Washington, 2 de enero – Total News Agency-TNA- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este viernes que su país está “listo y preparado” para responder de manera directa si el régimen iraní reprime de forma letal a los manifestantes que desde hace días protagonizan protestas masivas contra el colapso económico y la hiperinflación que golpea a la República Islámica. El mensaje del mandatario estadounidense elevó de forma significativa la tensión internacional en torno a la crisis interna iraní, marcada ya por muertos, enfrentamientos callejeros y un deterioro acelerado de la situación social.
La advertencia fue difundida por Trump a través de su plataforma Truth Social, donde sostuvo que “si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, los Estados Unidos de América vendrán a su rescate”. Minutos después, el presidente reforzó el mensaje al afirmar que Washington está “preparado y listo para actuar”, sin precisar el tipo de respuesta que podría adoptar su administración.
Las declaraciones se produjeron luego de una jornada particularmente violenta en varias ciudades iraníes. El jueves se registraron enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y manifestantes en distintos puntos del país, con un saldo inicial de al menos seis muertos, según informaciones oficiales y reportes de medios locales. Las protestas, que comenzaron por el derrumbe del poder adquisitivo y la escalada de precios, se transformaron rápidamente en un desafío político directo al régimen.
En Teherán, comerciantes del histórico Gran Bazar y de la céntrica calle de la República se declararon en huelga y protagonizaron concentraciones contra el encarecimiento de los alimentos y el estancamiento económico. La tensión aumentó cuando la moneda iraní alcanzó un nuevo récord negativo, cotizando en torno a 1,42 millones de riales por dólar, el nivel más débil de su historia. Ese desplome aceleró el malestar social y amplió el alcance de las protestas.
El martes, las manifestaciones se extendieron a ciudades clave como Isfahan, Shiraz, Mashhad, Kermanshah y Hamadan. En algunos barrios de la capital, las fuerzas de seguridad recurrieron al uso de gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, mientras se multiplicaban los reportes de arrestos y enfrentamientos nocturnos.
Medios vinculados al aparato de seguridad iraní confirmaron muertes en distintas provincias. La agencia Fars, cercana a la Guardia Revolucionaria Islámica, informó que dos personas murieron en choques con fuerzas de seguridad en la ciudad de Lordegan, en la provincia de Chaharmahal y Bakhtiari, y otras tres en Azna, en la vecina Lorestan. En paralelo, la televisión estatal reportó la muerte de un miembro de las fuerzas de seguridad durante disturbios registrados en Kouhdasht, en el oeste del país.
El movimiento de protesta incorporó además a sectores universitarios. Estudiantes de Teherán y de otras ciudades realizaron concentraciones dentro de los campus, desafiando los controles internos. En la Universidad de Teherán, varios alumnos fueron detenidos de manera preventiva por personal de seguridad y liberados horas después, en un intento de evitar que las protestas académicas se expandieran.
En ese contexto, comenzaron a escucharse consignas políticas de mayor alcance. Algunos manifestantes expresaron abiertamente su respaldo a la restauración de la monarquía, bajo el liderazgo del príncipe heredero Reza Pahlavi, hijo del último sha, derrocado en la revolución islámica de 1979. Ese giro marcó un endurecimiento del discurso opositor y encendió alarmas en el régimen.
La crisis económica aparece como el principal detonante del estallido social. Según estadísticas oficiales, los precios de los alimentos en diciembre fueron un 72% más altos que un año atrás, mientras que los costos de suministros y servicios médicos aumentaron un 50%. La inflación general se ubicó en el 42,2%, una cifra que erosiona de manera acelerada los ingresos de la población y profundiza el descontento.
Analistas internacionales coinciden en que esta ola de protestas representa el mayor desafío interno para el régimen iraní desde 2022, cuando la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial desencadenó manifestaciones nacionales que dejaron cientos de muertos. La advertencia directa de Trump introduce ahora un nuevo factor de presión externa, con el riesgo de escalar el conflicto más allá de las fronteras iraníes si la represión se intensifica.




