
Estas últimas semanas del 2025, el escenario político exhibe una terrible paradoja: un Presidente que logró consolidar su base electoral en las urnas, pero que en los hechos sigue enfrentando palos en la rueda en el Congreso de la Nación.
La Libertad Avanza llega al cierre de este año convertida en la primera minoría en la Cámara de Diputados, un hito impensable hace apenas dos años, sin embargo, esta expansión numérica no despejó el camino para las aspiraciones que la Casa Rosada considera vitales.
El poder del presidente Javier Milei en el Congreso hoy es de veto y resistencia, más que uno de construcción. A pesar de contar con un bloque reforzado de 95 integrantes, el oficialismo descubrió que la “casta” perfeccionó su estrategia obstructiva.
Es en ese contexto que se llegó a convertir al 2025 en el año con menor productividad legislativa de la última década, con apenas once leyes sancionadas.
La oposición, dividida en su liderazgo pero unida en el espanto hacia el Gobierno de Milei, logró articular mayorías circunstanciales para imponer agendas de gasto que chocan de frente con el dogma del déficit cero.
Se pudo ver con la ley de financiamiento universitario y las partidas para discapacidad, temas de alta sensibilidad social que la oposición utilizó para forzar al presidente a utilizar su facultad de veto, pagando el consecuente costo político.
En este complejo tablero de ajedrez, el Congreso de la Nación dejó de ser el ámbito de la deliberación para transformarse en un campo de batalla de trincheras, donde cada sesión se vive como un plebiscito sobre la legitimidad del modelo económico.
Las trabas opositoras no son solo numéricas, sino de procedimientos. La reforma de la ley que regula los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) ha sido la estocada más precisa de una oposición que busca recortarle al Ejecutivo su principal herramienta de gobierno ante la parálisis legislativa.
En este escenario, al cierre de este año, proyectos considerados cruciales por el oficialismo permanecen en el limbo de las comisiones, no por falta de votos para el debate, sino por la incapacidad de construir consensos mínimos con los bloques provinciales y el ala dialoguista del PRO, que hoy exige un precio cada vez más alto por su acompañamiento.
El oficialismo, por su parte, parece cómodo en esta polarización. El relato de un Ejecutivo “puro” contra un Legislativo “obstruccionista” le rinde frutos electorales, pero le resta eficiencia institucional.
Hacia 2026, el desafío para Milei será traducir su renovado capital político en una dinámica parlamentaria que le permita salir de la gestión por decreto y por vetos presidenciales.
La gobernabilidad de hoy ya no se mide por cuántas manos se levantan en el recinto, sino por la capacidad de evitar que el adversario te paralice el Estado.
El triunfo electoral de octubre fue un mensaje de la sociedad, pero la realidad de diciembre es un recordatorio de que, en el sistema republicano, ganar la elección es apenas el prólogo de la verdadera batalla por el poder.
Fuente Mendoza Today





