Por Darío Rosatti
Quito, Ecuador – 8 de febrero de 2026 – Total News Agency-TNA-Dos tercios de la cocaína vinculada a exportaciones marítimas desde Ecuador fue decomisada fuera del país durante 2025, principalmente en puertos europeos, lo que expone serias limitaciones en los controles portuarios de origen y un cambio en las estrategias de las organizaciones narcocriminales. De acuerdo con datos oficiales, de un total de 96,1 toneladas de cocaína incautadas en 179 contenedores asociados a exportaciones ecuatorianas, solo el 33 % fue detectado en territorio nacional, mientras que el 67 % se interceptó en los puertos de destino.
La brecha entre decomisos en origen y en el exterior volvió a encender las alarmas sobre la efectividad de los sistemas de control en los principales puertos ecuatorianos. Autoridades y especialistas coinciden en que la saturación de los escáneres, la revisión parcial de imágenes y la emisión de alertas posteriores al zarpe de los buques explican buena parte de esta disparidad. A ello se suma el creciente riesgo de contaminación de la carga una vez que los barcos ya han salido de las terminales portuarias.
Las incautaciones muestran una fuerte concentración geográfica. El Puerto de Aguas Profundas de Posorja, operado por DP World, lideró el registro con 36,1 toneladas decomisadas, más de un tercio del total incautado en puertos ecuatorianos. Le siguió la Terminal Portuaria de Guayaquil (TPG/Inarpi), ubicada en la Isla Trinitaria, con 30,7 toneladas. Entre ambas terminales se concentró más del 70 % de los decomisos registrados en el país durante 2025.
En tercer lugar apareció Naportec/Bananapuerto, también en la Isla Trinitaria, con 15,8 toneladas incautadas, mientras que Puerto Bolívar, en Machala, provincia de El Oro, operado por Yilport, registró 10,8 toneladas. En contraste, el Puerto de Guayaquil, terminal estatal concesionada a Contecon, reportó apenas 2,7 toneladas en todo el año.
Fuentes policiales y portuarias subrayan que el volumen de droga incautada no implica necesariamente mayor o menor control, sino que está directamente relacionado con el nivel de tráfico de contenedores y con las rutas hacia Europa y Estados Unidos, que concentran el interés de las organizaciones criminales.
El ministro del Interior, John Reimberg, explicó que uno de los principales factores que explica por qué la droga se detecta más en destino que en origen es el uso diferido de la información generada por los escáneres portuarios. Cada camión que ingresa a los puertos produce múltiples imágenes de rayos X —del vehículo, del contenedor y de la carga— lo que genera miles de registros diarios que resultan imposibles de analizar en su totalidad de manera manual.
Desde 2024, Ecuador escanea el 100 % de la carga exportable en sus puertos. Sin embargo, el cuello de botella está en la interpretación de las imágenes: el país procesa más de 2,5 millones de contenedores al año, con un promedio de unas 300 operaciones por hora. Según reconoció el propio Reimberg, apenas alrededor del 5 % de las imágenes producidas por los escáneres son revisadas de forma efectiva, muy por debajo de lo necesario para un control exhaustivo.
Aun así, las imágenes permiten emitir alertas a los puertos de destino incluso después de que los buques hayan zarpado. Esa cooperación internacional explica por qué muchos decomisos se concretan en el extranjero y luego son certificados a Ecuador como país de origen de la información.
El Gobierno ecuatoriano anunció que busca revertir esta situación mediante la incorporación de software con Inteligencia Artificial, que permitiría elevar el porcentaje de imágenes analizadas por encima del 80 %. En ese marco, DP World informó que trabaja en la integración de soluciones tecnológicas avanzadas en el puerto de Posorja, considerado uno de los más eficientes de la región.
Otro elemento clave es la adaptación del narcotráfico. El endurecimiento de los controles dentro de las terminales empujó parte de la contaminación de la carga hacia zonas externas, como los canales de acceso a los puertos o directamente en alta mar. La droga es trasladada en lanchas rápidas, adherida al casco de los buques o incorporada a la carga con o sin participación de la tripulación, a la que se le ofrecen pagos que pueden alcanzar los 600 dólares por kilo de cocaína.
Incluso, según las autoridades, parte de los cargamentos puede ser arrojada al mar antes del arribo a destino para ser recuperada mediante sistemas de geolocalización. Este fenómeno confirma que, pese al escaneo total de la carga, el control portuario sigue siendo uno de los eslabones más vulnerables en la lucha contra el narcotráfico transnacional.

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