Buenos Aires, 3 de enero de 2026-Total News Agency-TNA- La operación militar de gran escala ejecutada por Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, dejó al descubierto la profunda dependencia del régimen chavista de una custodia integrada por militares cubanos altamente especializados, reforzada además por equipos de contrainteligencia enviados desde La Habana ante las crecientes sospechas de traición dentro de las propias Fuerzas Armadas venezolanas.
Según confirmaron autoridades estadounidenses tras el operativo, la seguridad personal de Maduro no estaba mayoritariamente en manos de efectivos venezolanos, sino de contingentes cubanos entrenados específicamente en protección de dignatarios, inteligencia y control interno. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó públicamente que “muchos cubanos perdieron la vida anoche” al intentar impedir la captura del líder chavista, una declaración que puso el foco en el rol directo de La Habana dentro del aparato de seguridad del régimen. Según pudo saber Total News Agency de fuentes reservadas, cerca 40 efectivos cubanos de lo anillos mas cercanos, fueron eliminiados.
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, fue aún más explícito al describir el entramado defensivo que protegía a Maduro. Señaló que el operativo penetró un sistema de seguridad “dominado por asesores y agentes cubanos”, y subrayó que quienes integraban la custodia inmediata del dictador “estaban llenos de cubanos”, en referencia a personal militar y de inteligencia enviado desde Cuba. “Estados Unidos ganó la partida a esa estructura”, afirmó Rubio tras la operación.
De acuerdo con fuentes de seguridad regionales, en los meses previos al ataque Maduro había desplazado progresivamente a oficiales venezolanos de su anillo de protección, alarmado por informes de descontento, conspiraciones internas y posibles quiebres de lealtad dentro de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Esa desconfianza derivó en el refuerzo de su custodia con militares cubanos de élite y especialistas en contrainteligencia, cuyo objetivo era detectar intentos de traición, neutralizar filtraciones y garantizar la lealtad absoluta al jefe del régimen.
El dispositivo incluía escoltas personales, oficiales de contrainteligencia y asesores estratégicos con experiencia en control político y represión interna, replicando el modelo que Cuba ha exportado durante décadas a gobiernos aliados. Sin embargo, ese blindaje no logró resistir la ofensiva estadounidense, que combinó ataques aéreos de precisión, supresión electrónica y una incursión terrestre de fuerzas especiales, desarticulando en cuestión de horas el esquema de seguridad considerado más confiable por Maduro.
Las autoridades de Estados Unidos confirmaron que hubo bajas fatales entre el personal cubano involucrado en la protección del dictador, aunque evitaron precisar cifras o identidades. Tampoco se informó oficialmente sobre eventuales detenciones de custodios sobrevivientes. La falta de detalles alimenta la tensión diplomática con La Habana, que hasta el momento no emitió un pronunciamiento público sobre la muerte de sus efectivos en territorio venezolano.
Rubio advirtió que el régimen cubano “debería estar preocupado” por las implicancias del operativo, no solo por las bajas sufridas, sino porque la caída de Maduro expone el grado de penetración cubana en la estructura de poder venezolana y el fracaso de su estrategia de control frente a una intervención militar externa.
La confirmación de que Maduro se rodeó de militares cubanos especializados y expertos en contrainteligencia por temor a la traición de sus propias Fuerzas Armadas refuerza la imagen de un régimen aislado, desconfiado de su base militar y sostenido artificialmente por apoyos extranjeros. La captura del dictador y la ruptura de ese anillo de seguridad marcan un punto de inflexión no solo para Venezuela, sino también para el rol de Cuba en el sostén de gobiernos autoritarios en la región.

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