Buenos Aires, 8 de febrero de 2026 – Total News Agency-TNA-El Gobierno nacional apuesta a que el segundo trimestre del año marque un punto de inflexión para el plan económico, apoyado en una mayor acumulación de dólares, una desaceleración más marcada de la inflación y un repunte gradual de la actividad. Tras un inicio de 2026 favorable en términos financieros, las últimas semanas dejaron señales mixtas que obligaron al oficialismo a recalibrar expectativas y a reforzar la agenda de reformas estructurales.
El primer sobresalto llegó con el llamado “affaire INDEC”, que interrumpió una racha positiva caracterizada por compras diarias de divisas por parte del Banco Central, caída del riesgo país y mejora en los precios de los bonos. La decisión de cancelar a último momento la puesta en marcha del nuevo índice de inflación y la posterior renuncia de Marco Lavagna al frente del organismo estadístico generaron ruido político y financiero, además de abrir interrogantes sobre la estrategia oficial en materia de medición de precios.
Más allá de los argumentos esgrimidos por el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, el episodio dejó en evidencia una discusión de fondo: el nuevo índice, al otorgar mayor ponderación a los servicios, tendería a arrojar registros de inflación más elevados que el actual, todavía basado en una canasta con fuerte peso de bienes. Estudios privados y académicos ya habían mostrado que la diferencia entre ambas metodologías no era sustancial, lo que relativizó las versiones sobre un salto abrupto del índice.
Sin embargo, el foco de los analistas no está puesto en el organismo estadístico sino en el proceso de desinflación, que habría entrado en una meseta desde mediados de 2025. Las expectativas de mercado señalan ahora a abril como un mes clave, con la posibilidad de que la inflación mensual perfore el 2%, siempre que se sostenga la estabilidad cambiaria y no haya sobresaltos externos.
En paralelo, el Banco Central ya compró alrededor de 1.300 millones de dólares en lo que va del año y el mercado espera una aceleración del ritmo de compras a partir de la liquidación de la cosecha gruesa, desde fines de abril. El ingreso de divisas del complejo agroexportador es visto como una “lluvia de dólares” que permitiría fortalecer reservas y empujar una nueva baja del riesgo país, actualmente en torno a los 500 puntos básicos.
Algunos bancos de inversión estiman que, si se mantiene la tendencia positiva en bonos y reservas, el riesgo país podría descender hacia la zona de los 300 puntos. Ese escenario abriría la puerta a una reducción más marcada de las tasas de interés y a una mejora en sectores sensibles como la construcción, que comenzó a mostrar signos de recuperación, aunque todavía por debajo de los niveles de 2023.
Otro factor que refuerza las expectativas oficiales es el reciente acuerdo comercial con Estados Unidos, que consolida la estrategia de apertura económica del Gobierno. Entre los efectos inmediatos se destaca la ampliación de la cuota de exportación de carne vacuna, que pasaría de 20.000 a 100.000 toneladas anuales, con un impacto potencial superior a los 1.200 millones de dólares. Además, el entendimiento contempla una reducción general de aranceles para productos argentinos, colocando al país en una posición relativamente ventajosa frente a otros competidores.
A este contexto se suma la llegada de una misión del Fondo Monetario Internacional, que podría derivar en un nuevo desembolso cercano a los 1.000 millones de dólares. Si bien el Gobierno no cumplió plenamente la meta de acumulación de reservas a fines de 2025, el equipo económico confía en que el desempeño del primer semestre permita recomponer la relación con el organismo.
En el frente cambiario, la estabilidad aparece como uno de los principales activos del programa. El dólar minorista, que comenzó el año en torno a los 1.495 pesos, descendió hasta los 1.450 pesos, su nivel más bajo de 2026. Esta dinámica sugiere una recuperación de la demanda de dinero y margen para seguir fortaleciendo el balance del BCRA sin presionar sobre el tipo de cambio.
Las tasas de interés de corto plazo también muestran una tendencia descendente, reduciendo la necesidad de ofrecer incentivos elevados para retener ahorros en pesos. No obstante, los mercados internacionales atravesaron recientemente episodios de volatilidad, con caídas en acciones tecnológicas y en el valor del Bitcoin, lo que impactó de manera transitoria en los activos argentinos.
Hacia adelante, los inversores seguirán con atención el debate por la reforma laboral, que el Gobierno busca aprobar sin modificaciones. La resistencia de algunos gobernadores, especialmente por el impacto fiscal de los cambios en el impuesto a las Ganancias, introduce un factor de incertidumbre política en un año clave.
Con un buen arranque financiero pero con interrogantes abiertos, el desafío central para el Gobierno será lograr que la desinflación se consolide y que la recuperación de la actividad llegue efectivamente a los ingresos de la población. Ese será uno de los ejes de la reunión prevista esta semana entre Luis Caputo y los principales directivos de la UIA, en un contexto donde las expectativas conviven con cautela.

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