Por Daniel Romero
Ciudad de Buenos Aires, enero de 2026 – Total News Agency-TNA-La defensa de la competencia en la Argentina volvió a ofrecer esta semana una escena digna de sainete holliwodense-administrativo. Todo comenzó cuando el abogado Guillermo J. Tiscornia, ex juez del fuero penal económico, presentó una denuncia formal a partir de una crónica periodística que encendió alarmas en el sector industrial y energético. La nota, publicada por Total News Agency el 28 de enero, advertía sobre una eventual práctica distorsiva de la competencia vinculada a la importación de tubos desde la India para un proyecto estratégico asociado a Vaca Muerta.
La presentación de Tiscornia se apoyó en la Ley de Defensa de la Competencia y planteó que, de comprobarse los hechos descriptos, podría configurarse una infracción al régimen normativo vigente. Hasta allí, todo parecía transcurrir por los carriles previsibles de una denuncia técnica, fundada y realizada por alguien que, además, conoce desde adentro los vericuetos del sistema judicial y administrativo.
Sin embargo, la sorpresa no vino del denunciado, ni del mercado, ni siquiera del Ministerio de Economía, sino de la propia Autoridad Nacional de la Competencia. El organismo —o alguien que dice hablar en su nombre— respondió con una curiosa misiva que pasará a integrar la antología del realismo mágico burocrático.
El correo electrónico, redactado con tono amable y firmado por nadie, se presenta desde el inicio como proveniente de la “Autoridad Nacional de Competencia”, sin el artículo “la” antes de la palabra competencia. Un detalle menor, podría decirse, si no fuera porque ese pequeño desliz gramatical parece anticipar el resto del mensaje: un organismo creado para defender la competencia que, al menos en esta ocasión, no compite siquiera en prolijidad institucional.
El remitente —un verdadero agente NN, sin nombre, apellido ni cargo— agradece a Tiscornia por “ponerse en contacto” y le envía, con encomiable diligencia, una “guía breve” sobre conductas anticompetitivas y un “instructivo” para aprender cómo se hace una denuncia. Todo un gesto pedagógico hacia un ex juez que dedicó años a investigar delitos económicos.
Pero el plato fuerte llega después. El agente secreto de la competencia explica que, en realidad, lo que Tiscornia describe podría encuadrar como una posible práctica de dumping, y que para eso no corresponde denunciar ante la ANC, sino ante la Comisión Nacional de Comercio Exterior. Es decir: gracias por venir, pero la puerta correcta está unos pisos más abajo.
Lo llamativo no es solo el pase de manos, sino la delicadeza con la que se ejecuta. La ANC —o “Autoridad Nacional de Competencia”, como se autodenomina— no toma la denuncia, no la deriva de oficio, no la remite al organismo competente, sino que se limita a indicarle al denunciante cómo debería haber hecho su trabajo. Todo con la prolijidad de quien envía un instructivo, pero sin el menor esfuerzo por hacer un solo clic y reenviar el expediente.
La paradoja es completa: el organismo que supuestamente debe defender la competencia parece practicar una forma refinada de incompetencia administrativa, delegando responsabilidades sin asumir ninguna. Y todo esto dentro de la misma órbita estatal, ya que tanto la CNCE como la ANC dependen del Ministerio de Economía, a través de la Secretaría de Industria y Comercio.
En los hechos, el Estado se habló a sí mismo… pero decidió no escucharse.
El episodio deja al descubierto otra ironía mayor. La Autoridad Nacional de la Competencia, creada por la Ley 27.442, nunca terminó de ponerse plenamente en funcionamiento. Por esa razón, sus funciones siguen siendo ejercidas por la histórica Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. Es decir, existe una autoridad que responde correos, envía instructivos y firma como organismo moderno, pero que en la práctica no opera como tal.
Mientras tanto, la desregulación que pregonan desde el Poder Ejecutivo y que impulsa el ministro Federico Sturzenegger parece no haber llegado a las “altas cumbres” de este organismo. Allí, el papeleo sigue gozando de excelente salud, la responsabilidad se terceriza y la denuncia “molesta” queda flotando en el limbo administrativo.
El resultado final es tan sencillo como elocuente: una denuncia seria sobre un posible caso de dumping en un sector estratégico terminó atrapada entre correos sin firma, instructivos condescendientes y derivaciones que nadie se tomó el trabajo de concretar. La competencia, al parecer, puede esperar. La burocracia, en cambio, sigue compitiendo consigo misma… y ganando por amplia ventaja. La sabiduría del genial Tato Bores tiene un capitulo especial para estos casos, que el capo-comico-serio denominaba ” La maquina de cortar boludos”.
Correo enviado por el agente NN:
De: Autoridad Nacional de la Competencia <cndc@produccion.gob.ar>
Enviado: jueves, 29 de enero de 2026 15:16
Para: Guillermo Tiscornia <guilletisco@hotmail.com>
Asunto: Re: Denuncia. Caso Techint
Estimado,
Muchas gracias por ponerse en contacto con la Autoridad Nacional de Competencia (ANC).
Le enviamos una guía breve acerca de las distintas conductas anticompetitivas que podrían existir de acuerdo a la Ley de Defensa de la Competencia. Además, también le enviamos un instructivo para realizar denuncias ante la ANC.
En su descripción de los hechos, revela una preocupación ante una posible “práctica de dumping” a partir de un evento de público conocimiento. Al respecto, vale mencionar que la autoridad de aplicación que instruye investigaciones de esa naturaleza es la Comisión Nacional de Comercio Exterior.
Para más información, puede escribirnos o visitar el sitio web de la ANC.
Estamos a disposición para cualquier otra consulta.
Un cordial saludo,
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