Buenos Aires, 7 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-La industria argentina cierra 2025 bajo un panorama que inquieta a todo el sector productivo: crecientes dificultades para cumplir obligaciones básicas, una notable expansión de los cheques rechazados y un deterioro financiero que afecta tanto a grandes compañías como a la extensa red de pequeñas y medianas empresas que sostiene el empleo formal en el país. La última encuesta elaborada por la central fabril reveló que casi la mitad de los empresarios consultados transita una crisis de liquidez que complica seriamente su operatoria diaria y proyecta un escenario incierto para el comienzo de 2026.
Según los datos difundidos, un 47,5% de los industriales admitió tener dificultades para afrontar al menos uno de sus compromisos esenciales, un indicador que refleja el agotamiento del margen financiero luego de meses de caída del consumo y restricciones de acceso al crédito. Las complicaciones más frecuentes se concentran en impuestos y proveedores, dos rubros cuya presión simultánea arrincona a una parte significativa del sector. Para el 29,3% de los consultados, las obligaciones fiscales se han convertido en un obstáculo de difícil resolución, mientras que el 26,7% señala tensiones crecientes con sus cadenas de suministro ante retrasos o imposibilidad de pago.
El fenómeno no se limita a dificultades puntuales. El sondeo detectó que un 8,2% de las empresas se encuentra en una situación crítica, al reconocer problemas para cumplir con todos los ítems de pago relevados: salarios, impuestos, servicios y proveedores. En estos casos, la estructura financiera opera al borde del colapso, con riesgos de quiebras, concursos o paralización de líneas productivas. El cuadro general exhibe así un deterioro más profundo que el que reflejan los discursos oficiales, en un contexto donde persiste la baja del consumo interno y se encarecen los costos operativos.
Una señal particularmente elocuente del mal momento que atraviesa el entramado industrial es el crecimiento acelerado de los cheques rechazados por falta de fondos. Durante el último trimestre, las entidades bancarias registraron un aumento estimado entre el 30% y el 40% en este tipo de instrumentos, un dato que revela la falta de liquidez generalizada. El caso más resonante es el de una reconocida bodega que acumuló más de 40 cheques sin fondos por un monto superior a los 618 millones de pesos, un episodio que impactó en toda la cadena vitivinícola y que puso en evidencia la fragilidad financiera incluso de actores de peso dentro de sus sectores.
La situación se agrava entre las pequeñas y medianas empresas, núcleo central del empleo privado argentino. Voceros del sector advierten que muchas Pymes se encuentran con serias dificultades para sostener contratos, cumplir entregas y financiar su operatoria. La extensión de los plazos de pago por parte del Estado —que pasaron de los habituales 30 a 45 días a períodos de entre 60 y 90 días— añadió una presión adicional sobre firmas que dependen del giro rápido de sus operaciones para sostener niveles mínimos de actividad.
Para la Confederación de Pymes Constructoras, el cuadro empieza a mostrar señales de ruptura en la cadena de pagos. Su presidente alertó que el sistema “se empieza a doblar y a complicar”, describiendo un escenario en el que empresas medianas y pequeñas enfrentan simultáneamente retrasos en cobros, aumento de costos, caída de demanda y reducción de líneas de crédito. Esa combinación, sostienen, conduce a un círculo vicioso que amenaza con interrumpir obras, frenar proyectos y debilitar aún más uno de los sectores más sensibles de la economía.
Mientras tanto, el Gobierno destaca ajustes fiscales y recortes de gasto como pilares necesarios para estabilizar el rumbo económico. Sin embargo, dentro del sector industrial crece la preocupación por el impacto directo que estas políticas tienen sobre la actividad. La pérdida de poder adquisitivo del consumo interno, la suba de costos energéticos y la contracción del financiamiento generan un terreno adverso que se agrava con cada ciclo mensual de caída de ventas. La convergencia de todos estos factores genera un clima en el que muchas empresas ven dificultada su continuidad operativa, aun cuando sus mercados tradicionales no han desaparecido.
La encuesta difundida por la central fabril constituye un llamado de atención respecto del estado real de la economía productiva. Con índices de incumplimiento elevados, un brusco aumento de cheques rebotados y un deterioro del flujo de pagos que afecta a toda la cadena, numerosos analistas sostienen que el tejido industrial se encuentra bajo tensión extrema. El desafío inmediato será evitar que esta crisis de liquidez derive en un proceso más amplio de cierres, pérdida de empleo y retroceso en sectores estratégicos para la estructura económica nacional.

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