Por Dario Rosatti
Buenos Aires, 11 de diciembre de 2025 – Total News Agency-TNA-La designación de Carlos Tonelli Banfi- hasta no hace mucho era solo Tonelli- al frente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) reavivó viejos recelos internos y abrió interrogantes sobre sus antecedentes, tanto en la ex Agencia Federal de Inteligencia (AFI) como en gestiones recientes dentro de la propia fuerza.
La llegada del funcionario, cuyo apellido cambió formalmente hace poco tiempo, se produce tras la salida del comisario Alfredo “Freddy” Gallardo, con quien las autoridades políticas mantenían un vínculo tenso desde los tiempos en que Patricia Bullrich dirigía el Ministerio de Seguridad. La lectura predominante en ámbitos oficiales es que Gallardo “no era controlable” y que la conducción política buscaba un perfil más alineado.
Tonelli —quien integró la AFI durante el gobierno de Mauricio Macri, en áreas sensibles vinculadas a terrorismo y eventos especiales— aparece mencionado, solo como Tonelli, en causas donde se investiga presunto espionaje ilegal. Pese a ello, su ascenso dentro de la estructura de la PSA fue sostenido, y en enero de este año llegó a ocupar la Dirección General de Seguridad Aeroportuaria Compleja. “Algo muestra claramente quien es Tonelli”: Le regalo una flor de cristal a Cristina Kirchner cuando fue a la fundación Evita, donde “el Tonelli” sin Banfi era el tesorero, nos decia un conocedor.
Pero lo que más ruido genera en la fuerza no es solo su trayectoria previa, sino un episodio que sorprende por su singularidad administrativa y que fuentes de Total News Agency calificaron con ironía como “un caprichoso hecho”: la adquisición del mismo software de inteligencia dos veces, una maniobra que en otras áreas del Estado podría compararse a comprar dos automóviles idénticos para estacionar uno delante del otro.
La operación involucra la compra del sistema Intelectus, una herramienta de análisis forense utilizada ampliamente para rastrear vínculos criminales, integrar grandes volúmenes de datos y reconstruir redes complejas de narcotráfico, lavado de activos y corrupción. El sistema había sido adquirido inicialmente para Complejas de PSA, replicando la tendencia que habria sido iniciada en su momento por el kirchnerista Mariano Poczynok en la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal (DNIC), donde Intelectus se transformó en una pieza habitual del engranaje investigativo.
Según confirmaron fuentes calificadas, Tonelli habría impulsado nuevamente la compra del software a través de la empresa TRG, utilizando como vía a su filial ISSATEC, propiedad de Eitamar Barr. La recomendación habría llegado del actual jefe de Gabinete, Fernando Kusnier —quien, curiosamente, se dedica al mismo rubro junto a su socio Alejandro Guelman—, lo que alimentó especulaciones sobre un circuito cerrado de proveedores con vínculos cruzados en el mercado de soluciones tecnológicas para inteligencia estatal. La “coincidencia” no pasó desapercibida en la PSA, donde varios oficiales subrayan que la adquisición duplicada del mismo producto no tiene justificación técnica evidente.
El entramado se vuelve aún más llamativo si se observa la continuidad de nombres provenientes de la gestión Poczynok. La ex secretaria de RRHH y Gestión Administrativa de la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal (DNIC), figura históricamente vinculada al kirchnerismo y hoy planta permanente de PSA, se transformó en secretaria privada de Tonelli. Según confirmaron fuentes internas, gestiono reuniones “reservadas” con Poczynok y el propio Tonelli, consolidando un puente operativo que acompaña silenciosamente cada movimiento del nuevo director. El fenómeno fue descrito dentro de la fuerza como “la mudanza completa de la vieja estructura a la PSA”, señal de que los hilos de poder se reacomodan, pero no se cortan.
El trasfondo técnico pone en relieve la incomodidad: Intelectus, diseñado para analizar teléfonos, computadoras, redes sociales, bases de datos públicas y documentos judiciales, es una herramienta eficiente cuando se la integra correctamente. Su doble adquisición, sin embargo, despierta sospechas. En ámbitos de la PSA se preguntan si se trata de desprolijidad, de un negocio innecesario o de una operatoria para favorecer a determinados proveedores, especialmente porque el software ya estaba plenamente operativo en el área correspondiente.
La designación de Tonelli, sumada a este episodio, ocurre en un clima de creciente sensibilidad dentro del Ministerio de Seguridad, donde la ministra Alejandra Monteoliva procura reorganizar la estructura y evitar filtraciones que comprometan investigaciones complejas. Sin embargo, la propia llegada de Tonelli, acompañada del reciclaje de viejos cuadros de la inteligencia kirchnerista y de un esquema de compras poco transparente, genera inquietud en sectores que esperaban un perfil más técnico y menos condicionado por antecedentes judiciales o vínculos internos.
En un contexto donde la PSA enfrenta desafíos crecientes —tráfico de droga en vuelos regionales, ingresos irregulares en zonas estériles de aeropuertos y proliferación de tecnología criminal—, la adquisición duplicada de software sensible constituye un símbolo incómodo de opacidad administrativa. Como señaló un oficial consultado, “si la inteligencia estatal compra dos veces lo mismo, no es inteligencia: es un síntoma”.
Tonelli asume así el control de la PSA con una mochila pesada: desconfianza política, antecedentes judiciales abiertos, un historial reciente de compras polémicas y la continuidad de un circuito de operadores que ya había generado controversias en gestiones anteriores. Mientras tanto, en la fuerza esperan definiciones concretas sobre cómo se reorganizará la investigación criminal aeroportuaria y si la nueva conducción apostará a profesionalizar la estructura o profundizará un modelo donde las amistades y los vínculos pesan más que la transparencia…
Continuará

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