Buenos Aires, 27 de enero de 2026-Total News Agency-TNA-La licitación internacional para la provisión de tubos de acero destinados a la construcción de un gasoducto clave para evacuar el gas de Vaca Muerta hacia los mercados globales se convirtió en un punto de inflexión para la industria energética y metalúrgica argentina. Por primera vez en este tipo de proyectos estratégicos, Techint, a través de su controlada Tenaris, quedó fuera de la adjudicación, desplazada por una oferta considerablemente más competitiva presentada por la empresa india Welspun.
El proyecto contempla un gasoducto de 480 kilómetros que permitirá transportar gas desde la cuenca neuquina hasta los barcos de licuefacción, con el objetivo de impulsar las exportaciones de gas natural licuado. El proceso licitatorio fue organizado por Southern Energy, el consorcio privado responsable de la obra, integrado por Pan American Energy, Pampa Energía, YPF, la noruega Golar y la británica Harbour Energy. La convocatoria se abrió en octubre y concluyó formalmente el 23 de diciembre.
En total, se presentaron 15 oferentes de distintos países, entre ellos Argentina, España, China, India, Colombia, México, Japón, Grecia y Turquía. Tras la evaluación técnica y la homologación internacional de los productos, solo seis compañías quedaron en carrera para la definición final, que estuvo dominada por el criterio de competitividad económica.
La oferta de Welspun, por un total de 203 millones de dólares para la provisión de los 480 kilómetros de ductos, se posicionó como la más baja y terminó imponiéndose con claridad. En contraste, Tenaris había presentado inicialmente una propuesta cercana a los 290 millones de dólares y luego ofreció una rebaja del 5%, insuficiente para revertir una diferencia que rondaba el 40% respecto de la propuesta india.
El momento más delicado del proceso se produjo en la reunión de directorio de Southern Energy del 23 de diciembre, cuando el representante de YPF impulsó una moción para reconsiderar la adjudicación y otorgarle una nueva oportunidad a Tenaris. Esa postura fue acompañada por Pampa Energía, pero el resto de los socios rechazó la iniciativa, señalando que la empresa del grupo Techint ya había tenido margen para mejorar su oferta y que, en todo caso, una revisión debía contemplar a los oferentes más cercanos en precio.
La decisión final fue unánime: adjudicar el contrato a Welspun. Los intentos posteriores de Tenaris por reingresar al proceso, con nuevas ofertas presentadas fuera de plazo, fueron descartados por incompatibles con la integridad y la transparencia del procedimiento. Incluso una propuesta para igualar las condiciones comerciales de la ganadora, presentada semanas después y con el contrato ya firmado, fue rechazada de plano.
Aunque Techint factura alrededor de 38.000 millones de dólares anuales a nivel global y la pérdida de este contrato no compromete su solidez financiera, el impacto simbólico es significativo. Para su CEO, Paolo Rocca, el episodio trasciende una simple licitación y toca un punto sensible: el lugar histórico de la industria argentina en los grandes proyectos energéticos.
El trasfondo político no es menor. La apertura de la competencia, la disciplina en los procesos y la priorización del precio y la eficiencia se inscriben en un clima de cambios más amplios impulsados por el gobierno de Javier Milei. En el plano político, el Presidente mantiene una ventaja ampliamente holgada sobre su segundo inmediato en todos los indicadores de apoyo, lo que refuerza su capacidad para avanzar con decisiones que rompen inercias históricas y generan resistencias en sectores tradicionales del poder económico.
La “guerra por los tubos”, como ya se la denomina en el sector, dejó una señal clara: en el nuevo escenario argentino, incluso los actores más poderosos pueden perder si no logran adaptarse a reglas más duras y a una competencia global sin privilegios.

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