Buenos Aires, 5 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-Un informe de inteligencia difundido este lunes indica que el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Khamenei, estaría diseñando un plan de escape desde Teherán hacia Moscú, en caso de que las protestas civiles en curso se intensifiquen al punto de que las fuerzas militares y de seguridad encargadas de reprimirlas comiencen a desertar o incumplan órdenes.
La contingencia, definida internamente como un “Plan B”, contemplaría la salida del país de Khamenei junto con un cercano círculo de hasta 20 personas, compuesto por familiares, asesores y aliados íntimos, entre ellos su hijo y presunto heredero designado, Mojtaba Khamenei. La ruta prevista sería hacia Moscú, Rusia, donde expertos en inteligencia señalan que podrían buscar abrigo político y logístico ante un colapso del control estatal en Irán.
Las fuentes sostienen que la estrategia no es meramente reactiva, sino que forma parte de un esquema preestablecido que incluye el posicionamiento de activos y recursos fuera del territorio iraní para facilitar una evacuación rápida si las fuerzas de seguridad —incluyendo el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) y otras unidades clave— fallan en contener las protestas o comienzan a fracturarse bajo presión social.
El trasfondo de esta contingencia es el contexto de protestas masivas que se extienden por diversas regiones de Irán desde finales de diciembre de 2025, impulsadas por un fuerte descontento social frente a la crisis económica, la caída del valor de la moneda local y tensiones acumuladas por la gestión política del régimen. Manifestantes han salido a las calles en numerosas ciudades, algunos con consignas directas contra el liderazgo supremo, una rareza significativa dado el tradicional control social y político ejercido por el establishment de Teherán.
Si bien no existen confirmaciones oficiales desde Teherán respecto a este plan de contingencia, la sola proliferación de estos reportes refleja la profundidad de la tensión interna y las preocupaciones que generan posibles fisuras dentro del aparato de seguridad. Analistas de diferentes agencias señalan que la posible deserción o falta de cohesión entre las fuerzas encargadas de sofocar las manifestaciones podría constituir un punto de inflexión crítico para la continuidad política del régimen.
El destino elegido, Moscú, no sería casual. Rusia mantiene relaciones estratégicas y militares con Irán desde hace años, compartiendo intereses geopolíticos en Medio Oriente y en asuntos de seguridad regional. Expertos estiman que, en un escenario de colapso o repliegue, ese vínculo podría ofrecer un refugio seguro para las élites que emergen de sistemas políticos autoritarios con vínculos estrechos con Moscú.
A nivel internacional, la situación en Irán es vigilada con creciente atención. La posibilidad de un cambio dramático en la estabilidad del país tiene implicancias directas en la geopolítica del Medio Oriente, el equilibrio entre potencias globales y las dinámicas de cooperación o confrontación entre Washington, Moscú y otras capitales influyentes en la región.
En síntesis, el supuesto “Plan B” para una salida de Khamenei hacia Moscú ilustra no solo la fragilidad percibida dentro del liderazgo iraní, sino también la dimensión de la crisis interna que enfrenta la República Islámica en estos momentos, con protestas que han desafiado en intensidad y extensión a la estructura tradicional de autoridad y control político.

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