
Luego del triunfo en las elecciones legislativas pasadas, el Gobierno del presidente Javier Milei comenzó un acelerado proceso de reorganización, no sólo en lo referente a puestos y cargos, sino directamente relacionado al poder real de la política argentina.
Hoy con una nueva composición parlamentaria mucho más favorable para el oficialismo, la Casa Rosada decidió avanzar en el armado y el envío de proyectos ambiciosos, aunque algunos de ellos con cierta duda sobre su aprobación.
Eso es lo que pasa por estas horas con la iniciativa del Presupuesto 2026. Es el tic-toc del ministro del Interior Diego Santilli, quien cuenta con el tiempo en contra para negociar su aprobación con los gobernadores “dialoguistas”.
Lo que piden los mandatarios provinciales es el envío de fondos a través de los Aportes al Tesoro Nacional (ATN) para apoyar el proyecto en el Congreso de la Nación, un reclamo de vieja data ya.
Santilli tiene las manos atadas. No puede excederse de sus facultades y deberá responder con lo que puede ofrecer el Gobierno Nacional. De allí la presión del funcionario que trabaja contrarreloj.
Pero Santilli además se reunió este pasado martes con el embajador de Estados Unidos en Argentina Peter Lamelas, lo que puede leerse como una función extra dentro de su rol de ministro en coordinación con las provincias.
Sin embargo, no fue más que una reunión protocolar, teniendo en cuenta que Lamelas, que arrancó oficialmente hace un mes su labor diplomática en el país, ya había mantenido encuentros con el canciller Pablo Quirno como también con parte del Gabinete.
Se trata de juntas “introductorias” que Lamelas realiza con el fin de conocer y entender el funcionamiento de la política local en medio de la búsqueda de acuerdos, sobre todo financieros, con el Gobierno de Estados Unidos presidido por Donald Trump, quien ya ha expresado su apoyo a la administración Milei.
Pero en este nuevo mapa del poder real de Argentina hubo cambios drásticos. El mayor de ellos fue la consolidación de un Triángulo de Hierro con otros actores en perjuicio del asesor Santiago Caputo.
Hoy, luego de vaivenes y de incluso tratar de bajar la espuma en el caso por las coimas en ANDIS y la supuesta decisión de restarle poder al subsecretario de relaciones institucionales Eduardo “Lule” Menem, este volvió a la carga y se transformó en una punta de ese triángulo en acompañamiento de su sobrino y presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem.
Es decir que el esquema de poder tripartito se divide hoy entre el presidente, la secretaria General de presidencia Karina Milei y el clan Menem, que mantiene ciertos resortes vitales en varios puestos claves del Gobierno.
En otras palabras, Las Fuerzas del Cielo quedaron relegadas a un segundo lugar, algo que quedó marcado tras la elección legislativa del pasado 26 de octubre, cuando el presidente enarboló la bandera de la victoria y se la adjudicó a su hermana.
Algo similar sucede con Patricia Bullrich, que pasará a ser un resorte fundamental para la Casa Rosada en el Congreso, no solo por su trayectoria en política que le regaló cierto expertise, sino porque se encargará de vigilar de cerca los pasos de la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Es decir que, a pesar de dejar el ministerio de Seguridad Nacional, su rol como senadora será de vital importancia y tendrá incluso más relevancia para el Gobierno en materia política de lo que fue su paso por el Gabinete.
Esto sucede en medio de los cambios en el Gobierno con el empoderamiento del mencionado Diego Santilli y del jefe de Gabinete Manuel Adorni y las nuevas designaciones en Seguridad y Defensa.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.
Fuente Mendoza Today

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