Ciudad de Buenos Aires, 1 de febrero de 2026 – Total News Agency-TNA-La disputa estratégica entre Estados Unidos y China sumó un nuevo frente en el Atlántico Sur, donde la flota pesquera china opera de manera masiva a escasos metros de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de la Argentina, en el área conocida como el Agujero Azul o milla 201. La situación encendió alarmas en Washington, donde el Congreso estadounidense advirtió que la pesca de aguas distantes de China se ha transformado en una herramienta geopolítica de proyección de poder, con impacto directo en la seguridad, el ambiente y las economías regionales de América Latina.
El tema ingresó de lleno en la agenda de la administración de Donald Trump, que interpreta la expansión de la flota asiática como parte de una “guerra comercial fría” y de una estrategia de largo plazo para asegurar recursos alimentarios y dominar las cadenas globales de suministro de productos del mar. Según documentos analizados en el Congreso de Estados Unidos, China controla una flota estimada entre 2.000 y 16.000 embarcaciones, dependiendo de si se contabilizan buques con banderas de conveniencia y naves asociadas a milicias marítimas. En conjunto, ese despliegue representaría cerca del 44 % del esfuerzo pesquero mundial, una proporción inédita para una sola nación.
El informe parlamentario estadounidense subraya que América Latina aparece como una de las “zonas críticas” de esta expansión, con especial énfasis en las cercanías del mar austral argentino, donde se concentra la pesca intensiva de calamar. La operatoria se desarrolla formalmente fuera de la ZEE, pero genera un fuerte impacto sobre los recursos ictícolas que migran hacia aguas jurisdiccionales argentinas, afectando poblaciones difíciles de cuantificar y comprometiendo la sustentabilidad a largo plazo.
La respuesta del gobierno de Javier Milei fue rápida. En coordinación con la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, la Argentina autorizó el ingreso de un buque científico estadounidense para realizar tareas de investigación en aguas nacionales. El Consejo Federal Pesquero (CFP) comunicó al Ministerio de Relaciones Exteriores, conducido por el canciller Pablo Quirno, que no existen objeciones para que el buque Roger Revelle, de bandera estadounidense, desarrolle actividades de investigación científica marina a partir del 5 de marzo de 2026.

Se trata de una nave de alta complejidad tecnológica, integrante de la Flota de Investigación Académica de Estados Unidos, que opera habitualmente en distintos océanos del mundo. Su presencia en el mar argentino coincide con el creciente interés de Washington por el despliegue de las flotas chinas frente a la ZEE, en un contexto en el que analistas internacionales advierten sobre una depredación sistemática de las proteínas del mar austral en beneficio de un reducido grupo de países asiáticos.
Especialistas en seguridad marítima sostienen que la estrategia china va más allá de la pesca comercial. El doctor Ian Ralby, fundador y CEO de Consilium, una consultora internacional especializada en política y seguridad marítima, alertó que Pekín estaría trasladando al ámbito oceánico el concepto de “posesión adversa”, una doctrina propia del derecho de propiedad anglosajón. Aunque esta figura no existe en el derecho marítimo internacional, Ralby advirtió que China parecería intentar construir derechos de facto sobre áreas de alta mar mediante una presencia “real, abierta, visible, continua y hostil”, ocupando de manera sostenida vastas extensiones oceánicas y sus recursos.
En la Argentina, la problemática no es nueva. Desde su asunción en diciembre de 2023, Milei ordenó reforzar el patrullaje del límite de la ZEE, al considerar a la pesca ilegal como una de las expresiones contemporáneas de la piratería. A comienzos de 2024, el Ministerio de Defensa dispuso el despliegue del patrullero oceánico ARA Piedrabuena para intensificar la vigilancia. Sin embargo, dos años después, especialistas admiten que la frontera marítima argentina continúa siendo vulnerable frente al volumen y la persistencia de las flotas extranjeras.
La ZEE argentina, definida en el artículo 5° de la Ley N.º 23.968, se extiende hasta las 200 millas marinas desde la línea de base costera y alberga especies de alto valor comercial y ecológico, muchas de ellas presuntamente endémicas. Año tras año, esa riqueza se ve afectada por la presión de buques pesqueros chinos que, en la práctica, actúan como una avanzada de una “armada pesquera” con capacidad cuasi militar.

Investigaciones recientes de la revista The Economist advirtieron que alrededor de 1.000 barcos pesqueros chinos estarían generando daños significativos a las economías de los países latinoamericanos con costas en el Atlántico y el Pacífico. En ese marco, el Atlántico Sur se consolida como un nuevo escenario de fricción geopolítica, donde la pesca se convierte en una herramienta estratégica y la defensa de los recursos naturales emerge como un desafío central para la soberanía argentina.
Fuentes consultadas: Congreso de Estados Unidos; Consejo Federal Pesquero; Ministerio de Relaciones Exteriores; The Economist; Iprofesional; partedepesca.com.ar; informes de seguridad marítima internacional.

Argentina
España
USA
Israel















