La Habana, 9 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA-La dictadura de Cuba informó a aerolíneas internacionales que operan en la isla que, a partir de este lunes, el país no podrá garantizar el suministro de combustible para aviación, una advertencia que anticipa un impacto directo sobre los vuelos comerciales y profundiza el colapso energético que atraviesa el país. La notificación, confirmada por fuentes del sector aeronáutico, expone una nueva fase de deterioro en una economía que enfrenta su peor crisis desde el derrumbe del bloque soviético en la década de 1990.
La falta de combustible aeronáutico se vincula de manera directa con la orden ejecutiva firmada el pasado 29 de enero por el presidente estadounidense Donald Trump, que establece sanciones y posibles aranceles a los países que suministren petróleo al régimen de Miguel Díaz-Canel. La medida, presentada por la Casa Blanca como una respuesta a amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos, apunta a cortar el flujo energético hacia la isla mediante presiones comerciales y diplomáticas sobre terceros países.
Cuba produce apenas alrededor del 40 % de la energía que consume y depende estructuralmente de importaciones para sostener el sistema eléctrico, el transporte y la actividad económica. Hasta hace pocas semanas, la isla recibía cerca de 60.000 barriles diarios de combustibles provenientes principalmente de Venezuela, México, Rusia y Argelia. Ese esquema comenzó a desmoronarse a fines de 2025 y terminó de colapsar en enero, cuando los envíos externos se redujeron de forma drástica.
La interrupción de los suministros venezolanos se produjo tras la captura del exdictador Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense el 3 de enero, lo que dejó sin respaldo al principal socio energético de La Habana. En paralelo, México, que durante 2025 había aportado cerca del 44 % del petróleo importado por Cuba —unos 17.200 barriles diarios—, prácticamente detuvo los envíos en enero bajo la presión de Washington.
La orden ejecutiva estadounidense, titulada “Haciendo frente a las amenazas del Gobierno de Cuba a Estados Unidos”, establece un sistema de penalidades comerciales para los países que abastezcan de petróleo a la isla, incluso de manera indirecta. El Departamento de Comercio queda facultado para identificar a los Estados involucrados, mientras que el Departamento de Estado define el alcance de los aranceles. Washington acusa al régimen cubano de alinearse con potencias consideradas adversarias estratégicas, como Rusia, China e Irán, de facilitar infraestructura de inteligencia extranjera y de mantener vínculos con organizaciones como Hezbollah y Hamás.
El impacto acumulado de estas medidas se superpone a una crisis energética crónica. En respuesta, el gobierno de Díaz-Canel anunció un severo plan de emergencia que entra en vigencia este lunes e incluye el fin de la venta de diésel al público, la reducción de la jornada laboral estatal a cuatro días semanales, recortes en horarios de hospitales y oficinas públicas, la suspensión de cirugías no urgentes y restricciones extremas al transporte interprovincial. También se dispuso el cierre de hoteles turísticos en los cayos del norte de la isla, una decisión inédita en un sector históricamente protegido por el régimen.
El turismo, uno de los pocos generadores de divisas, registró en 2025 una caída del 18 % interanual en la llegada de visitantes y un desplome del 62 % respecto del récord de 4,7 millones alcanzado en 2018. El cierre de complejos hoteleros por falta de combustible marca un punto de quiebre incluso frente a crisis anteriores y desastres naturales, durante los cuales estas instalaciones se mantuvieron operativas.
La escasez de combustible para aviación ya había generado alertas en diciembre, cuando la Empresa Cubana de Aviación advirtió sobre la “no disponibilidad” de JET-A1 en aeropuertos de la red nacional, una situación que entonces se resolvió de manera temporal con la llegada de un buque cisterna. Esta vez, sin embargo, el régimen reconoce que no existen soluciones inmediatas a la vista.
Mientras La Habana atribuye la catástrofe exclusivamente al embargo estadounidense, evita mencionar el colapso económico venezolano, las limitaciones productivas de sus socios y la incapacidad estructural del modelo cubano para generar divisas. Analistas energéticos advierten que, sin nuevos envíos de crudo, la isla enfrenta en las próximas semanas un riesgo de parálisis casi total de su economía, con consecuencias directas sobre la aviación comercial, el turismo y los servicios esenciales.





