Por Daniel Romero
Tel Aviv / Washington, 22 de enero de 2026-Total News Agency-TNA-La crisis entre Estados Unidos e Irán ingresó en una fase decisiva, marcada por una acelerada concentración de fuerzas militares estadounidenses en Medio Oriente y por amenazas cada vez más explícitas del presidente Donald Trump, que apuntan a un cambio drástico en la conducta —o incluso en la supervivencia— del régimen iraní. En los próximos días, y particularmente dentro de un plazo estimado de 48 horas, se espera que Washington anuncie la finalización de sus preparativos militares en la región, un paso que podría activar una definición estratégica de alto impacto global.
El hito central de esta etapa será la llegada del portaaviones USS Abraham Lincoln al área de responsabilidad del Comando Central de Estados Unidos, lo que consolidará un despliegue que analistas militares describen como apto tanto para operaciones limitadas como para una campaña de gran escala. A partir de ese momento, en círculos de seguridad se interpreta que Trump pondrá en marcha un “reloj de arena” que conducirá a una decisión irreversible.
Según evaluaciones coincidentes en Washington y en Jerusalén, la Casa Blanca baraja tres opciones principales. La primera, y la más extrema, sería una acción militar amplia orientada a desmantelar o derrocar al régimen de Irán, un escenario que implicaría una confrontación directa y prolongada. La segunda alternativa contempla un ataque puntual y quirúrgico, destinado a enviar una señal inequívoca a Teherán sobre los límites de su accionar regional, sin buscar un cambio de régimen inmediato. La tercera opción sería una amenaza explícita acompañada de un ultimátum: aceptar un nuevo acuerdo bajo condiciones estrictas o enfrentar una ofensiva militar de consecuencias letales.
En este contexto, Fuerzas de Defensa de Israel se preparan de manera diferenciada para cada uno de estos escenarios. De acuerdo con fuentes del sistema de seguridad israelí, la hipótesis de trabajo predominante es que Trump estaría inclinado a “ir por todo”, lo que elevaría de forma inmediata el riesgo de una represalia iraní directa contra Israel. Esa respuesta podría materializarse mediante lanzamientos de misiles desde territorio iraní o a través de sus aliados regionales, arrastrando a la región a un conflicto de gran escala.
Uno de los factores más sensibles en los cálculos israelíes es la posible intervención de Hezbollah, que cuenta con un arsenal significativo en el sur del Líbano y cuya entrada en un conflicto abierto ampliaría el teatro de operaciones a múltiples frentes. En Jerusalén se asume que, ante un ataque estadounidense masivo, Irán intentaría activar todos sus instrumentos de disuasión, incluyendo a sus proxies regionales.
El escenario de un ataque limitado plantea, en cambio, interrogantes distintos. Analistas se preguntan hasta qué punto Irán estaría dispuesto a absorber un golpe acotado sin responder de forma directa, y si el líder supremo Ali Khamenei consideraría prudente evitar una escalada que podría derivar en un efecto dominó incontrolable. Un ataque iraní contra Israel, aun como represalia simbólica, podría disparar una cadena de acontecimientos que termine en una guerra regional abierta, algo que Teherán podría intentar evitar en esta etapa.
La tercera opción, la de la amenaza como herramienta de negociación, es vista con escepticismo en Israel. Fuentes políticas y militares sostienen que un acuerdo alcanzado bajo presión podría ser incumplido en el futuro por el régimen iraní, lo que obligaría a Israel a actuar en soledad más adelante para frenar el fortalecimiento militar y nuclear de Teherán. En ese sentido, el primer ministro israelí reiteró en distintas oportunidades que no se puede confiar en que el régimen iraní respete compromisos de largo plazo. Lo que está claro, es que en cualquiera de estos escenarios, Iran apaelara a exacerbar el espiritu macionalista, pero el momento de convulsión interna podria darle sorpresas.
A medida que se acerca el punto de decisión, la incertidumbre domina el escenario internacional. La combinación de despliegue militar, retórica dura y ausencia de señales claras sobre la elección final de Trump mantiene en vilo a aliados y adversarios por igual. Lo único que parece claro, coinciden los analistas, es que el statu quo entre Estados Unidos e Irán está llegando a su fin y que cualquier decisión que se adopte en los próximos días tendrá consecuencias profundas para Medio Oriente y para el equilibrio estratégico global.
Fuentes consultadas: análisis de seguridad israelíes, evaluaciones militares internacionales, declaraciones oficiales de Estados Unidos e Israel, informes de expertos en geopolítica de Medio Oriente.

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