Caracas, 5 de enero de 2026-Total News Agency-TNA- En un intento por proyectar estabilidad institucional y retomar el control político tras la captura de Nicolás Maduro, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, encabezó este domingo su primera reunión formal de gabinete en el Palacio de Miraflores y envió un mensaje directo a Estados Unidos, llamando al diálogo y a la construcción de una “agenda de cooperación” bajo el marco del derecho internacional.
El encuentro, realizado a puertas cerradas, reunió a ministros clave, altos funcionarios del Estado y representantes del estamento de seguridad, y tuvo como eje central la normalización de la gestión administrativa en un contexto de extrema tensión política y militar. Según trascendió en fuentes oficiales, la reunión buscó ordenar prioridades inmediatas, garantizar el funcionamiento de los organismos del Estado y coordinar una respuesta unificada frente a la presión internacional, particularmente la ejercida por Washington.
La jornada estuvo atravesada por la necesidad de responder a las advertencias del presidente estadounidense Donald Trump, quien en las últimas horas había condicionado cualquier relación futura con Caracas a una cooperación plena con los intereses de Estados Unidos, especialmente en materia energética. Frente a ese escenario, Rodríguez optó por un tono cuidadosamente calibrado: conciliador en las formas, pero firme en el fondo.
A través de un mensaje difundido en sus redes sociales tras la reunión, la mandataria interina instó a la Casa Blanca a replantear el vínculo bilateral y propuso avanzar hacia una “agenda de cooperación orientada al desarrollo compartido”. Subrayó, no obstante, que cualquier entendimiento deberá darse “en estricto apego a la legalidad internacional” y al respeto de la soberanía venezolana. “Nuestra región merece paz y diálogo, no guerra”, sostuvo, en una respuesta indirecta a las amenazas de mayores sanciones o acciones de fuerza lanzadas desde Washington.
El mensaje buscó enviar una doble señal. Hacia el exterior, intenta mostrar a Rodríguez como una interlocutora racional y dispuesta a negociar, evitando una escalada inmediata del conflicto con Estados Unidos. Hacia el interior, apunta a tranquilizar a la estructura chavista y a los mandos militares, dejando en claro que no habrá concesiones unilaterales ni un alineamiento automático con los planteos estadounidenses.
Durante sus declaraciones, Rodríguez también se ocupó de reforzar la continuidad política del proyecto chavista. En ese sentido, vinculó explícitamente su postura con el legado de Nicolás Maduro, actualmente detenido en Estados Unidos. “Ese ha sido siempre el predicamento del presidente Nicolás Maduro y es el de toda Venezuela en este momento”, afirmó, descartando cualquier ruptura ideológica inmediata y reafirmando que el interinato no implica un giro de fondo en la orientación del poder.
La reunión en Miraflores se produjo además en un clima de fuerte presencia de seguridad en la capital, con restricciones parciales de circulación y un despliegue visible de fuerzas policiales y militares en puntos estratégicos. En el gobierno reconocen que la prioridad es evitar desbordes internos y sostener el control del aparato estatal mientras se define el rumbo político de la transición.
En paralelo, la comunidad internacional observa con cautela los primeros movimientos de Rodríguez. Mientras Estados Unidos mantiene una postura de presión condicionada, otros actores regionales y globales reclaman una salida negociada y advierten sobre los riesgos de una confrontación prolongada en un país con una crisis económica y social profunda.
La primera reunión de gabinete de Delcy Rodríguez marca así el inicio formal de una etapa de gestión interina que intenta equilibrar dos frentes complejos: resistir las exigencias externas sin aislar completamente al país y, al mismo tiempo, preservar la cohesión interna de un chavismo golpeado por la caída de su líder histórico pero aún sostenido por el poder armado y la estructura estatal.

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