La República Argentina asiste hoy, 7 de febrero de 2026, a un acto de profunda significación metafísica y política: la restitución del Sable Corvo del Libertador General San Martín a su custodia natural en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Este gesto, sumado a la reciente designación de la conducción militar en el Ministerio de Defensa, marca el inicio del fin de una anomalía histórica que ha durado 43 años.
Desde 1983, lo que la historiografía oficial denomina “democracia” ha sido, en rigor de verdad, un proceso de extirpación quirúrgica del ámbito militar de las entrañas del Estado-Nación. Es imperativo desglosar técnica y minuciosamente cómo se ejecutó esta maniobra de desarticulación nacional.
Técnicamente, el Estado no es una entelequia de abogados o una mera administración de recursos; es una unidad de decisión y acción que posee el monopolio de la fuerza legítima. Durante cuatro décadas, la “clase política” argentina operó bajo el paradigma de la desconfianza, tratando a las Fuerzas Armadas como un cuerpo extraño, un “enemigo interno” al que había que asfixiar.
Esta “extirpación” se produjo al separar el concepto de Poder Nacional de su brazo ejecutor. El Estado se quedó con la burocracia, pero perdió la “Espada”. Se instaló la falacia de que se podía tener Nación sin Defensa, convirtiendo a la Argentina en una anomalía geopolítica: un territorio inmenso, rico y desarmado, a merced de cualquier voluntad externa o transnacional.
Uno de los golpes más certeros a la estructura estatal fue la abolición del Fuero de Justicia Militar. Bajo el pretexto de la “transparencia democrática”, se procedió a una intrusión civilista que ignoró la naturaleza misma de la profesión de las armas.
La justicia militar no es un privilegio, es una necesidad técnica. Al someter el acto de servicio y la disciplina castrense a la lógica de la justicia civil (contaminada de ideología y desconocimiento técnico), se rompió la columna vertebral del mando. Un militar que debe consultar a un abogado civil antes de ejercer la autoridad es un militar cuya eficacia operativa ha sido anulada. El Estado, al permitir esta confusión, se autoinfligió una parálisis estratégica.
La ocupación de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y su conversión en un centro de propaganda facciosa fue el símbolo máximo de esta era de humillación. No se trató solo de una disputa por los Derechos Humanos, sino de la expropiación de un activo estratégico y educativo de la Armada Argentina para fines de adoctrinamiento político.
La democracia “ensordecida” (1983-2023) utilizó el patrimonio de la Defensa para financiar la narrativa de la derrota nacional. La recuperación de estos espacios para su función educativa y profesional original es un paso ineludible si queremos que el Estado vuelva a ser un todo coherente.
La devolución del Sable Corvo por parte del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas no es un mero desfile; es el reconocimiento de que la identidad militar es el ADN de la nacionalidad. San Martín no fundó una ONG; fundó un Ejército para crear una Nación.
La designación de militares de carrera en puestos de decisión política en Defensa es la corrección técnica de una distorsión que puso a psicólogos, sociólogos y militantes a administrar tanques, fragatas y aviones que despreciaban.
Para que el Estado-Nación sea plenamente tal, restan medidas urgentes:
- Reforma de la Ley de Defensa y Seguridad Interior: Terminar con la división artificial que impide a las FF.AA. actuar ante las nuevas amenazas polimórficas.
- Restauración de la Jurisdicción Militar: Devolver la autonomía jurídica para el orden interno de la fuerza.
- Reequipamiento Estratégico: Entender que el presupuesto de defensa es la inversión en la libertad del mañana.
La Argentina ha comenzado a sanar la herida de la “extirpación”. El Estado vuelve a unirse con su Defensa. El Sable vuelve a los Granaderos. El profesionalismo vuelve al Ministerio. Estamos ante el fin de la era de la sospecha y el inicio de la era de la Fortaleza Nacional. Falta mucho, esto es apenas…algo. La Patria, simplemente, vuelve a ser soberana.

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