Teherán, 17 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, reconoció públicamente por primera vez que miles de personas murieron durante las recientes protestas antigubernamentales que sacudieron al país desde fines de diciembre, en un giro significativo del discurso oficial del régimen. La admisión se produjo en un contexto de creciente presión internacional, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó su retórica y llamó abiertamente a un nuevo liderazgo en la República Islámica.

Durante un discurso pronunciado el sábado, Jamenei atribuyó la violencia y los disturbios a la injerencia de Estados Unidos y sostuvo que parte de los manifestantes fallecieron “de una manera inhumana y salvaje”. Si bien no precisó cifras oficiales, sus declaraciones marcaron el primer reconocimiento explícito desde la cúpula del poder iraní de la magnitud letal de la represión, tras semanas de silencio y versiones contradictorias por parte de las autoridades.

Las protestas comenzaron como reclamos por el deterioro de las condiciones económicas, pero rápidamente derivaron en consignas políticas que cuestionaron al sistema de gobierno y al propio liderazgo religioso. Organizaciones de derechos humanos con sede en el exterior estiman que más de 3.000 personas murieron en aproximadamente tres semanas de disturbios, aunque el régimen nunca publicó un balance oficial de víctimas.
La verificación independiente de los hechos se vio severamente limitada por un apagón casi total de las comunicaciones. Según datos de monitoreo internacional, la conectividad a internet en Irán cayó a cerca del 2% de los niveles normales durante los momentos más críticos de la represión, lo que dificultó la circulación de imágenes y testimonios desde el interior del país. Aun así, registros audiovisuales autenticados por medios internacionales muestran a fuerzas de seguridad disparando contra manifestantes en distintos puntos del territorio.
En paralelo, Trump endureció su postura frente a Teherán. En declaraciones a medios estadounidenses, sostuvo que “es hora de buscar un nuevo liderazgo en Irán” y responsabilizó directamente a Jamenei por la violencia. “Como líder de un país, es culpable de la destrucción total de su nación y del uso de la violencia a niveles nunca antes vistos”, afirmó, al tiempo que señaló que el liderazgo “se basa en el respeto, no en el miedo y la muerte”.
El mandatario estadounidense fue aún más lejos en términos personales, al calificar al ayatolá como “un hombre enfermo” y describir a Irán como “uno de los peores lugares del mundo para vivir debido al mal liderazgo”. Trump también reiteró que evalúa “opciones muy fuertes”, incluida una eventual intervención militar, aunque evitó precisar plazos o escenarios concretos.
En los últimos días, el presidente estadounidense había alentado públicamente a los iraníes a continuar con las protestas y a “tomar el control de las instituciones”, asegurando que “la ayuda está en camino”. Posteriormente, afirmó haber recibido informes según los cuales los asesinatos se habrían detenido, aunque esas versiones no pudieron ser confirmadas de manera independiente.
Desde Teherán, Jamenei respondió con una serie de mensajes en redes sociales en los que acusó a Trump de ser responsable directo de las muertes y los daños causados durante las protestas. En uno de esos textos, afirmó que Estados Unidos busca “devorar a Irán”, reforzando la narrativa oficial que presenta las movilizaciones como parte de una conspiración extranjera.
La escalada verbal y la admisión de miles de muertos colocan a Irán en un momento de máxima tensión interna y externa. Mientras el régimen intenta contener el descontento social y cerrar filas frente a las críticas, la comunidad internacional observa con preocupación un escenario en el que se combinan represión masiva, aislamiento informativo y la posibilidad de una confrontación más directa con Estados Unidos.

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