Buenos Aires, 3 de enero de 2026-Total News Agency-TNA- La confirmación del ataque militar de Estados Unidos sobre Venezuela y la posterior captura del dictador Nicolás Maduro generaron una rápida y fuerte reacción internacional, con pronunciamientos críticos por parte de los principales aliados del régimen chavista y posiciones divergentes en América Latina y Europa. Mientras Rusia, Irán y Cuba denunciaron la ofensiva como una violación de la soberanía venezolana, otros gobiernos reclamaron desescalada y soluciones diplomáticas, y el presidente argentino Javier Milei celebró abiertamente la detención del líder chavista.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó a través de la red Truth Social que su país llevó adelante un “ataque a gran escala” que culminó con la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados fuera del territorio venezolano. El anuncio se produjo luego de una madrugada marcada por explosiones en Caracas y la declaración del estado de excepción por parte de las autoridades del régimen.
Uno de los primeros gobiernos en reaccionar fue Rusia, que condenó con dureza la acción militar estadounidense. El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso afirmó que no existía ninguna justificación para el ataque y sostuvo que la “hostilidad ideológica” de Washington había prevalecido sobre los canales diplomáticos. En un comunicado oficial, la diplomacia de Moscú calificó los hechos como “profundamente preocupantes y condenables”, y advirtió sobre el impacto negativo que la ofensiva puede tener sobre la estabilidad internacional.
En la misma línea se expresó Irán, aliado estratégico de Caracas y socio clave en materia energética y de cooperación militar. El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní condenó “firmemente el ataque militar estadounidense” y denunció una “flagrante violación de la soberanía nacional y de la integridad territorial de Venezuela”. Teherán sostuvo que el uso de la fuerza agrava la crisis regional y vulnera principios básicos del derecho internacional.
También Cuba, histórico sostén político del chavismo en América Latina, repudió la ofensiva. El presidente Miguel Díaz-Canel denunció lo que calificó como un “terrorismo de Estado contra el bravo pueblo venezolano” y contra la región en su conjunto. El mandatario cubano llamó a una reacción de la comunidad internacional frente a lo que describió como un “criminal ataque” de Estados Unidos.
En América del Sur, las reacciones fueron dispares. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, rechazó los ataques “con misiles” sobre Caracas y ordenó el despliegue de fuerzas militares en la frontera colombo-venezolana ante el riesgo de desestabilización. Petro solicitó además una reunión “inmediata” del Consejo de Seguridad de la ONU, del cual Colombia es actualmente miembro no permanente, para abordar la crisis.
El expresidente boliviano Evo Morales también repudió con “total contundencia” el bombardeo estadounidense y expresó su respaldo político a Venezuela, al afirmar que “no está sola” frente a la ofensiva militar.
Desde Chile, el presidente Gabriel Boric condenó el ataque militar de Estados Unidos y llamó a la comunidad internacional a buscar una salida pacífica. En un mensaje difundido en redes sociales, Boric reiteró la adhesión de su país a los principios del derecho internacional, como la prohibición del uso de la fuerza, la no injerencia en asuntos internos y el respeto a la integridad territorial. “La crisis venezolana debe abordarse mediante el diálogo y el multilateralismo, no mediante la violencia”, sostuvo.
En contraste con estas posturas, el presidente argentino Javier Milei celebró la captura de Maduro y respaldó la ofensiva estadounidense con un mensaje en redes sociales en el que afirmó: “Viva la libertad carajo”, en línea con su discurso crítico hacia el régimen chavista y su alineamiento con Washington.
En Europa, España adoptó un tono más moderado. El gobierno de Pedro Sánchez informó que sigue de cerca la evolución de los acontecimientos y manifestó su disposición a “prestar buenos oficios” para una solución pacífica y negociada. Sánchez llamó a la desescalada, subrayó la necesidad de respetar el derecho internacional y aseguró que la embajada y los consulados españoles en Venezuela permanecen operativos.
Las reacciones reflejan el profundo quiebre internacional que provocó la caída de Maduro y la intervención militar estadounidense, en un escenario que abre interrogantes sobre el futuro político de Venezuela y el impacto regional de la ofensiva.

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