Buenos Aires, 31 de diciembre de 2025-Total News Agency-TNA-Los cortes masivos de energía eléctrica registrados ayer en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, en plena ola de calor y en la previa de Fin de Año, volvieron a exponer una escena que ya se volvió costumbre: barrios enteros sin luz, comercios paralizados, grupos electrógenos improvisados en veredas y familias intentando dormir en departamentos convertidos en hornos. Del otro lado del mostrador, muy lejos del termómetro urbano y de la incertidumbre cotidiana, aparecen los dueños de Edenor y Edesur, protagonistas de un contraste cada vez más difícil de disimular.

Jose Luis Mnazano
Nadie cuestiona su derecho a la riqueza. Nadie discute que puedan ser millonarios, vivir en residencias de lujo o disfrutar de patrimonios construidos al calor de los negocios. Lo que sí se vuelve imposible de soslayar es que esas fortunas se asientan sobre la explotación de un servicio público esencial que, cuando más se lo necesita, vuelve a fallar. Y falla de manera masiva.
Edenor, la distribuidora que opera el norte del Área Metropolitana de Buenos Aires, quedó desde diciembre de 2020 bajo el control de un trío empresario con perfiles bien definidos. José Luis Manzano, exdiputado justicialista y operador político reconvertido en empresario energético y de medios, es uno de los accionistas centrales. Desde hace tiempo, Manzano no reside de manera permanente en la Argentina. Vive en Suiza, uno de los países más estables, seguros y con mejor calidad de servicios públicos del mundo. Difícil imaginarlo pendiente de un corte de luz en un departamento de Caballito o en una casa del conurbano. Incluso cuando pasa temporadas en el país, suele hacerlo desde enclaves exclusivos, como José Ignacio, donde el verano se vive con otro ritmo, otro paisaje y, sobre todo, otra infraestructura.
Su socio Mauricio Filiberti, conocido en el mundo empresario como el “Rey del Cloro”, tampoco parece demasiado afectado por la fragilidad del sistema eléctrico argentino. Millonario, con negocios vinculados a insumos básicos y contratos estratégicos, es propietario del Attila, un superyate de aproximadamente 64 metros de eslora, anclado habitualmente en el mar Mediterráneo. Mientras miles de usuarios buscan una extensión para enchufar un ventilador, Filiberti puede elegir entre brisas marinas, aire acondicionado náutico y puertos europeos con suministro eléctrico estable las 24 horas. El contraste no es simbólico: es literal.

Completa el esquema Daniel Vila, empresario mendocino y figura central del Grupo América. Vila divide su tiempo entre Buenos Aires y Mendoza, donde posee residencias en zonas privilegiadas, alejadas del hacinamiento urbano y con posibilidades logísticas muy distintas a las de un usuario promedio. Aun en el peor de los escenarios, el corte de luz es una molestia pasajera, no una amenaza al descanso, al trabajo o a la conservación de alimentos.
Edenor, bajo esta conducción, adquirió la compañía a precio de remate en un contexto político y económico cargado de incertidumbre. La operación se cerró en alrededor de 100 millones de dólares por el 51% del capital, cuando la empresa arrastraba deudas multimillonarias con Cammesa, el Estado y el sistema eléctrico mayorista. La apuesta era clara: ningún empresario compra una distribuidora eléctrica en semejante estado si no confía en que, tarde o temprano, las tarifas se actualizarán y la ecuación cerrará. Y las tarifas, efectivamente, se actualizaron. De manera abrupta y con impacto directo en el bolsillo de los usuarios.
Sin embargo, el verano volvió a desnudar una realidad incómoda: los aumentos siderales no se tradujeron en una red robusta ni en un servicio confiable. Ayer, con temperaturas elevadas pero previsibles, la demanda superó nuevamente la capacidad de respuesta del sistema.
Del otro lado del AMBA, Edesur ofrece una postal distinta en lo formal, pero similar en los resultados. La distribuidora del sur de la Ciudad y del conurbano está controlada por Enel, el gigante energético italiano. Aquí no hay nombres propios locales ni empresarios mediáticos: hay una multinacional con sede en Europa, accionistas institucionales y, en última instancia, el Estado italiano como uno de los principales tenedores indirectos. Los verdaderos dueños de Edesur siempre estuvieron lejos. Muy lejos.
Las decisiones estratégicas se toman en despachos europeos, a miles de kilómetros de Avellaneda, Lanús o La Matanza. El calor argentino no altera agendas ni modifica estilos de vida. Mientras los usuarios improvisan con velas y linternas, la compañía explica que el negocio es intensivo en inversiones y que sin tarifas adecuadas no hay mejoras posibles. El argumento se repite desde hace años, incluso ahora, cuando las tarifas dejaron atrás el congelamiento histórico y pasaron a ocupar un lugar central en el presupuesto familiar.
Las diferencias entre Edenor y Edesur existen, pero no cambian el fondo de la cuestión. Edesur mantiene a sus dueños originales desde la privatización de los años noventa; Edenor, en cambio, pasó a manos de empresarios recién llegados al mundo regulado. Unos son multinacionales; otros, empresarios locales con residencia global. Lo que comparten es el resultado: cortes recurrentes, redes frágiles y usuarios cada vez más escépticos.
El problema no es que Manzano viva en Suiza, que Filiberti navegue el Mediterráneo o que Vila tenga casas en la montaña. El problema es que, mientras ellos ejercen sin obstáculos su derecho a la riqueza, millones de argentinos no pueden ejercer con normalidad un derecho básico: tener electricidad cuando el calor aprieta. La energía no es un lujo. Es un servicio esencial, tan indispensable como el agua o el gas, y su prestación no puede depender de excusas estacionales.
Cada verano, el sistema colapsa. Cada verano, las empresas explican. Y cada verano, los usuarios pagan más y reciben lo mismo o menos. El contraste entre la vida de los dueños y la realidad de los clientes ya no es una metáfora periodística: es una postal cotidiana. Ser millonario es legítimo. Administrar un servicio público y garantizar que funcione, también debería serlo. En ese punto exacto —y no en el patrimonio personal— es donde Edenor y Edesur vuelven a quedar a oscuras.
Fuentes consultadas:
La Nación; balances y estados contables de Edenor; información pública de Enel; reportes del ENRE; antecedentes societarios de las distribuidoras eléctricas.

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