Por RR
Buenos Aires, 3 de febrero de 2026 – Total News Agency-TNA- La renuncia de Marco Lavagna a la conducción del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dejó al descubierto un entramado de tensiones políticas, internas laborales y disputas metodológicas que se arrastraban desde hacía meses, pero también reavivó un debate más profundo dentro del oficialismo: la conveniencia —y el tiempo— de haber sostenido en un cargo estratégico a un funcionario estrechamente vinculado al massismo.
Cuando el presidente Javier Milei asumió y confirmó la continuidad de Lavagna al frente del Indec, la decisión fue observada en dos claves. En el plano político, generó reparos por tratarse de uno de los hombres de mayor confianza de Sergio Massa, exministro de Economía y figura central del gobierno anterior. En el plano técnico, en cambio, se valoró su supuesto perfil profesional y su rol en la normalización de un organismo históricamente golpeado por la manipulación estadística durante etapas previas.
Con el correr de los meses, y ya con los datos de inflación publicados bajo la administración libertaria, las dudas políticas parecieron disiparse. Sin embargo, en Balcarce 50 nunca desaparecieron del todo. De hecho, en las últimas semanas comenzaron a circular filtraciones desde la Casa Rosada que señalaban la relación de Lavagna con Massa como uno de los factores que sembraban desconfianza sobre su accionar. Para varios observadores, ese argumento resulta al menos llamativo: el Gobierno lo sostuvo en el cargo durante dos años, plenamente consciente de su pertenencia política y de su cercanía con el cuestionado ex candidato presidencial.
“Si la relación con Massa era un problema, lo sabían desde el primer día”, admitió una fuente oficial. “Dejarlo dos años y recién ahora descubrirlo suena, cuanto menos, curioso”. En ese sentido, dentro del propio oficialismo algunos interpretan la salida de Lavagna como una señal tardía de que el Gobierno finalmente decidió cortar lazos con el massismo, una definición que, puertas adentro, muchos consideran necesaria y largamente demorada. “Si esto significa que se terminó de pagar favores políticos heredados, bienvenido. Era hora”, resumió un dirigente libertario. O ¿será que la relación de Massa con sus amigos T&T (Tapia-Toviggino) y la causa Dolar Blue, podrian agregar una mancha mas al Tigrense?

En los pasillos del poder también se desliza otra lectura más áspera: que en Balcarce 50 se evaluó que dos años habían sido suficientes para saldar compromisos previos con el denominado “zar de la constructora A&E”, una figura asociada al entramado económico y político del massismo, y que la permanencia de Lavagna ya no era funcional al nuevo esquema de poder.
Más allá de ese trasfondo político, la relación entre Lavagna y el ministro de Economía, Luis Caputo, se había deteriorado visiblemente. Las diferencias se profundizaron por la demora en la implementación del nuevo índice de inflación y por cuestionamientos desde el área económica sobre algunas mediciones, en particular las vinculadas al déficit turístico, que derivaron incluso en un cruce con el secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli.
A esas fricciones se sumaron vínculos personales que resultaban incómodos para el núcleo duro mileísta. Lavagna mantiene desde hace años una estrecha amistad —incluso con lazos familiares— con Ramiro Marra y Eugenio Casielles, referentes libertarios de la primera hora que fueron desterrados del espacio poco después de iniciado el gobierno. Esa cercanía, aunque conocida y de larga data, pasó a ser observada con mayor recelo tras la consolidación del poder interno de los hermanos Javier y Karina Milei.
Dentro del Indec, la situación tampoco era sencilla. A la presión política se le sumaron reclamos salariales crecientes y el impacto de la llamada “motosierra”, que golpeó con fuerza a un organismo con alta proporción de técnicos especializados y profesionales con formación de posgrado. En 2025, los empleados públicos nacionales fueron de los que más perdieron frente a la inflación, y en el Indec esa realidad generó alarma por la fuga de cuadros técnicos. “Acá no hay militantes rentados, hay profesionales. Con sueldos bajos, se te van”, reconoció un dirigente oficialista al tanto del conflicto.
El tema más sensible, sin embargo, fue la postergación del nuevo índice de inflación. Aunque no existían cuestionamientos técnicos de fondo al IPC vigente, sí los había respecto de sus ponderaciones, claramente desactualizadas frente a los cambios en los hábitos de consumo. La actualización prometida implicaba dar mayor peso a tarifas y servicios, lo que habría arrojado una inflación más alta en 2025. La resistencia política a lanzar ese índice terminó de tensar la cuerda.
En ese contexto, la renuncia de Lavagna aparece como el cierre de un ciclo que combinó técnica, política y poder. “No va a hacer ruido ni escándalo. Marco es así”, describen quienes lo conocen. Pero su salida deja un mensaje claro: el Gobierno empieza a revisar decisiones heredadas y a redefinir hasta dónde está dispuesto a convivir con figuras del pasado reciente.

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