Santiago, 14 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA- José Antonio Kast se impuso este domingo en la segunda vuelta presidencial chilena con una diferencia holgada frente a Jeannette Jara y selló el retorno de la derecha al poder a partir del próximo cambio de mando. Con el escrutinio prácticamente concluido, el líder del Partido Republicano consolidó una ventaja superior a los quince puntos, en una elección marcada por el voto obligatorio, una participación masiva y un clima político dominado por las demandas de seguridad pública, control migratorio y reactivación económica.
La jornada electoral cerró con un vuelco nítido respecto de la primera vuelta: Jara había quedado al frente en noviembre, pero el balotaje reordenó el tablero en torno de un electorado que, según analistas y lecturas preliminares del resultado, priorizó la promesa de “orden” en un país que discute desde hace años el impacto del crimen organizado, el narcotráfico y el deterioro de la percepción de seguridad. Kast capitalizó esa agenda con un discurso duro: más atribuciones para las fuerzas de seguridad, políticas de frontera más estrictas y una señal pro-mercado orientada a recuperar inversión y crecimiento.
Del otro lado, la candidata del oficialismo —ex ministra del Trabajo del gobierno de Gabriel Boric— no logró sostener el impulso inicial y terminó reconociendo la derrota en público. En su mensaje de cierre, subrayó la necesidad de preservar la convivencia democrática, asumió el resultado y se comunicó con el presidente electo para felicitarlo, en un gesto destinado a ordenar una transición que se anticipa intensa por la magnitud del giro político.
El triunfo de Kast abre un nuevo ciclo para Chile con desafíos inmediatos. Primero, el diseño del gabinete y la señal que enviará a los mercados y a la comunidad internacional: sus aliados y su propia coalición presionan para que el programa se traduzca rápido en iniciativas legislativas, mientras que sectores moderados observan hasta dónde avanzará en temas sensibles, desde políticas migratorias hasta debates culturales. Segundo, el mapa parlamentario: aunque la derecha queda fortalecida, Kast deberá negociar en un Congreso sin mayorías automáticas, lo que puede moderar o demorar parte de sus proyectos más ambiciosos y obligarlo a tejer acuerdos con bloques bisagra.
En el plano económico, el nuevo presidente electo promete un enfoque de disciplina fiscal, reducción de regulaciones y estímulos a la inversión privada, con el argumento de que la economía chilena necesita recuperar dinamismo y previsibilidad. En seguridad, el discurso de campaña puso en primer plano la idea de “zonas críticas” y una respuesta estatal más robusta. En migración, el mensaje fue explícito: mayor control fronterizo y endurecimiento de medidas para combatir redes de tráfico de personas y delitos asociados, un tema que atraviesa también la agenda regional.
La derrota del oficialismo deja a Boric con el tramo final de su mandato en un escenario de repliegue político, con tensión interna en la izquierda sobre el rumbo de la campaña y la estrategia para la oposición que se abre desde ahora. Para el progresismo, el resultado funciona como una advertencia: la agenda identitaria y de reformas estructurales perdió centralidad frente a la inseguridad cotidiana y al malestar económico, y la reconstrucción del bloque dependerá de su capacidad de ofrecer respuestas concretas sin profundizar la polarización.
A nivel regional, el triunfo de Kast será leído como un hito en la tendencia de alternancia y endurecimiento discursivo en varios países, con efectos potenciales en coordinación migratoria, cooperación policial y clima de inversiones. Para la Argentina, Chile es un socio estratégico en comercio, energía e integración transcordillerana; el cambio de signo político en Santiago probablemente reconfigure prioridades y estilos, aunque el margen de maniobra estará condicionado por el Congreso chileno y por la necesidad de estabilidad macroeconómica.
Con la elección ya definida, Chile entra en etapa de transición hasta el 11 de marzo, cuando el presidente electo asuma formalmente. En ese período se medirán dos señales clave: si Kast confirma un tono de “gobierno de emergencia” con anuncios de alto impacto, y si su coalición muestra capacidad real de gobernabilidad en un país que, tras años de tensiones sociales y debates constituyentes, vuelve a girar el timón hacia la derecha con un mandato nítido en las urnas.

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