Por Nicolás J. Portino González
La confirmación de la captura de Nicolás Maduro en las últimas horas no solo marca el colapso definitivo del chavismo en Venezuela, sino que valida brutalmente la tesis geopolítica que se ha venido anticipando desde 2024: el mundo no camina hacia una multipolaridad difusa, sino que se ha reordenado bajo un esquema bipolar estricto donde la hegemonía de Occidente, liderada por Estados Unidos, ha decidido dejar de tolerar zonas grises en su hemisferio.
Fuentes del Departamento de Justicia (DOJ) y del Comando Sur (SOUTHCOM) han confirmado que la operación es el resultado de la escalada de “máxima presión” reiniciada por la administración Trump. La captura, ejecutada tras elevarse la recompensa por su cabeza a 50 millones de dólares (en el marco del Programa de Recompensas de Narcóticos del Departamento de Estado), desmantela la narrativa de resistencia que sostuvo al régimen durante la última década.
El chavismo no era un actor geopolítico autónomo, sino un “simulacro” sostenido por lo que este redactor describe como la “épica boba bolivariana”. Esta construcción narrativa, eficaz ante la inacción de administraciones estadounidenses previas, se desmoronó ante la aplicación real de la fuerza norteamericana.
El evento en Venezuela es la prueba empírica de un error de diagnóstico estratégico cometido por gran parte del Sur Global. Muchos países compraron la idea del “mundo multipolar” como un mecanismo de autoconvencimiento para proyectar un poder que no poseían.
La realidad, cruda y dura, expuesta este enero de 2026, dicta lo siguiente:
El Mundo es Bipolar. La arquitectura de poder global se define únicamente entre Washington y Beijing. El resto son alineamientos.
Como se anticipaba, China es el único desafiante real a mediano y largo plazo (hacia mediados de siglo), pero su capacidad o voluntad de proteger activos tóxicos en el patio trasero de Estados Unidos ha demostrado ser nula ante una ofensiva directa de Washington. El “paraguas” multipolar no cubrió a Maduro.
Para la República Argentina, este desenlace confirma la asertividad de la doctrina de política exterior adoptada por el gobierno de Javier Milei. Al rechazar los cantos de sirena del “multipolarismo” y alinearse inequívocamente con Estados Unidos e Israel (“el camino de la libertad y de occidente”), Argentina se posiciona para capitalizar los beneficios de ser un aliado extra-OTAN confiable en un hemisferio que Washington está “limpiando” de influencias hostiles.
La caída del régimen venezolano elimina el principal foco de desestabilización y financiamiento de estructuras de inteligencia hostiles en la región. La “política de estado” de Estados Unidos, nunca ha dejado de crecer y desarrollarse para ser lo que es. En este caso, ha reafirmado su primacía.
La era del “lawfare” retórico y las cumbres vacías ha terminado.
Nicolás Maduro enfrentará cargos por narcoterrorismo, corrupción y tráfico de drogas en la Corte del Distrito Sur de Nueva York (SDNY), bajo la supervisión de la Fiscal General Pam Bondi.
Lo que queda en evidencia es que la percepción de debilidad estadounidense en los últimos años no fue estructural, sino una anomalía política temporal. Quienes apostaron contra el dólar y contra la capacidad de proyección de fuerza de EE.UU. lo hicieron por creencias chamánicas, sin información y sin datos.
Fin de la era de la épica boba Bolivariana.

Argentina
España
USA
Israel












