Buenos Aires, 5 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA-Con un país sumido en una crisis energética profunda y una economía al límite, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, realizó este jueves una inusual comparecencia televisada en cadena nacional para reconocer la gravedad del escenario y anunciar medidas urgentes ante un “desabastecimiento agudo de combustible”. En ese contexto crítico, el mandatario sorprendió al manifestar que su gobierno está dispuesto a abrir un diálogo con Estados Unidos y con el presidente Donald Trump, aunque dejó en claro que cualquier conversación deberá darse sin presiones ni imposiciones externas.
La intervención presidencial se produjo en un clima de máxima tensión interna, marcado por apagones prolongados, escasez de combustibles, inflación elevada y crecientes reclamos sociales. Díaz-Canel no eludió el diagnóstico y advirtió que el país atraviesa uno de los momentos más difíciles de los últimos años. “Vamos a vivir tiempos difíciles. Estos, en particular, son muy difíciles”, reconoció, en un mensaje que buscó preparar a la población para nuevas restricciones.
El jefe de Estado atribuyó buena parte del colapso energético al endurecimiento de la presión económica y política de Estados Unidos, que en las últimas semanas avanzó con medidas y advertencias destinadas a bloquear el suministro de petróleo a la isla, incluso presionando a terceros países que exportaban crudo hacia Cuba. La situación se agravó tras la fuerte caída de los envíos provenientes de Venezuela, un socio clave, luego de la ofensiva estadounidense lanzada a comienzos de enero contra Caracas.
En ese marco, Díaz-Canel lanzó un mensaje directo a Washington. “¿Qué derecho tiene una nación para bloquear el combustible a otro país?”, se preguntó públicamente, al tiempo que afirmó que Cuba “está dispuesta a dialogar”, siempre que ese diálogo respete la soberanía nacional y no esté condicionado por amenazas o sanciones. La apertura contrasta con el tono habitual del régimen y refleja la magnitud de la crisis que enfrenta la isla.
Desde Washington, el presidente Donald Trump dejó trascender en los últimos días su interés en explorar algún tipo de entendimiento con la dirigencia cubana, aunque sin detallar públicamente los términos ni las eventuales condiciones. Ese interés, aún difuso, se produce en paralelo a una estrategia de máxima presión económica que dejó a Cuba con severas dificultades para sostener su sistema eléctrico y su aparato productivo.
El mensaje presidencial también estuvo atravesado por la preocupación ante el clima social. En las últimas semanas, los apagones se extendieron por varias provincias, afectando la actividad económica, el transporte y servicios esenciales. A esto se suman el deterioro del poder adquisitivo y el malestar creciente que se expresa tanto en reclamos directos como en redes sociales, donde circularon rumores sobre anuncios aún más duros para la población.
El Gobierno cubano anunció que trabaja en un plan de emergencia para priorizar el uso del combustible disponible, garantizar servicios básicos y evitar un colapso total del sistema energético. Sin embargo, incluso desde el propio oficialismo se admite que las medidas tendrán un impacto limitado si no se recompone el flujo de petróleo en el corto plazo.
La comparecencia de Díaz-Canel dejó así una imagen elocuente: un gobierno acorralado por la crisis, con un país al borde del colapso, que por primera vez en mucho tiempo insinúa la necesidad de tender puentes con su histórico adversario. El eventual diálogo con Trump, todavía incierto, aparece menos como una opción ideológica y más como una urgencia política y económica para evitar un escenario aún más crítico.

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