Buenos Aires, 6 de enero de 2026-Total News Agency-TNA- En el inicio de su tercer año de mandato, el presidente Javier Milei afina la estrategia económica que buscará consolidar en 2026, con un programa centrado en siete ejes de reformas estructurales y tres motores de crecimiento que, según su visión, permitirán llevar a la Argentina hacia una expansión acelerada tras décadas de estancamiento. El diagnóstico presidencial combina balance político, convicción ideológica y una admisión poco habitual en su discurso original: las restricciones concretas que impone el ejercicio real del poder.
Desde la Quinta de Olivos, en un clima de cierre de ciclo anual, Milei repite en privado que “se cumplieron todas las promesas de campaña”, pero reconoce que gobernar implica decisiones bajo presión permanente y límites institucionales que no existen para quienes opinan “desde la tribuna”. Esa experiencia, asegura, no lo llevó a moderar su ideario libertario, sino a priorizar el orden de las reformas y la secuencia política necesaria para sostenerlas.
El plan económico que el Presidente proyecta para 2026 se estructura en siete grandes pilares: presupuesto, inocencia fiscal, modernización laboral, reforma del Código Penal, reforma tributaria, revisión de la Ley de Glaciares y un nuevo marco de desregulación integral. Dos de esos ejes ya fueron activados con fuerza al inicio del año: el Presupuesto 2026 y la Ley de Inocencia Fiscal, ambos publicados en el Boletín Oficial en el primer día hábil.
El Presupuesto aprobado por el Congreso —el primero sancionado desde 2023— prevé un gasto total de 101.800 millones de dólares, una expansión del PBI del 5% y una inflación anual del 10,1%. El texto también fija un superávit primario equivalente al 1,2% del producto, consolidando el principio de déficit cero como regla innegociable del programa libertario. En el oficialismo subrayan que, a diferencia de gestiones anteriores, el equilibrio fiscal no será un objetivo coyuntural sino una política permanente.
En paralelo, la Ley de Inocencia Fiscal apunta a atraer al sistema formal una masa significativa de ahorros en dólares que permanecen fuera del circuito bancario. El esquema invierte la lógica tradicional: el contribuyente es considerado cumplidor salvo prueba en contrario. El Gobierno aclara que no se trata de un blanqueo clásico ni de una amnistía penal amplia, ya que no se eliminan impuestos ni se modifican las normas antilavado ni las facultades de la UIF, pero confía en que la señal política será suficiente para ampliar la base financiera del sistema.
En el plano monetario y cambiario, Milei reafirma su tesis de que la inflación es un fenómeno estrictamente monetario y sostiene que su tendencia será hacia cero a medida que se disipen los rezagos de la emisión y de los controles heredados. El debut del nuevo esquema de bandas cambiarias, bajo la conducción del ministro de Economía Luis Caputo, es leído en la Casa Rosada como un paso técnico normal dentro de un proceso de transición ordenada, aun cuando haya implicado movimientos puntuales del tipo de cambio.
Para el crecimiento, el Presidente identifica tres motores centrales. El primero es la desregulación. Milei sostiene que el entramado normativo argentino destruyó durante décadas los “rendimientos crecientes” de la economía y atentó contra el derecho de propiedad. En esa línea, el Consejo de Mayo trabaja en un paquete de medidas orientadas a garantizar la inviolabilidad de la propiedad privada, combinando alivio tributario y eliminación de regulaciones consideradas asfixiantes.
El segundo motor es el capital humano. Según el diagnóstico oficial, alrededor del 70% del crecimiento del PBI per cápita se explica por este factor. La estrategia apunta a cerrar la brecha entre trabajadores formales e informales, reeducar a quienes quedaron fuera del sistema productivo y modernizar la formación laboral. La reforma laboral, en ese sentido, busca ampliar la base de empleo registrado antes de avanzar sobre debates más sensibles como la coparticipación o el sistema previsional.
El tercer eje es la apertura económica. Milei define a la Argentina como “la economía más cerrada del mundo” y plantea un objetivo ambicioso: triplicar el peso del comercio exterior en relación con el PBI. Para el oficialismo, un país “normal” debería tener una relación importaciones-exportaciones cercana al 90% del producto, muy lejos del actual 28%. La liberalización comercial es vista como condición indispensable para atraer inversiones y acelerar la productividad.
Este programa económico se inscribe, además, en un contexto internacional que el Presidente interpreta como favorable para las ideas de mercado. La reciente captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos fue celebrada por Milei como “la caída de un dictador, un terrorista y un narcotraficante”, y reforzó su discurso sobre la necesidad de un bloque regional de países alineados con “las ideas de la libertad” frente al socialismo.
Ese mensaje será el eje central de la exposición que Milei prepara para el próximo Foro Económico Mundial de Foro Económico Mundial. El discurso, escrito de puño y letra, combinará referencias teóricas al “patrón del palo de hockey” —crecimiento lento seguido de una aceleración abrupta— con fundamentos tomados de autores libertarios como Hans-Hermann Hoppe y Jesús Huerta de Soto, a quienes el Presidente considera claves para explicar su visión sobre propiedad privada, eficiencia dinámica y función empresarial.
Con ese marco, Milei apuesta a que 2026 sea el año en que la estabilización dé paso a una fase de expansión acelerada. El desafío, reconocen incluso dentro del oficialismo, será sostener el apoyo político y social necesario para implementar reformas profundas en un país con larga tradición de resistencia al cambio estructural.

Argentina
España
USA
Israel















