
El escenario político alcanzó un nivel de surrealismo que desafía cualquier lógica: la ex presidenta Cristina Kirchner, con una condena firme ratificada por la Corte Suprema y bajo prisión domiciliaria, pretende erigirse como la gran fiscal moral y económica del gobierno de Javier Milei.
La hipocresía de esta postura no radica en su derecho a opinar, sino en la abismal distancia que separa su discurso de “defensa del pueblo” de la realidad penal que la mantiene encerrada.
Resulta un ejercicio de cinismo político que, mientras cumple una sentencia de seis años de prisión e inhabilitación perpetua por defraudar al Estado en la causa Vialidad, la expresidenta utilice sus redes sociales para dictar cátedra sobre transparencia y gestión pública.
En sus recientes publicaciones en redes sociales, la ex vicepresidenta califica la gestión libertaria como una “tragedia en cuotas” y se burla de los indicadores económicos con una soltura que ignora su propio legado de degradación institucional y saqueo de las arcas públicas.
Esta hiperactividad digital no es más que una maniobra de distracción mediática diseñada para trasladar una condena por corrupción hacia una narrativa épica de persecución política o “lawfare”.
Es una falta de respeto profunda a la memoria colectiva y a la inteligencia del ciudadano de a pie sobre quien fue condenada por direccionar fondos públicos para enriquecer a socios comerciales y amigos del poder y hoy se presenta como la reserva ética frente al ajuste económico.
El intento desesperado de convertir una condena en un “certificado de dignidad” es el último refugio de un liderazgo que se niega a aceptar que la Justicia, tras años de debido proceso, ha desnudado finalmente su matriz de enriquecimiento ilícito a costa del erario público.
Resulta agravante observar cómo, en cada posteo donde critica la caída del consumo o los niveles de pobreza, omite deliberadamente que el daño estructural causado por la corrupción que ella encabezó es, precisamente, uno de los factores que más ha limitado la capacidad de respuesta del Estado durante décadas.
En este contexto, la “reina de los hilos de X” parece creer que la construcción de un relato digital puede anular la contundencia de las pruebas recolectadas en los expedientes judiciales, pero la realidad es que sus palabras hoy carecen de de veracidad y relevancia.
En esa línea, observar a una expresidenta condenada por saquear al Estado denunciar un supuesto “saqueo” al bolsillo de los argentinos es la máxima expresión de una hipocresía que los “likes” ya no alcanzan a ocultar.
Es la voz que surge hoy desde el encierro y la tobillera electrónica y que carece de la autoridad moral mínima necesaria para señalar el rumbo de una sociedad que aún intenta recuperarse de las ruinas que su administración dejó como herencia.
A pesar de sostener que la había absuelto “la historia”, esta habló, al igual que la justicia, y ningún posteo en redes sociales podrá devolverle la credibilidad a quien cambió el beneficio de millones por el de unos pocos corruptos.
Este artículo se publicó primero en Mendoza Today.
Fuente Mendoza Today

Argentina
España
USA
Israel














