Las Rozas, diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-El final de la semana tiene para Álvaro Villanueva hijo un ritual inalterable. Cada domingo, durante varias horas, se coloca unas gafas de realidad virtual y accede a un mundo que, fuera de ese entorno, le resulta inalcanzable. Allí, entre imágenes digitales y sensaciones inmersivas, puede pilotar una motocicleta, su gran pasión, a pesar de convivir con dos enfermedades raras que derivaron en una discapacidad severa. No habla, no comprende consignas complejas y depende completamente de terceros para tareas básicas de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando se ajusta el visor, sonríe y ríe con una espontaneidad que su entorno describe como transformadora.
La experiencia forma parte de una iniciativa impulsada por la Fundación AVA, creada por su padre, que cada domingo reúne a una decena de niños y adolescentes con discapacidad intelectual, de entre seis y dieciocho años, en un espacio cedido por el Polideportivo Dehesa de Navalcarbón, en el municipio madrileño de Las Rozas. Durante tres horas, los participantes desarrollan actividades recreativas acompañados por monitores y voluntarios: bailan, juegan, meriendan y, desde hace un tiempo, también acceden a experiencias virtuales que amplían de manera significativa su horizonte sensorial.
Los dispositivos de realidad virtual utilizados en el proyecto fueron financiados por Las Rozas Innova, el área municipal orientada a la innovación tecnológica. El objetivo, según explica Villanueva, es claro: ofrecer vivencias que, de otro modo, resultarían imposibles para estos jóvenes. En algunos casos, se trata de experiencias lúdicas, como convertirse en artistas, pasear por paisajes naturales o pescar desde un muelle virtual. En otros, el enfoque es pedagógico y apunta al aprendizaje funcional, como simular el cruce de un paso de peatones, con la idea de favorecer una futura autonomía relativa.
La dinámica del programa se organiza mediante listas semanales, ya que se trata de una actividad arancelada y con cupos limitados. Los participantes rotan en función de la demanda, aunque muchos repiten consideredo el impacto positivo que la propuesta genera. Según los coordinadores, el abanico de mundos virtuales permite adaptarse a intereses y capacidades diversas, algo clave cuando se trabaja con distintos grados de discapacidad intelectual.
Desde el municipio, el intendente José de la Uz destaca que la tecnología no solo abre puertas a nuevas experiencias, sino que también contribuye al desarrollo motriz y emocional. Relata que algunos jóvenes mejoran su equilibrio y estabilidad al sumergirse en el entorno virtual, como si el estímulo visual ayudara a reorganizar su percepción corporal. Para otros, el impacto es más emocional: se calman, reducen la ansiedad y logran concentrarse durante períodos prolongados.
Las sesiones dominicales ofrecen escenas que ilustran ese efecto. Bautista, uno de los participantes, pasa largos minutos pescando peces virtuales desde un puerto digital, casi sin quitarse las gafas. David, otro de los chicos, recorre una y otra vez una línea imaginaria en un fondo marino, respondiendo con serenidad cuando se le pregunta qué está viendo. Según quienes lo conocen, la tecnología actúa como un regulador emocional: mirar el cielo virtual o sus propias manos en ese entorno lo tranquiliza.
No todos los niños se adaptan del mismo modo. La incorporación de la realidad virtual exige un proceso de habituación que depende del nivel de discapacidad y de la tolerancia sensorial de cada participante. Al inicio, algunos apenas soportaban unos minutos con el visor puesto; hoy, muchos pueden permanecer conectados durante lapsos mucho más largos. Los monitores señalan una evolución clara: de la inmovilidad inicial a la interacción activa con los objetos del entorno virtual.
Más allá del impacto directo en los jóvenes, el proyecto cumple una función clave para las familias. Durante esas tres horas, los padres cuentan con un espacio de respiro que facilita la conciliación y el descanso emocional, un aspecto frecuentemente relegado en el abordaje de la discapacidad. Desde la Fundación AVA subrayan que este alivio forma parte central de la iniciativa, una visión que comparte el gobierno municipal, que vincula el programa con una política pública orientada a mejorar la calidad de vida de los vecinos.
La experiencia se desarrollará a lo largo de 33 sesiones, tras las cuales se evaluarán sus resultados. En paralelo, el ayuntamiento anticipa que ya trabaja junto a otras fundaciones especializadas para ampliar este tipo de proyectos, consolidando el uso de la tecnología como herramienta de inclusión, acompañamiento y bienestar.

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