Buenos Aires, 20 de septiembre de 2025 – Total News Agency-TNA-
Una declaración de Mayday sobre el conurbano bonaerense, con un avión de gran porte volando a baja altura y combustible en niveles críticos, expuso una realidad poco visible de la aviación comercial: emergencias graves que se resuelven en silencio, lejos del conocimiento del público, pero que ponen a prueba cada día los márgenes de seguridad del sistema aéreo.
El episodio ocurrió en la noche del 20 de septiembre de 2025 y tuvo como protagonista a un Boeing 777 de Ethiopian Airlines que había despegado a las 20.32 desde Guarulhos, en San Pablo, con destino al aeropuerto internacional Ministro Pistarini, en Ezeiza. A bordo viajaban 148 pasajeros, una tripulación de diez personas y un mecánico. El vuelo se desarrolló con normalidad hasta la fase final, cuando las condiciones meteorológicas adversas comenzaron a cerrar una a una las opciones disponibles.
Tras realizar esperas prolongadas sobre el área de Buenos Aires por tormentas severas en Ezeiza, el comandante evaluó la posibilidad de desviarse primero a Córdoba y luego a Montevideo. Ambas alternativas quedaron descartadas: los dos aeropuertos estaban cerrados por el mal tiempo. Con el combustible descendiendo a niveles críticos y sin aeropuertos operativos en el entorno metropolitano, la tripulación tomó la decisión más extrema y menos frecuente en la aviación comercial: declarar Mayday, la señal internacional de socorro reservada para emergencias vitales graves e inminentes.
Luego de esa comunicación, el avión recibió prioridad absoluta y logró aterrizar en Ezeiza. Para los vecinos de algunas zonas del oeste del conurbano, la emergencia no pasó inadvertida. En Isidro Casanova, partido de La Matanza, varios habitantes se sorprendieron por el estruendo de las turbinas y la altura inusualmente baja de la aeronave. “Pasó sobre nuestra casa, un estruendo. Temblando todo”, escribió uno de ellos en redes sociales. Lo que para el público fue apenas un susto nocturno, para la tripulación representó una secuencia de decisiones críticas bajo máxima presión.
El caso dejó al descubierto una situación particularmente sensible: una aeronave de largo alcance operando en el área metropolitana sin aeropuertos alternativos disponibles. Lejos de ser una excepción, se trata de un escenario que, con distintas variantes, se repite miles de veces al año en la aviación mundial y que rara vez trasciende fuera de los informes técnicos.
Antecedentes ocurridos en la Argentina refuerzan esa afirmación. El 3 de octubre de 2014, al mediodía, un Boeing 777 que volaba desde Nueva York hacia Ezeiza atravesó una zona de turbulencia severa durante la fase de descenso, a unas 130 millas náuticas del VOR EZE. Los golpes fueron de tal intensidad que 14 pasajeros y cuatro tripulantes resultaron con lesiones de consideración y debieron ser asistidos por los servicios médicos aeroportuarios tras el aterrizaje. El vuelo llegó a destino, pero el episodio expuso los riesgos asociados a fenómenos meteorológicos extremos en etapas críticas del vuelo.
Otro incidente encendió alarmas de naturaleza diferente. El 11 de noviembre de 2017, a las 13.15, un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas que cubría la ruta Trelew–Buenos Aires sufrió un impacto durante la aproximación final a la pista 13 de Aeroparque. El golpe ocurrió a unos 200 pies de altura y a apenas un kilómetro de la terminal aérea. La hipótesis que evaluaron los investigadores fue inquietante: la posible colisión con un dron. El hecho puso en primer plano el riesgo que representa la presencia de estos dispositivos en las inmediaciones de aeropuertos metropolitanos, especialmente en fases del vuelo donde no existe margen para el error.
La mayoría de estos eventos queda limitada a reportes técnicos, análisis internos y estadísticas de seguridad operacional. No suelen derivar en comunicados oficiales ni en difusión pública, salvo cuando las consecuencias son graves. Sin embargo, detrás de cada uno hay tripulaciones entrenadas para gestionar lo impensable, sistemas diseñados para absorber fallas y decisiones que se toman en segundos.
Para esta investigación, los operadores mencionados fueron consultados, pero prefirieron no realizar declaraciones. El silencio contrasta con la magnitud de situaciones que, aunque invisibles para la mayoría, ocurren sobre ciudades densamente pobladas y recuerdan que la seguridad aérea se sostiene, muchas veces, en episodios que casi nadie llega a conocer.
Fuentes consultadas:
La Nación; reportes técnicos de aviación civil; testimonios de pasajeros y vecinos; antecedentes de incidentes aeronáuticos en la Argentina.

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