Por Dario Rosatti
En el siempre animado tablero de la inteligencia militar argentina, donde las sillas se mueven más rápido que los partes diarios, estalló una nueva trapisonda. El botín en disputa: la Dirección de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (DGI-EMCO).
Hoy, el sillón está formalmente ocupado por el coronel Eduardo Carlos Bayma André, pero su tranquilidad administrativa se vio alterada por un detalle menor: está de licencia. Y ya se sabe que, en ciertos despachos, una licencia equivale a dejar la puerta entreabierta.
Quien vio la oportunidad fue el contraalmirante Pablo Javier Barbich, actual Director de Inteligencia de la Armada, que esta misma mañana se encontraba “operando” —en el sentido más amplio y creativo del término— al Jefe del Estado Mayor Conjunto, vicealmirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare. Todo muy fraterno, muy naval, muy de “caballeros” del mar.
El llamado “juego de la silla” por la inteligencia conjunta no empezó ayer. Se activó cuando el Gobierno decidió eliminar la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DNIEM), una estructura que durante años fue codiciada no tanto por su misión… sino por su caja. Ya en tiempos del general Bari Sosa al frente del EMCO, la pelea por absorber la DNIEM era abierta y sin pudor. Hoy, el deseo se volvió realidad, aunque por caminos algo sinuosos.
La desaparición de la DNIEM fue obra del secretario de Inteligencia, Cristian Auguadra, contador público, emprendedor y arquitecto de reformas tan profundas como curiosas dentro del sistema nacional de inteligencia. Entre esas reformas, la DNIEM simplemente dejó de existir. Magia administrativa.
Pero el contraalmirante Barbich no navega solo. A su lado rema su fiel escudero, el vicealmirante (R) Luis “La Boya” González Day, uno de los damnificados colaterales de la disolución de la DNIEM. Al quedar “en comisión” desde inteligencia naval hacia una estructura que ya no existe, el hombre necesita urgentemente un nuevo puerto donde seguir operando. Volver al SIN —la inteligencia naval— no es opción: sus métodos, digamos… oblicuos, no cosechan demasiadas simpatías.

González Day trae, además, un currículum político respetable: proviene de la cantera kirchnerista y supo ser protegido del ex “Señor 5” Sergio Rossi, ex ministro de Defensa y ex jefe de Gabinete. Años dorados aquellos, en los que también floreció la carrera de su hijo, Wenceslao, hoy asesor de una combativa senadora kirchnerista en la Comisión de Inteligencia. Todo queda en familia.
Así las cosas, mientras el coronel Bayma André disfruta de su descanso reglamentario, los camaradas navales avanzan sobre la silla de la inteligencia del EMCO con un argumento tan simple como tramposo: el contraalmirante tiene mayor grado que el coronel. Lo que los conspiradores olvidan —o prefieren olvidar— es un detalle menor pero vigente en las Fuerzas Armadas: el concepto de superioridad por cargo. Algo antiguo y aceptado por reglamento y costumbre, incómodo y molesto cuando estorba ambiciones y quien ostenta hoy el cargo es el Coronel Bayma Andre.
El vicealmirante Dalle Nogare, seducido por los cantos de sirena y quizás por su corazón naval, escuchó atentamente las propuestas del día. Pero la decisión final no será suya. El conflicto deberá ser zanjado por el ministro de Defensa, general Presti, quien, como hombre de verde, tendrá que ordenar una disputa donde el camuflaje sobra y las intenciones se ven a simple vista.
Porque en la inteligencia militar argentina, la información es poder… pero la silla, todavía más.

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