La Paz, 29 de noviembre de 2025 – Total News Agency-TNA-Bolivia confirmó, el 11 de Noviembre, la reanudación plena de sus relaciones diplomáticas con Israel después de más de una década de ruptura y alineamiento estratégico con Irán, un giro que representa uno de los movimientos más relevantes de su política exterior reciente. El restablecimiento del vínculo, anunciado por el gobierno boliviano, fue interpretado por diplomáticos regionales como un intento de reposicionar al país ante Occidente y desactivar los riesgos derivados de su prolongada cercanía con Teherán. El presente despacho constituye un análisis elaborado por TNA sobre el trasfondo de esta decisión y sus implicancias geopolíticas. Imágen: El director general del Ministerio de Relaciones Exteriores, Eden Bar Tal y el nuevo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz
ANÁLISIS: La reanudación de relaciones entre Bolivia e Israel y su impacto regional
La restauración de relaciones diplomáticas entre Bolivia e Israel, anunciada tras años de distanciamiento y tensión ideológica, constituye uno de los movimientos internacionales más significativos en la política exterior del país andino desde 2009. La decisión revierte más de una década de alineamiento estratégico con Irán, con gobiernos bolivianos que, bajo Evo Morales y luego Luis Arce, impulsaron una diplomacia abiertamente hostil hacia Israel y permisiva con actores vinculados al terrorismo internacional.
Esta reanudación no es un hecho aislado: representa un cambio de orientación geopolítica, un intento de recomponer la posición de Bolivia ante Occidente y un reconocimiento tácito de los riesgos asumidos al convertirse en plataforma de actores extremistas vinculados a Teherán.
1. El quiebre de 2009: Morales, la narrativa antioccidental y el acercamiento a Teherán
Evo Morales rompió relaciones con Israel en enero de 2009, alegando la operación militar israelí en Gaza. Sin embargo, detrás de la retórica “antiimperialista” había un componente estratégico:
Alineamiento estructural con Irán
- Morales firmó acuerdos de cooperación militar y de inteligencia con la República Islámica.
- Teherán financió proyectos de infraestructura, seguridad y energía en Bolivia.
- Sectores de las FFAA bolivianas recibieron entrenamiento y asistencia técnica iraní encubierta como cooperación científica.
Ingreso de operadores iraníes
El país se convirtió en un punto de tránsito y refugio para agentes vinculados a:
- Hezbolá, brazo armado del régimen iraní en el Líbano.
- Hamas, organización designada como terrorista por EE.UU., la UE e Israel.
Informes de inteligencia regional señalaban que Bolivia funcionaba como:
- Plataforma logística para movimientos en la Triple Frontera.
- Zona de documentación falsa, facilitada por redes locales.
- Corredor para lavado de dinero a través del sistema financiero informal.
2. El período Arce: continuidad del aparato iraní
Aunque el discurso de Arce fue más moderado que el de Morales, la estructura previamente instalada se mantuvo operativa:
- Continuaron los acuerdos de cooperación con Irán, especialmente los tecnológicos y de “seguridad fronteriza”.
- Se detectó presencia de operadores de inteligencia iraníes en Santa Cruz, El Alto y Cochabamba.
- Bolivia se integró a redes de comercio “gris” de petróleo y químicos industriales utilizados por Teherán para evadir sanciones.
En paralelo, persistieron flujos de militantes de Hezbolá y Hamas que buscaban refugio o tránsito hacia:
- Venezuela,
- Paraguay,
- Brasil,
- Argentina.
3. El atentado frustrado contra la embajadora de Israel en México: una señal de alerta
El complot iraní para asesinar a Einat Kranz Neiger, embajadora de Israel en México, desbaratado recientemente, reactivó alarmas sobre las ramificaciones latinoamericanas del terrorismo iraní. Entre los países donde operaban las células de apoyo figuraban:
- Venezuela,
- Bolivia,
- Nicaragua.
Este episodio contribuyó a que gobiernos moderados y servicios de inteligencia regionales redoblaran la presión para aislar la influencia iraní, incluyendo sobre Bolivia.
4. El nuevo giro diplomático: un intento de recomposición internacional
La decisión actual de reestablecer relaciones con Israel puede entenderse como resultado de tres factores:
1. Presión internacional
Estados Unidos, la Unión Europea y varios países de la región advirtieron que Bolivia estaba quedando:
- asociada al eje Irán–Hezbolá–Hamas,
- aislada de mercados estratégicos,
- vulnerabilizada en materia financiera.
2. Riesgos internos
El gobierno boliviano enfrentaba:
- infiltración de células extremistas,
- pérdida de control sobre zonas fronterizas,
- riesgos de que Bolivia sea utilizada como base operativa en un eventual conflicto entre Irán e Israel.
3. Necesidad de reconstruir vínculos económicos
Israel ofrece:
- cooperación en tecnología hídrica,
- agricultura inteligente,
- ciberseguridad,
- defensa y monitoreo fronterizo.
Áreas en las que Bolivia está notablemente rezagada.
5. Implicancias geopolíticas regionales
La reanudación de relaciones tiene efectos en varios planos:
A) En la lucha contra el terrorismo
Una normalización con Israel implica:
- mayor acceso a inteligencia israelí,
- monitoreo de redes iraníes,
- intercambio de información sobre células de Hezbolá en la Triple Frontera,
- cooperación en identificación biométrica y documentación.
B) En la relación con Irán
Teherán interpretará este movimiento como un alejamiento peligroso. Es previsible que:
- reduzca su presencia en Bolivia,
- busque alternativas en Venezuela y Nicaragua,
- presione a grupos afines dentro del MAS.
C) En la política interna boliviana
El realineamiento puede fracturar aún más al Movimiento al Socialismo:
- sector “evista”: abiertamente hostil a Israel, pro-Irán.
- sector “pragmático”: favorable a recomponer vínculos.
D) En la seguridad regional
Para Argentina, Brasil y Paraguay, el giro boliviano es positivo:
reduce la permeabilidad del altiplano como ruta de entrada para terroristas y contrabando ideológico.
Significado regional para Latinoamérica
La reanudación de las relaciones diplomáticas entre Bolivia e Israel tiene un impacto que trasciende ampliamente las fronteras bolivianas y reconfigura, en parte, el mapa geopolítico latinoamericano. Durante más de una década, el estrecho alineamiento de La Paz con Irán —sumado a la cooperación militar, la apertura a operadores vinculados a Hezbolá y Hamas y la afinidad con gobiernos del eje bolivariano— había convertido al país en un punto de vulnerabilidad estratégica dentro de Sudamérica.
Para la región, el giro boliviano implica varios efectos:
1. Debilitamiento del eje iraní en Sudamérica
Con Bolivia fuera del circuito diplomático que integraban Venezuela, Nicaragua y, en menor medida, Cuba, Teherán pierde un socio clave en el Cono Sur. Esto limita corredores logísticos, canales de lavado financiero y circuitos migratorios irregulares utilizados por organizaciones extremistas.
2. Refuerzo de la cooperación en inteligencia regional
La normalización con Israel habilita que Bolivia ingrese nuevamente en mecanismos de cooperación antiterrorista y de seguridad fronteriza. En un continente donde la Triple Frontera y la Amazonia son zonas de alta porosidad, la colaboración de La Paz es crucial para el monitoreo de redes vinculadas a Irán y sus proxies.
3. Un precedente para gobiernos con tensiones internas
El cambio boliviano envía una señal a otros países gobernados por coaliciones divididas entre pragmatismo económico y radicalismo ideológico. El giro hacia Israel demuestra que, aun tras años de alineamiento con potencias extrarregionales no occidentales, es posible reorientar la política exterior para evitar aislamiento diplomático y costos económicos.
4. Impacto en la disputa por influencia entre Washington y Teherán
Estados Unidos, que incrementó la presión sobre el eje bolivariano y reforzó sus alertas por actividades iraníes en la región, se beneficia directamente de este reacomodamiento. La retirada de Bolivia del bloque proiraní refuerza la presencia occidental en Sudamérica y reduce la capacidad de Teherán de operar bajo el radar en el continente.
5. Un mensaje a los organismos regionales
OEA, Prosur y otros foros de seguridad han advertido sobre la expansión de redes vinculadas a Irán. La decisión boliviana reposiciona al país como un actor que podría volver a integrarse de forma plena a esos esquemas de coordinación, fortaleciendo la arquitectura de seguridad hemisférica.
6. Relevancia simbólica en un continente históricamente permeable a influencias externas
El movimiento de Bolivia refleja una tendencia más amplia: varios países de la región, ante las crisis económicas y de seguridad interna, buscan hoy mayor cooperación con actores que ofrecen tecnología, inteligencia y estabilidad, como Israel.
En síntesis, el restablecimiento de relaciones entre Bolivia e Israel no solo corrige una distorsión diplomática interna, sino que altera correlaciones de poder en Latinoamérica y consolida un mensaje claro: la región avanza hacia una mayor coordinación en seguridad y hacia un distanciamiento progresivo de la penetración iraní y sus organizaciones asociadas.
Conclusión
La reanudación de relaciones entre Bolivia e Israel marca un cambio profundo en la orientación internacional boliviana, luego de años de alineamiento con Irán y tolerancia hacia actores extremistas como Hezbolá y Hamas. Representa un giro hacia la moderación diplomática, una señal a Occidente y un intento de salir del aislamiento estratégico.
Sin embargo, este nuevo rumbo no estará exento de tensiones internas y presiones externas: Irán no abandonará fácilmente una plataforma que utilizó durante más de una década, y sectores del MAS podrían resistir esta apertura.
Lo que está en juego no es solo un vínculo diplomático, sino la redefinición geopolítica de Bolivia en un momento donde Medio Oriente y América Latina vuelven a cruzarse en el mapa del terrorismo internacional.

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