Por Daniel Romero
Buenos Aires, 14 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-La irrupción del pastor y comunicador Dante Gebel en el radar político argentino comenzó a generar inquietud en sectores de la sociedad y, paradójicamente, expectativas en parte del peronismo que hoy carece de un liderazgo competitivo. Su nombre circula con insistencia como eventual candidato “outsider”, en un contexto en el que el Gobierno avanza con escasa resistencia y el sistema político parece buscar, otra vez, una figura que funcione como rostro amable para un armado más profundo.

Dijo en Facebook: El otro día algunos me criticaron porque manejaba un BMW, por eso me dije: “Si me van a criticar, que sea porque me compré un Lamborghini!” jajaja (Tranquilos fariseos queridos, se ve que un potentado vino a ver la final, me lo acaba de estacionar en la puerta de casa y solo me saqué la foto…)
Gebel no proviene de la militancia partidaria ni de la gestión pública. Su construcción es mediática, religiosa y emocional. Predicador carismático, con fuerte llegada a públicos masivos y un discurso basado en consignas simples, optimismo personal y relatos épicos, el pastor logró consolidar una comunidad de seguidores que excede lo estrictamente religioso. Ese capital simbólico es, justamente, lo que hoy despierta interés político.

No se trata de un debut absoluto en el terreno electoral. En el pasado, Gebel expresó públicamente su respaldo a Daniel Scioli, entonces candidato presidencial del peronismo y eso no lo dejaría bien parado y es un antecedente que desmiente la idea de neutralidad política y lo inscribe, al menos parcialmente, en la tradición de líderes religiosos que intervienen en procesos electorales a cambio de prebendas. Aquella toma de posición no fue menor: Scioli representaba por entonces una continuidad del kirchnerismo, con un discurso moderado destinado a ampliar la base electoral.
Desde entonces, Gebel cultivó un perfil público cuidadosamente ambiguo. Evitó la confrontación directa, habló de valores, de unidad y de futuro, y se mantuvo al margen de los debates partidarios más ásperos. Esa ambigüedad es hoy leída por analistas políticos como una estrategia clásica de posicionamiento: decir poco, sugerir mucho y dejar que otros instalen la hipótesis de una candidatura.

En ese marco, comenzaron a circular con fuerza versiones que vinculan a Sergio Massa con un eventual armado político detrás del predicador. No existen confirmaciones públicas ni documentos que acrediten ese vínculo, pero en la política argentina los rumores rara vez son inocentes. Massa, experimentado en la construcción de candidaturas “transversales” y en el uso de figuras externas al sistema, aparece en esas versiones como un posible arquitecto silencioso de una alternativa que le permita al peronismo regresar al poder sin volver a poner al frente a sus dirigentes más desgastados. El modelo de Cristina Kirchner usando a Alberto Fernández para volver al poder.
La comparación con Alberto Fernández surge de manera casi inevitable. En 2019, el peronismo eligió a un candidato de bajo perfil electoral propio, presentado como moderado y racional, mientras el verdadero poder político se organizaba detrás del telón. Gebel, con otro recorrido y otro lenguaje, podría cumplir una función similar: canalizar votos de sectores desencantados, religiosos o antipolíticos, mientras estructuras tradicionales operan en segundo plano.
El componente comunicacional no es menor. Su apellido, de origen alemán, inevitablemente, remite a Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del régimen nazi, una coincidencia fonética que despierta ironías y prevenciones y seguramente no utilizara la frase “Miente, miente que algo quedará”. Nadie sugiere paralelismos ideológicos, pero en política la comunicación lo es todo, y la historia enseña que la repetición de consignas simples, emotivas y poco verificables puede construir realidades paralelas. De allí que, en círculos críticos, se observe con preocupación la posibilidad de que un eventual candidato con gran dominio escénico y discursivo haga de la fe, la emoción y el relato herramientas centrales de campaña. La gente vota por emociones, en su mayoría.

Gebel, hasta ahora, no confirmó intención alguna de competir por la Presidencia. Pero tampoco la negó de manera categórica. Su silencio calculado alimenta especulaciones en un escenario donde la oposición aparece fragmentada y sin rumbo. La pregunta que empieza a instalarse no es solo si será candidato, sino quiénes estarían dispuestos a sostenerlo, financiarlo y blindarlo políticamente.
En tiempos de debilidad institucional y fatiga social, la tentación de apostar por figuras carismáticas vuelve a escena. La experiencia reciente indica que los “salvadores” construidos desde el marketing suelen dejar herencias complejas. Por eso, más allá del personaje, el fenómeno Gebel expone una constante de la política argentina: cuando los partidos se vacían, el escenario queda listo para que otros ocupen el centro, muchas veces con discursos simples y promesas amplias. La historia, sin embargo, aconseja mirar más allá del púlpito y prestar atención a quiénes mueven los hilos detrás del telón.
Eso si, se muestra exitoso y con autos de altos valores y exclusivos, como los aparecidos en el escandalo AFA, Tapia, Toviggino, esperemos que los dineros para adquirirlos no tengan similares orígenes.

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