Toledo, 9 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-La sanidad pública de Castilla-La Mancha entrará este martes en uno de los paros más significativos de su historia reciente, con cerca de 5.000 médicos, facultativos y residentes llamados a una huelga que se extenderá del 9 al 12 de diciembre. El movimiento —convocado por el Sindicato Médico de Castilla-La Mancha (CESM-CLM)— pretende exponer ante la sociedad lo que califican como “décadas de abandono estructural” por parte del sistema sanitario regional. La tensión, sin embargo, no solo atraviesa la dimensión política y administrativa: la protesta también dejó al descubierto historias personales que se transformaron en símbolo del deterioro del sector.
El origen del conflicto se remonta a 2012, cuando la Junta suspendió la Carrera Profesional, un mecanismo de reconocimiento y progresión laboral que nunca volvió a activarse. La ausencia de esa herramienta, señalan los profesionales, no solo impactó en sus ingresos y proyección laboral, sino que debilitó la capacidad del SESCAM para retener médicos en un contexto nacional de fuerte competencia entre comunidades autónomas. Las críticas se intensificaron cuando los médicos confirmaron que el borrador del presupuesto 2026 tampoco contempla la restitución del sistema, lo que desató una reacción sindical sin precedentes.
En los días previos al paro, las instituciones colegiadas alertaron sobre un retroceso generalizado en el escenario profesional. Reclaman un Estatuto Marco que reconozca la responsabilidad del acto médico, restablezca el equilibrio entre carga laboral y descanso, modernice la clasificación profesional y frene la escalada de contratos temporales. El Colegio de Médicos de Ciudad Real, en apoyo explícito a la medida de fuerza, sostuvo que sin un marco laboral adecuado “la dignidad profesional y la calidad asistencial quedan comprometidas”.
El sostenido déficit de personal —agravado por la falta de previsión y políticas de retención— es, según los convocantes, la raíz del colapso: plantillas insuficientes, agendas corporativas desbordadas, guardias interminables y listas de espera que no descienden pese al esfuerzo de los equipos. Los sindicatos advierten que esta huelga es solo el primer paso y que, de no reactivarse la Carrera Profesional y reforzarse las plantillas, la región afrontará un deterioro irreversible.
En medio del clima de malestar, emergió una historia que circuló con fuerza entre los residentes y jóvenes profesionales: la de un médico que, tras ejercer en el extranjero, decidió “apostar su futuro” a un regreso a Castilla-La Mancha. Con ahorros, ilusión y la expectativa de hacer carrera en su tierra, se reencontró con un sistema que aún no recupera los derechos profesionales suspendidos hace más de una década. Como si fuera poco, su retorno vino acompañado de un golpe inesperado: las obligaciones fiscales sobre su actividad previa en el exterior, que consumieron buena parte de sus ingresos acumulados.
“Tuvo suerte afuera, pero aquí la fortuna se vuelve impuesto”, se escuchó entre sus colegas, quienes utilizaron su caso no como anécdota aislada, sino como reflejo de una estructura que desalienta el regreso de talento. En el ámbito médico, donde la emigración crece y las plantillas envejecen, esta historia se transformó en metáfora del desafío que enfrenta la región: un profesional que vuelve con recursos, vocación y energía, solo para encontrarse con un sistema que no compensa el esfuerzo y que grava con dureza cualquier ingreso extraordinario. La “suerte del apostador”, en este caso, terminó absorbida por las presiones tributarias y por un entorno laboral que no garantiza estabilidad ni reconocimiento.
Mientras los paros comienzan y los servicios mínimos intentan contener el impacto en áreas críticas, la ciudadanía enfrenta días de incertidumbre. Los sindicatos aseguran, sin embargo, que la huelga se sostiene sobre un mensaje claro: sin condiciones laborales dignas, sin carrera profesional reactivada y sin una estructura organizativa modernizada, la sanidad pública de Castilla-La Mancha seguirá perdiendo médicos, calidad asistencial y confianza social.
La protesta no solo busca recuperar derechos perdidos. Pretende, según sus protagonistas, evitar que la región quede atrapada en un círculo cada vez más estrecho: menos médicos, más carga de trabajo, más desgaste emocional, más fugas de talento y una ciudadanía abandonada a un sistema en retroceso.

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