
El tablero político del peronismo atraviesa una de sus transformaciones más profundas desde el regreso de la democracia, con Axel Kicillof como el epicentro de un sismo que redefine el liderazgo opositor de cara a 2027.
El Gobernador de la provincia de Buenos Aires abandonó su rol de hijo político para erigirse en el arquitecto de una nueva unidad nacional bajo el sello del Movimiento Derecho al Futuro (MDF).
Esta plataforma no es solo una marca electoral, sino la manifestación de un proyecto presidencial que busca trascender las fronteras bonaerenses y, fundamentalmente, las directivas del Instituto Patria.
En tal sentido, a través de una estrategia que incluyó alianzas con gobernadores del interior, Kicillof intenta demostrar que su propuesta puede aglutinar a los sectores sindicales y sociales que hoy ven en el kirchnerismo tradicional una estructura agotada.
Sin embargo, este ascenso hacia la escena nacional profundizó una ruptura interna que parece no tener retorno. La tensión con Máximo Kirchner y La Cámpora escaló de los susurros en los pasillos de La Plata a una confrontación abierta por el control del Partido Justicialista bonaerense.
La decisión de postergar la definición de las autoridades del partido hasta marzo de 2026 fue apenas una tregua táctica en una guerra de desgaste donde el kicillofismo ya no oculta su intención de desplazar a la actual conducción.
Según pudo saber Diario Mendoza Today, para el entorno del gobernador el objetivo es allanar el camino hacia el 2027, mientras que desde La Campora se le recrimina una supuesta falta de lealtad y una gestión que, según sus críticos, prioriza la proyección personal.
Esta grieta interna quedó en evidencia con el desdoblamiento de las elecciones provinciales. Al fijar los comicios bonaerenses para septiembre de 2025, Kicillof no solo protegió su territorio de la dinámica nacional, sino que forzó a todo el arco peronista a medir sus fuerzas.
Esta autonomía electoral dejó al peronismo a nivel nacional en una posición de extrema fragilidad, con un bloque en el Senado que se ha reducido a mínimos históricos y un grupo de gobernadores que, en muchos casos, prefiere la negociación pragmática con la Casa Rosada al alineamiento con un liderazgo bonaerense que perciben ideologizado.
En este contexto, la figura de Cristina Kirchner pasó de ser la líder indiscutida del peronismo a convertirse en una referencia de consulta que ya no logra disciplinar a la tropa y vio como, desde que su condena quedó firme, fue perdiendo peso político real.
Mientras el kicillofismo construye una identidad propia basada en la gestión al frente de la provincia de Buenos Aires, otros sectores del PJ miran con desconfianza este proceso, temiendo que la división termine facilitando la continuidad del oficialismo nacional.
La apuesta de Kicillof es de alto riesgo: intenta construir una unidad nacional que, paradójicamente, comienza rompiendo con el pasado reciente para intentar seducir a un electorado que demanda una renovación real en las formas y en los nombres de la oposición argentina.
Fuente Mendoza Today

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