos de autorización, reforzar los criterios de calidad y actualizar los estándares de evaluación, todo ello sin los condicionamientos que, según Madrid, impone el Real Decreto estatal.
Mientras tanto, desde el Gobierno central se defiende que la norma busca homogeneizar estándares mínimos entre comunidades, garantizar la sostenibilidad del sistema y evitar la proliferación de centros con baja capacidad docente o investigadora. Moncloa sostiene que criterios como la masa crítica de estudiantes tienen respaldo técnico y pedagógico, y que el Estado tiene la obligación de asegurar la calidad global del sistema universitario. No obstante, la falta de diálogo previo y el impacto que el decreto puede tener sobre las universidades privadas, así como sobre centros especializados o emergentes, alimenta un debate que promete mantenerse abierto durante los próximos meses.
El Tribunal Supremo deberá ahora evaluar el contenido del recurso y determinar si admite a trámite la impugnación presentada por Madrid. La disputa jurídica podría prolongarse, pero el movimiento de la Comunidad coloca de nuevo a la educación superior en el centro de la agenda política y subraya la tensión entre los modelos de gestión estatal y autonómica.

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