Cáceres, 15 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA- El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, endureció este lunes su discurso político y dejó en claro que no contempla abandonar el poder pese al cúmulo de escándalos sexuales y de corrupción que sacuden al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y a su propio entorno familiar. En un mitin en la ciudad de Cáceres, convocado para respaldar al candidato socialista en Extremadura, Miguel Ángel Gallardo, el jefe del Ejecutivo defendió la continuidad de su gestión y rechazó de plano los pedidos de adelanto electoral, moción de censura o cuestión de confianza.
“Por supuesto que merece la pena gobernar, aunque sea en estas circunstancias”, afirmó Sánchez ante la militancia, en un contexto particularmente adverso para el socialismo extremeño. Todas las encuestas previas a los comicios del próximo domingo anticipan una derrota contundente del PSOE en la región, con Gallardo seriamente comprometido por una causa judicial que llegará a juicio en mayo. El dirigente será juzgado por la presunta creación de un cargo a medida en la Diputación de Badajoz para beneficiar a David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno, quien también se sentará en el banquillo de los acusados.
Lejos de tomar distancia del candidato o de la polémica, Sánchez optó por cerrar filas y desplegar un mensaje de resistencia política. En su intervención, sostuvo que su Gobierno “le renta a los españoles”, enumerando como logros la revalorización de las pensiones, el aumento del salario mínimo interprofesional, la ampliación de las becas educativas y las políticas contra la violencia de género. En ese marco, intentó encapsular los escándalos como episodios aislados que no invalidan el balance general de su administración.
El mandatario reconoció la existencia de “errores” dentro del PSOE, en alusión a los casos de abusos y comportamientos inapropiados que afectaron a dirigentes del partido en los últimos meses. Sin embargo, evitó cualquier autocrítica personal y sostuvo que los avances en derechos y libertades de las mujeres “siempre han venido de la mano del PSOE”, una afirmación que generó fuertes reacciones críticas tanto en la oposición como en sectores del feminismo no alineado con el oficialismo.
En materia de corrupción, Sánchez calificó los hechos conocidos como “traiciones”, pero insistió en que su partido actúa con “contundencia” cuando se detectan irregularidades. En contraste, apuntó contra el Partido Popular al afirmar que la derecha “convive” con la corrupción en lugar de erradicarla. No obstante, volvió a eludir cualquier responsabilidad política directa, incluso frente a los informes recientes de la Guardia Civil que describen una red de irregularidades que involucra a exfuncionarios, dirigentes territoriales y operadores cercanos al poder.
Uno de los momentos más tensos del acto llegó cuando Sánchez respondió a las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, quien había planteado públicamente tres posibles salidas a la crisis política: una moción de censura, una cuestión de confianza o un adelanto electoral. El jefe del Ejecutivo reaccionó con dureza y afirmó que existe “una cuarta opción: respetar el resultado electoral, aunque no te guste”, y acusó a la jerarquía eclesiástica de injerencia política.
“El tiempo en el que los obispos interferían en la política se acabó cuando acabó la dictadura”, sentenció Sánchez, negando legitimidad a la Iglesia para opinar sobre la situación institucional del país. Sus palabras profundizaron el enfrentamiento con sectores eclesiásticos y conservadores, que interpretaron la declaración como un intento de desviar la atención del deterioro político del Gobierno.
El presidente también dedicó parte de su discurso a criticar al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, por reclamar elecciones anticipadas. Sánchez ironizó sobre los reiterados pedidos del jefe de la oposición y volvió a sostener que Feijóo “pudo ser presidente y no quiso”, un argumento que el mandatario repite desde el inicio de la legislatura para deslegitimar las demandas opositoras.
El mitin de Cáceres dejó en evidencia la estrategia del presidente español: resistir, confrontar y apostar a la polarización como vía para sostener el poder en medio de su momento político más delicado. Mientras las investigaciones judiciales avanzan y el desgaste electoral se profundiza en varias comunidades autónomas, Sánchez apuesta a cerrar filas internas y a desafiar abiertamente a quienes cuestionan su continuidad al frente del Gobierno.





